Category: Decisiones

AMARGURA: TE HACE LA VIDA DURA E INSEGURA

Después de algunos años y experiencias en la vida, he llegado a conclusión de que debes vivirla de la mejor manera en cuanto a los principios que te hacen llevar una conducta correcta con Dios, contigo y con los demás.  Y si hay un ingrediente clave para vivir plenamente yo diría que el número uno es “paz”.  De hecho, el consejo de la Biblia directo al corazón es que en cuanto dependa de nosotros debemos vivir en paz con todos, no con ira que seca los huesos.

Ahora, otra cosa que aprendí es que no siempre la paz y la razón van por el mismo carril de la carretera, la mayoría de la veces van en carriles opuestos.  De ahí que hace años tengo una máxima: “mejor tener paz que tener razón”.

En mi caso, descanso en que Dios es el juez de todos, y solo Él nos dará lo que corresponda en cuanto a si estuvimos equivocados o correctos.  Pero hay algunas personas que se creen la personificación de Dios y comienzan a juzgar sin conocer realmente los detalles externos, y menos las motivaciones del corazón.  La verdad es que queriendo ser como Dios terminan siendo como el diablo, los acusadores de todos los demás.

Oigan, vivir así no es nada agradable.  Siempre viendo en que te acusan.  Siempre viendo el punto negro en la sábana blanca.  Y si uno hiciera lo mismo con tales personas,  ¿serán tan perfectas que no les encontraremos nada?  ¿Tendrán sus ojos tan libres de paja que pueden ver en forma tan diafana que Dios mismo les ha nombrado sus santos representes en la Tierra?

Todos los que tienen esa clase de amargura tienen alguna historia que contar sobre algo que les hicieron, sobre algo que les molesta, sobre alguna injusticia que según ellos otros han cometido.  Lo que deben hacer es primero perdonar, segundo hablar con la persona que les ha ofendido, no andar hablando o escribiendo a medio mundo, sino hablar a solas con la persona que se sienten ofendidos, tercero decidir vivr en paz, cuarto abandonar para siempre jugar a ser Dios, y reconcoer que son simples mortales que se equivocan tanto como el resto de nosotros, y quinto, aprender de las experiencias para ir mejorando y ser más agradables a Dios y a los demás.

Hay un versículo que dice: “el corazón alegre hermosea el rostro”.  La gente amargada, con odio, resentimiento, quejas, enojos, o sea, sin paz, tienen cara fea, no se les ve brillo, fe, emociǿn, gozo, visión, entusiasmo.  En fin, te hace la vida dura e insegura.  Tu decides.  Yo viviré en paz.

EL PRECIO DE LA INDECISIÓN

Es demasiado alto el precio que hay que pagar por la indecisión, se corren más riesgos no decidiendo que decidiendo.  La mujer de Lot, el personaje bíblico, nos da una tremenda lección.  Su indecisión le costó caro, cuando en lugar de avanzar hacia el futuro, volvió a ver hacia atrás, ahí mismo se volvió estatua de sal.  Igual sucede hoy, mirar hacia atrás con indecisión nos paraliza, y mientras unos avanzan por sus buenas decisiones, otros solo se vuelven espectadores.

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Este es el precio de la indecisión:

1. Nos agrava las cosas.
Mientras más pronto intervengamos más pronto arreglamos.  Es un error no tomar decisiones creyendo que el tiempo lo arregla todo, es más bien como un cáncer, el tiempo le permite crecer hasta aniquilar.

2. Nos agota mental, emocional y físicamente.
Evitar las decisiones no hace que desaparezcan las situaciones que tenemos (“El Principio del Avestruz”), más bien las llevamos como una carga sobre la espalda durante más tiempo, y esto cansa.  Decidir es descargarse.

3. Nos estanca.
Yo prefiero equivocarme intentando hacer algo bueno que no  equivocarme no haciendo nada.  ¿Cuántos se han quedado atrás viendo como los demás avanzan hacia la prosperidad, conformar una familia, tener un buen trabajo, graduarse, estar en el ministerio, etc.?

4. Nos hace inestables.
Como una pluma que es arrastrada por el viento, como si no hubiera más remedio que dejarse llevar.  Por eso nunca llegamos a ningún lado.  Nunca alcanzamos nada.  Nunca terminamos algo.  Nos enredamos con lo primero que nos pongan delante, seguimos la primera corriente que nos empuja.

5. Nos perdemos demasiadas cosas buenas.
Y cuando nos las perdemos nos ponemos a interpretar el papel de víctimas (evitando aceptar nuestra responsabilidad) y nos volvemos quejumbrosos lamentando lo que nos ocurre pero no tomamos ninguna decisión dejando pasar las oportunidades una y otra vez.

6. Nos hace reactivos.
Ante las circunstancias adversas o conflictos son como “apaga fuegos” porque ya es inevitable que no hagan algo. (¡Hacé algo, les grita la esposa!).

7. Nos condenamos al “determinismo existencial”.
Vivimos de acuerdo a nuestro pasado, a nuestros traumas, a nuestro fracaso, a nuestros complejos.  Da la impresión de que no teníamos opciones, pero lo cierto es que Dios nos ha dado poder de decisión para crear nuevas circunstancias a partir de nuevas actitudes y poderes que antes no teníamos,  para no seguir siendo más el resultado del diablo o de las circunstancias, sino de la gracia de Dios (1Co.15:10).

Decide abandonar la indecisión ya.

EL PODER DE LAS DECISIONES

Decisión viene del latín “decidere” que significa “cortar, amputar, separar”.  Así que cuando decidimos algo estamos cortando, amputando o separando.  Si decides bajar de peso debes cortar el impulso de comer, amputar la mitad del plato, o separar los alimentos que no son buenos para la salud.  Si decides estudiar para graduarte tienes que cortar las horas de salir a pasar un rato con amigos, amputar algunas horas de sueño, o separar las fantasías de las realidades para tomar con seriedad la vida.  Si decides ser fiel a tu cónyuge debes cortar con la persona que no es tu pareja, amputar de raíz las tentaciones dejando de ir a lugares incorrectos, o separar la vida de soltería de los principios que guían la vida matrimonial.  Y así puedes seguir aplicando este ejercicio a cualquier decisión en la vida.

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Echemos una mirada al poder de las decisiones.

1. Rompen el poder del instinto.
Cuando tomamos decisiones no solo comemos lo que sea, no simplemente nos dejamos llevar por los deseos, o las pasiones sin ningún control.  No es que como tenemos deseos sexuales entonces copulamos con la “hembra” que esté más dispuesta a alguna de nuestras tácticas de seducción, y así el siguiente día.

2. Nos volvemos personas de propósito.
Cuando tomamos decisiones esas decisiones están en perspectiva.  Es que vemos hacia donde queremos llegar, y por eso sabremos qué cortar, qué amputar, o qué separar en pro del propósito de nuestra vida.

3. Dejamos de ser efecto.
Lo cual nos libera de ser esclavos de las circunstancias y las emociones.  Dejamos de ser efecto, nos volvemos causa.  No debemos seguir siendo el resultado de accidentes, de la casualidad.  Si llegaste a ser un empresario fue por decisión, no porque un día hizo falta que alguien fuera empresario y saliste tu.  Llegaste a estudiar enfermería porque te equivocaste de facultad en la Universidad.

4. Dejamos de ser reactivos.
En su lugar nos volvemos pro-activos.  No es que si me aman amo, si me perdonan perdono, si me ayudan ayudo, si me llaman acudo.  Algunos solo toman decisiones de ser buenos trabajadores si les están supervisando continuamente, no por la decisión de hacer las cosas con excelencia.  Si una mujer le guiña el ojo a un hombre “reacciona” si se va con ella, “decide” si se marcha por su fidelidad a su esposa.

5. Manifestamos en su máxima expresión que somos libres.
Los esclavos no pueden decidir.  La capacidad de tomar decisiones es la forma más clara para demostrar que somos libres.  Si no puedes decidir dejar de gastar el dinero en lo innecesario es que eres esclavo de la avaricia o de la codicia.  Si no puedes perdonar eres esclavo del resentimiento o del odio.  Es hora de tomar decisiones que nos liberen, no que nos hagan más esclavos.

6. Determinan nuestro futuro.
El futuro de nuestra vida depende de las decisiones que estamos tomando hoy, porque nuestras decisiones determinan nuestro destino, y los mejores resultados vienen de las mejores decisiones.  Lo que somos y seremos es lo que hemos decidido ser.  ¡Podemos decidir lo que queremos ser!  Esa es un privilegio de Dios en nosotros.

7. Determinan tu influencia.
Las personas que nunca toman decisiones siguen a los que si toman decisiones, tan sencillo como eso.  O bien puede ser que las decisiones que algunos toman son muy elevadas que hacen que otros queden por debajo, no porque no toman decisiones, en este caso es por lo elevado de las decisiones que algunos llegan a tomar, lo cual genera una gran influencia.  Y generalmente los que toman decisiones así son los grandes soñadores, los grandes visionarios, y recuerda que tu liderazgo es directamente proporcional a tu visión.

Desarrolla el hábito de tomar decisiones.

EL QUE ANDA CON LOBOS…

Creo que todos la hemos oído: “El que anda con lobos a aullar aprende”.  Es absolutamente cierto, es que si te le pegas a alguien se te pega lo que tiene.  En diferentes campos uno lo oye, por ejemplo, en el fútbol dicen que si juegas con malos te vuelves malo.  En el carácter es igual, si andas con mentirosos te vuelves mentiroso, si andas con rebeldes ni se diga, si andas con negativos terminas igual, si andas con gente de fe verás milagros.

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Hay otro proverbio popular que dice: “Dime con quien andas y te diré quién eres”.  Esto lo que revela es cuán importante es con quién o quiénes andas.  Y puede ser que no lo notes, pero al cabo de algún tiempo practicarás lo mismo, hablarás de la misma manera, y es porque tu mente ya está influenciada.  Si tu pasas el 90% en comunión con cierta gente, y el 10% con otro tipo de gente, ¿quién te influenciará más?  Lógico, con quien más andes.

No es la primera vez que veo a una persona caminar de una forma excelente y luego cambia su forma de ser, todo producto de con quién se juntó.  Y no hay a quién no afecte, lo he visto de una joven inocente hasta un líder experimentado.  Nadie es inmune, por eso mejor aplicar este otro dicho: “A palabras necias oídos sordos”.

Debe ser una determinación de con quién andamos, no debe ser algo fortuito, accidental o dejado simplemente al destino.  Cuando se refiere a quien andará conmigo yo lo voy a escoger.  Yo escojo a mis amigos.  Yo decido con quien andar y con quien no.  Yo decido quien me influencia.  Yo decido a quien me acerco y de quien me alejo.  Esta decisión es tan importante que determina tu destino.

Cuidado que se te infiltre alguien que en lugar de bendición se vuelva maldición, en lugar de luz en tu camino se te vuelva tropiezo, porque ni Caperucita Roja está fuera del alcance del Lobo Feroz, les aseguro que si se libra de que se la coma, pero anda con el lobo, terminará aullando.

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Cuidado de los lobos con piel de oveja.

OLVIDA EL PASADO

Esa frase, “olvida el pasado” la he oído miles de miles de miles de veces y todavía sigo oyendo que los aconsejados, los motivados a hacerlo, responden: pero… ¿cómo?  ¿cómo?  ¿cómo?  Da la impresión de estarse pidiendo algo que es imposible.  Lo malo de decir: “olvida el pasado” es que da la impresión de que algo que tienes en la memoria debemos sacarlo de tal modo que si alguien viene y nos pregunta: ¿usted recuerda tal cosa?, nosotros respondemos que sí, pero que si luego digo: voy a olvidar tal cosa, entonces en el acto se nos olvida, de forma que si inmediatamente nos vuelven a preguntar: ¿usted recuerda tal cosa?, nosotros respondemos que no, y hasta diríamos: ¿de qué me hablas?  Todos sabemos que conscientemente no podemos hacer eso.  No somos como un disco duro que tengo una información en un segundo, la borro, y al siguiente segundo si la busco ya no la encuentro.  No, nosotros si la encontramos, sigue ahí.  Y de ahí que podemos seguir siendo esclavos del pasado.

Esclavos

¿Está equivocado decir “olvida el pasado”?  No, si entendemos que no es simplemente sacar información de nosotros, es más bien lo que yo podría llamar “desinflar el pasado”, para quitarle el peso y la forma, luego echarlo en una caja que dice: “cosas viejas”, luego meter esa caja en una bodega oscura “por allá atrás”, y colocarla en un estante al fondo, donde es difícil llegar a encontrarla si luego quiero sacar algo.  Más específicamente:

1. Olvidar el pasado es desestimarlo.
Es que algunos guardan experiencias dolorosas del pasado como si fueran tesoros valiosos, acumulan experiencias negativas como si fueran perlas preciosas, y ellos coleccionistas.  Tienen intactas esas piezas antiguas, las cuidan y hasta las exhiben como si ellos fueran el Museo de Louvre en Francia.  No más el museo, sino la bodega oscura “por allá atrás”.

2. Olvidar el pasado es no visitarlo.
Parece que algunos viajan al pasado por el túnel del tiempo, regresando de tanto en tanto para visitarlo.  Esas cosas del pasado que nos afectaron no son “personas amadas” en un hospital que en la hora de la visita uno quiere estar ahí.  Algunos tienen hora de visita para las cosas desagradables del pasado, y todas la noches tienen su “hora de visita”.  Clausura la puerta del túnel del tiempo.  Rompe la tarjeta de visita.  Las cosas del pasado no te van a agradecer tu visita, más bien te esperan para ver como te destruyen.  Eso de regresar al pasado es como si te hubieran metido una espina en un dedo, te la sacan, porque es horrible tenerla insertada, pero extrañamente luego tu mismo de la vuelves a meter, y otra vez el dolor y la incomodidad.  No seas… est… e… ¿qué te digo?…  ¿reincidente?

3. Olvidar el pasado es negarse.
Me niego a seguir siendo el resultado de las circunstancias del pasado.  Decido vivir mi presente y mi futuro guiado por mis sueños, mis metas, mi futuro… no por mi pasado.  Los tentáculos del pasado pierden su fuerza, ya no son como los brazos atómicos-hidráulicos de uno de los enemigos del Hombre Araña, ahora son como… “piezas desinfladas”, sin fuerza, sin vida.

Aunque no he dicho nada del perdón, si te das cuenta, todo lo anterior es perdón en acción.  Ahora cuando te vuelvas a encontrar a una persona que en tu pasado te dañó, esa persona ya no te afectará como antes, quedó en el pasado.  Más bien, muestra tu sanidad interior saludando y hasta bendiciendo.  Esas personas que nos dañaron probablemente están más dañadas que lo que nos dañaron alguna vez, pero eso ya está en aquella bodega oscura “por allá atrás”.

No podemos cambiar el pasado, pero si podemos cambiar el futuro.

EL PODER DE LAS DECISIONES

Las decisiones tienen que ver básicamente con escoger un curso de acción de entre varias alternativas, y según el curso así el destino o final.  Y la mejor manera de usar las decisiones es cuando tenemos en mente el maximizar los resultados, entonces tomamos la mejor decisión, usando la inteligencia y la sabiduría.

Toma estos siete pinceles, y pinta bien tu destino:

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1. Desarrolla el hábito de tomar decisiones.
Un personaje de la serie de Batman, creo que se llama “doble cara”, cada vez que va a tomar una decisión lo que hace es tirar un moneda al aire, y según cae, actúa.  Hay gente que no toma decisiones personales, vive a expensas de las decisiones de los demás, o de una simple moneda.

2. Si no usas el poder de las decisiones caes bajo otro poder.
Es decir, si no tomas decisiones sobre lo que comes caes sencillamente bajo el poder de la superviviencia y comes lo que sea.  Si no tomas decisiones sobre tu fidelidad a tu cónyuge caes bajo el poder del instinto.  Y ningún poder supera el de las decisiones.

3. Nos liberamos de ser reactivos.
¿Re-activos o Pro-activos?  ¿Vivimos por accidentes o por propósitos?  ¿Esclavos de las circunstancias o libres para cambiarlas?  Podemos seguir siendo víctimas o tomar el camino de la realización.

4. La mejor forma de expresar nuestra libertad.
Tomar decisiones es una virtud con que Dios nos creó.  Si tu quieres seguir siendo esclavo de un vicio es tu decisión.  Si tu quieres seguir siendo esclavo de alguna mala actitud es tu decisión.  Porque puedes también decidir lo contrario.

5. Hoy soy las decisiones de ayer.
Somos el resultado de todas nuestras decisiones.  Somos la sumatoria de cada una de nuestras decisiones.  La calidad de mi vida refleja la calidad de mis decisiones.  Si tomas decisiones malas el resultado es malo, y si tomas decisiones buenas el resultado en bueno.  Es una ley.

6. El futuro depende de las decisiones.
Podemos ser lo que queramos ser.  Tu decides.  Los mejores resultados son producto de las mejores decisiones.  Si decides eso hoy tu mañana será mejor.  Mira lo que deseas ser y comienza a tomar las decisiones que te acerquen, no que te alejen de ello.

7. Tarea de los líderes.
Si deseas liderazgo en alguna esfera: política, social, laboral, deportiva, intelectual, espiritual, o cualquier otra, tienes que saber que liderazgo y la toma de decisiones van de la mano, y entre mejor tus decisiones, mejor tu liderazgo.  Es uno de los oficios más importantes de los líderes.

Así que, usa el poder de las decisiones, toma decisiones, decide leer todos los días mi blog.  Nos vemos en la cumbre.