¿CÓMO CONTROLAR MIS EMOCIONES?

Las emociones no son buenas ni males.  Lo que las hace buenas o malas es el uso que les damos.  Si usas las emociones para dar lástima está mal, si usas tus emociones para mover a tu antojo a alguien está mal.  Desde niñitos nos dimos cuenta que cuando lloramos sin parar nos atienden, nos dan leche caliente, no dan de comer, nos abrazan.  Pero sería seguir infantes si usamos las emociones para sacar provecho de los demás, y los hay.

Las emociones, por otro lado pueden ser usadas para animar, para motivar, para estimular, para influenciar a los demás.  Si tu llegas con buen ánimo, sonriente, y con tono firme dices cuál es el reto que debemos vencer, pero se ve que tu crees, porque tus palabras son de aliento, tus confesiones positivas, tus dichos inspiradores, y tu confianza al tope, entonces la pesadumbre es dispersada por los vientos de unas emociones avivadas por el fuego de la fe.  Es que somos seres no solo emocionales, también profundamente espirituales.

La gran pregunta es: ¿cómo controlar mis emociones?  ¿Quién controla a quién? Si las emociones me controlan a mi o yo controlo a las emociones.  Hay un principio que te puede ayudar: “Yo no hago lo que quiero, sino lo que debo”.  Es decir, voy a caminar por principios y no por las mareas de las emociones.  Por ejemplo, si me ofrecen un dinero mal habido, y me lo muestran, y me dicen todo que puedo conseguir con ese dinero, ropa nueva, carro nuevo y hasta más cosas, ¿quién no se emociona con esas cosas?   Pero, ¿qué hago, sigo las emociones o los principios?  Si las emociones te gobiernan escogerás el dinero sucio, si los principios de gobiernan escogerás rechazarlo.  Y así con cualquier cosa.

Lo poderoso de esta máxima: “Yo no hago lo que quiero, hago lo que debo”, es que es real, si podemos practicarla.  Les cuento esto que me pasó.  Salí de una conferencia en un Hotel en horas de la tarde y tenía que dar otra en la noche en otro lugar.  Pasé a comprarme a un supermercado unas mentas para llegar con el aliento fresco.  Como iba de prisa y no sabía donde estaban las mentas en aquel supermercado, decidí preguntar a un empleado, vi a uno a lo lejos, y me dirigí a él, pero vi como llegaba antes su jefe a reprenderle por algo, el jefe estaba molesto, furioso, su rostro estaba tenso y rojo, sus dientes crujían, lo estaba destruyendo con su ira, así que a propósito le toqué con cuidado la espalda para preguntarle sobre las mentas y también salvar al pobre muchacho.  Cuando le toqué el miró a un espejo frente a él y miró que yo estaba tocándole, se volteó hacia mi, y vi algo extraordinario.  Si tu volteas a ver del frente hacia atrás lentamente, no tardas tres segundos, pero en ese corto tiempo su cara se transformó como la de Hulk a la de Nemo el pecesito, de agrio putrefacto a dulce encantado, y me dijo con tierna voz: “caballero, en qué le puedo servir”.  Ese día aprendí una de mis mejores lecciones, si podemos, si podemos cambiar nuestras emociones para hacer lo que debemos cuando querramos.  No somos esclavos de las emociones para que hagan como quieran, Dios nos ha diseñado para dominarlas.  Si tu quieres dejar a una mujer que no es tu esposa, ya mismo lo puedes hacer.  Y mejor, antes de enredarte con una mujer que nos es tu esposa, mejor sigue el principio de la fidelidad.

Camina por principios.

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4 comments

  1. me encanto este relato.. la verdad es que me explico tan bien y claro,que nunca hubiera comprendido de otra manera….despues de tantas caidas y fracasos saber que las emociones me an hecho tanto daño… me encantaria leer su libro.. gracias

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