LECCIONES DE UNA MONTAÑA

El sábado pasado, a las seis de la mañana, me encontré a cuatro amigos que habían dispuesto subir una montaña que ellos ya conocían.  Para mi era la primera vez que lo hacía.  La verdad, no sabía exactamente que era lo que me esperaba.  Sin embargo, confiaba en mis compañeros y eso era suficiente.  Me pusieron una especie de mochila, y ante mi cara de extrañeza, me explicaron que por medio de una manguera succionaba agua durante la caminata entre los senderos montaña arriba.

Empezamos la caminata, y yo me adelanté un poquito cuando nos internamos en un bosque.  Pasé adelante y les dije: “¿qué pasa, porqué se quedan atrás?”.  Todos se rieron.  Luego, al final de la caminata me lo recordaron riéndose a carcajadas.  Seguro ya lo tenían planeado.  Yo era el novato y caí en la trampa.  A medida que avanzábamos, perdí el ritmo, mientras ellos lo tenían bien marcado.  Sin embargo, uno de mis compañeros se quedó a mi lado para ir a mi ritmo, y en determinado momento vio que me rostro palideció.  Él vio eso, pero yo sentí que me iba desplomar.  Sentí que todo iba a comenzar a dar vueltas y yo era parte de eso.  Mi amigo se me acercó, sacó de su mochila miel de abeja y me dio a tomar un sorbo.  Me quedé quieto.  Respiré.  Luego levanté la cabeza con cuidado.  Tomé la manguera de mi mochila, tomé agua para quitar un poco el sabor de la miel.  Y continué, mientras ya todos estaban perdiéndose de vista, excepto mi ángel de la guarda.  Pero aunque agradezco profundamente este cuidado, ahí no están las lecciones de la montaña.

Las lecciones están aquí.  Fueron como nueve kilómetros hasta que por fin llegamos a la cumbre.  Yo llegué al final.

La primera fue subiendo.  Más que fuerza física, se ocupa fuerza mental.  Aunque mis pasos no eran tan firmes como los de mis compañeros, yo iba pensando: “un viaje de mil pasos se hace paso a paso, me faltan menos pasos.  Da un paso más Guido Luis”.  Al final me felicitaron.  Ellos hacen eso con regularidad, pero para mi era la iniciación.

La segunda lección fue bajando.  Venía al lado del mejor de todos, según lo reconocían los demás.  No habíamos bajado ni cien metros cuando sentí un dolor en mis muslos.  Y lo comenté.  Me dijeron que era normal.  “Que subir cansa, pero bajar duele”.  Cuando oí eso dije:  “Aquí hay una tremenda verdad espiritual”.  Pero la verdad es una enseñanza en todo sentido.  Por ejemplo, los famosos, porque subieron, pero luego caen en vicios, perversiones, y luego depresiones, angustias, etc. saben lo que es el dolor de “bajar”.  Un ejemplo más fresco.  Recién pasaron las elecciones aquí en Costa Rica.  Uno de los candidatos salía en las encuestas muy bien posicionado, y hasta se hablada de una posible sorpresa, pero la sorpresa fue que se obtuvo menos de lo esperado.  Eso fue “caer”.  Durante meses se estuvo “subiendo”, y fue cansado, pero “bajar” dolió.  Siempre es así.  Subir cansa, pero bajar duele.  Entonces, mejor seguir subiendo hasta llegar a la cumbre.

Dr.GL

Dr. Guido Luis

  • Oldemar (Takers, Believers)

    Q valiosas lecciones te enseño esa montaña y que verdad mas poderosa: "Subir cansa, pero bajar duele". Pero sobre tod, gracias por compartirlas con nosotros. Se que me seran muy utiles.

  • Щеголихин

    Согласен с предыдущим оратором.

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