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LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (CUATRO TIPOS DE OYENTES)

La “Parábola del Sembrador” es la más famosa de las parábolas que compartió Jesús, y la importancia de esta se debe a dos cosas, uno, que esta es clave, según dijo Jesús mismo, para entender todas las demás, y dos, que esta es transcendental porque se refiere al oír que lleva a la fe para la salvación eterna. Y una cosa más antes de ir al bosquejo, las cuatro actitudes que se tienen al oír la Palabra no solo se presentan en los no creyentes, lamentablemente también en los creyentes, de ahí que también debemos tener oído abierto para recibir lecciones para nuestro provecho en la fe.

La Parábola del Sembrador

¡Nuestro anhelo es llegar a ser tan frutífero como el que dio más: ciento por uno!

¿CÓMO ECHAR A PERDER TU COSECHA?

Estoy saliendo a caminar casi de madrugada los martes y los sábados, con la particularidad de que lo estoy haciendo en una montaña que queda a media hora en auto desde de mi casa.  Y la caminata es como de varios kilómetros, y como es montaña, hay varias rutas que van desde los 8 a los 16 kilómetros.  En la ruta de hoy me llamó la atención un solitario árbol de mandarinas que estaba completamente cargado de fruto. Este árbol está al lado de la propiedad donde hacemos la caminata, por lo tanto, nadie a tomado ese fruto, y el propietario de al lado tampoco.

Uno de los compañeros de caminata es un ingeniero agrónomo, y le pregunté si ese fruto todavía estaba bueno, y la respuesta que me dió fue más allá.

Me dijo que el problema no era que ese fruto ahora se pudiera comer, lo malo es que por no haberse recogido, eso dañaba la siguiente cosecha.  Y cómo nadie recogió el fruto, ese árbol en particular reaccionaba deteniendo la siguiente cosecha.  Pues los árboles dan cosecha cuando la recogen la actual, siguiendo su naturaleza de preservar la especie.  Y como nadie le quitó el fruto, el mensaje que recibía era que no sería necesario dar más, pues no estaba en riesgo la especie, la tenía colgando en sus ramas.

Eso me pareció extraordinario.  Y he aquí algunas lecciones:

1. No hay multiplicación si nos quedamos con el mismo fruto.  Obvio, pero que lamentable.

2. No hay multiplicación si no recogemos el fruto.

3. Recoger el fruto es hacer que generen más fruto.  Las mandarinas traen las semillas que luego sembramos para que hayan más árboles de mandarina.  Si dejamos las mandarinas en el árbol, esas semillas se pierden también.

4. Hablando de personas.  Si no ponemos a producir a los que tenemos, siempre tendremos a los mismos, y los que tenemos se van echando a perder.  Y eso hace que la cosecha que sigue también se eche a perder.

5. Deberíamos poner en práctica la naturaleza del árbol, de que al quitársenos alguna vez algún fruto, reaccionemos dando más fruto para preservar la especie.

6. Dejarse la cosecha hace que la siguiente sea una mala cosecha.  Así hay gente que se aferra “a lo suyo”, y echa a perder cosas mejores por venir.

7. Y una lección más.  Cuando no “arrancas” a alguien de tu dependencia, no podrá crecer como otro árbol, siempre será solo una mandarina solitaria.

Espero que alguna de las lecciones que tomé te sirvan en tu actividad personal.

MULTIPLICA LO MALO

Este post es para líderes.  Así que… toma nota.  Porque el potencial del liderazgo está en todos desde la misma creación.  Cuando Dios hizo al hombre lo hizo como la corona de su creación y le dio por tarea el señorío de la Tierra. Así que… el liderazgo es parte de nuestra constitución desde nuestra creación.

Las diferentes áreas de liderzgo van desde ser padres hasta dirigir una gran nación, pasando por ser el presidente del aula en el colegio, el director de un proyecto del trabajo, el dirigente de una comunidad, o ser el gerente de una empresa transnacional.

Ahora, una verdad que debemos entender los que somos líderes activos de todos los líderes potenciales que existen, es el poder de la multiplicación que tenemos.  Y desde ya les aviso que esto nos puede confrontar cara a cara con una terrible verdad.  Déjenme decirlo de la mejor manera, porque mi deseo es siempre edificarte e inspirarte para que llegues a desatar todo el potencial con que Dios te creó.

Esta es la verdad a la que me refiero: un líder multiplica todo, sea para bien, o sea para mal.

Por ejemplo, si como líder tratas groseramente a uno de tus miembros, es casi seguro que eso se multiplica, porque habrán otros debajo de ese miembro al que trataste mal, y es casi seguro que los tratará de la misma manera.  Ahí se cumplirá que aquel líder es de los que “multiplica lo malo”.

Una de las razones de porqué un jóven esposo trata mal a su jóven esposa es porque está siguiendo el modelo que aprendió de su padre.  Él vio como su padre trataba a su madre, cómo le dirigía palabras hirientes y de menosprecio, cómo le oprimía y restaba importancia, cómo le condenaba a ser simplemente una sirvienta.  Ese padre era otro que “multiplica lo malo”.  Y es que no hay otra alternativa, los líderes lo multiplican todo, para bien o para mal.

Ahora, aquí viene el choque.  Si hemos sido líderes y no hemos logrado multiplicar lo bueno, es porque lo que hemos multiplicado más es lo malo.  Yo sé, es muy duro decir esto, pero si reflexionamos, puede ser que ahora si usemos la capacidad de multiplicación que tiene todo líder, pero para lo bueno.

No nos justifiquemos… de verdad reflexionemos.  Y no nos descalifiquemos, la reflexión es para que nos restauremos.  Y aunque algunos no adoren a Jesús como otros lo hacemos, es innegable, que si hay uno que ha multiplicado lo bueno, es Él.