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VIVE SENCILLAMENTE SENCILLO

Muchos pueden vivir en forma complicada porque sencillamente no viven sencillo.  Este pensamiento lo tuve cuando minutos después de despegar mi vuelo a Miami, USA, comencé a completar mi fórmula de visa de entrada, y mi fórmula de aduana.  Tomé mi lapicero, desplegué mi mesa del asiento, leí lo que me pedían que completara, tomé mi pasaporte, y comencé a completar cada espacio.  Fueron unos cinco minutos o más, y listo, todo con buena letra.

¿Qué hubiera pasado si no hago mi tarea de completar mis debidas fórmulas?

Imagínense que llegue al puesto del oficial de migración sin llenar las fórmulas.  Me devuelven para que lo haga.  Con las filas que se hacen para entrar a Estados Unidos, tendría una gran demora.  ¿Y qué tal si mi destino no fuera ese puerto de entrada?  Perdería el vuelo, con ello, por nuevas leyes, mi tiquete de cientos de dólares.  ¿Y si no tuviera dinero en efectivo para comprar otro?  Bueno, llamaría a alguien que me hiciera una transferencia a mi tarjeta.  Ahhhh, pero por las carreras de ir a llenar las fórmulas, se me perdió el celular.  Pero de todas formas mi celular, por no prever, no tiene “roaming” internacional, y no funciona.  Pero bueno, ahora era entrar, y luego a ver qué.

Bueno, de alguna manera, por fin ingresé al país, pero cuando llegué frustrado por mi equipaje, el único que quedaba por tanto tiempo en carreras era el mío, pero me di cuenta de que no era el mío, era similar, pero alguien se había llevado el mío.  Mis notas de las conferencias iban ahí, mis trajes iban ahí, mis libros, mis zapatos, mis objetos personales, todo… se fue a otro destino.  Y cuando abrí la maleta que se parecía a la mía, en busca de algo que me sirviera como compensación, me di cuenta de que seguro era de alguna pervertida sexual porque iban cosas muy extrañas en esa maleta.  ¡Dios!  ¡Todo se me complicó!

¿Y la razón?  No haber vivido sencillamente sencillo.

LAS TRES ETAPAS DE LA MOTIVACIÓN

“Etimológicamente, el término motivación procede del vocablo latino motus, tenía que ver con aquello que movilizaba al sujeto para ejecutar una actividad.  Podemos definir la motivación como el proceso psicológico por el cual alguien se plantea un objetivo, emplea los medios adecuados y mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta.”  Es lo que dice el Diccionario de la Real Academia Española.  Esto se le aplicaría muy bien al “Pirata” (nosotros) que tiene un mapa marcado con una equis en el lugar donde se encuentra un tesoro (el objetivo), lo que le motiva a aventurarse con su tripulación y su barco (los medios adecuados) hasta llegar a él (mantener la conducta con el fin de conseguir el tesoro).

Veamos las tres etapas de esa tremenda palabra.

1. “Se plantea un objetivo”.
Los objetivos eso si deben ser capaces de arrancar el motor de la motivación.  Hay objetivos que logran encender el motor, pero otros no.  Generalmente entre más desafiantes, más productivos, más rentables, y más prometedores, más generan la motivación.  Es como la gasolina de los aviones, si queremos volar la gasolina para autos no funciona.  Plantearse objetivos es, en una palabra: “visión”.  Y aunque no lo crean, el 90% de los seres humanos no tienen visión en la vida, solo pasan por el planeta sin haber pensado en grande, sin haber soñado cosas que fueron de impacto para muchos.  Simplemente nacieron, crecieron, se reprodujeron, y murieron.  Recuerda que nada existe sin ser primero un sueño.  Y una vez que tienes ese sueño comienza tu vida a moverse en esa dirección, de lo contrario, para un barco sin destino cualquier viento es bueno, y eso ocurre cuando no hay motivación.

2. “Emplea los medios adecuados”.
Una cosa que es muy frecuente es encontrarse gente con buenas ideas para desarrollar cosas pero se pasan la vida dándole vuelta a esas ideas, pero no las aterrizan, no van a la acción con los medios necesarios para construir según los objetivos planteados.  Si quieres llegar a ser un médico debes empezar por ser buen estudiante en el colegio.  Luego entrar a la Universidad, luego pasar cada curso, así hasta terminar.  Y puede ser que necesites trabajar para financiar la carrera, y eso implicará sacrificios, pero eso es solo parte de los medios hasta lograr el objetivo.  O bien, solicitar un préstamo estudiantil, y trabajar una vez graduado para pagar, y eso tal vez implique no andar en fiestas, no tener mucha vida social, etc., pero todos esas abstinencias son parte de los medios para llegar al final.  Dejemos de dar vueltas y veamos qué debemos hacer para llegar a la cumbre y salir de la planicie, y peor, del valle en que hemos estado.

3. “Mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta”.
Muy latino, y de sobra “costarricense” es sufrir el síndrome de la postergación.  Es aquello de “mañana lo hago”.  Pero la trampa es como aquel cartel que dice: “Hoy no se presta, mañana sí”.  Pero cuando llega mañana no te prestan por que “hoy no se presta…”  No debemos decir “mañana lo hago”, debemos decir el día, la fecha, y el año.  Esto para que quede bien claro que no es algún día en que lo haremos, sino tal día de la semana, del mes y del año.  Mantener la conducta con el fin de conseguir dicha meta, se dice en una palabra: perseverancia.  Aquí viene a mi mente una frase que digo mucho: “La gota de agua no perfora la piedra por su violencia, sino por su frecuencia”.

Ánimo.

EL SÍNDROME DE LA POSTERGACIÓN

“Mañana lo hago”.  ¿Que levante la mano el que no lo ha dicho?  ¿Tú?  ¡Wow!  Casi llega uno a pensar que tales personas son de otro planeta.  Porque en el tercer planeta del Sistema Solar de la Vía Láctea la inmensa mayoría hemos padecido de ese infame virus.

Recuerdo una de la veces en que fui atrapado por el malévolo síndrome.  Había terminado el colegio y ya estaba listo para entrar a la Universidad, tenía uno de los promedios más altos para entrar a cualquier carrera en la U, al final escogí entrar a la Facultad de Ingeniería para llegar a convertirme en Ingeniero Químico.  Como parte del proceso de ingreso debía presentar mis documentos en la oficina de registro.  Un día, trabajando en un almacén, llegó uno de mis compañeros y me dijo que si ya había viajado a San José para presentar mis documentos, la forma en que me lo dijo fue con un tono de “espero que sí”.  Sentí un frío escalofrío que me bajó de la cabeza a los pies y comencé a sudar estando congelado por dentro.  Le pregunté: ¿hasta cuando hay tiempo?  Y el me contestó:  Hoy fue el último día.  ¡Noooooooooo!  ¡Nooooooooo!  Perdón la ilustración, pero me sentí peor que un perro despreciado.

Postponement3De todas formas viajé el día siguiente llevando mis documentos esperando que no fuera cierto lo que me dijo el compañero, o bien, como sucede en mi país, con la esperanza de que dieran unos 15 días de gracia para los que dejan todo para el final.  Cuando llegué a la oficina de registro parecía un pueblo fantasma, el viento arrastraba hojas y basura.  No había un alma.  Me senté en las gradas de la oficina y lloré mi desgracia y mi indignación por haber postergado mi responsabilidad al punto donde no había más que regresar a mi pueblo con la vergüenza de no poder entrar ese año a la Universidad, y enfrentar a mi familia.  No me quería levantar de las gradas, mordía mis documentos con fuerza, y me salían lágrimas de enojo conmigo mismo.

De pronto, alguien se puso frente a mí, era una mujer que me preguntó por qué estaba así, entonces le conté mi trágica historia.  Me contó que ella era la secretaria que recibía los documentos, y que había olvidado algo el día anterior en que terminó la recepción de documentos, y que por eso estaba ahí, para recoger lo olvidado, pero movida a compasión tomó mis documentos, y me dio un comprobante de recibido.  Cerró y se fue.  Casi me alcanzó una avalancha de horribles consecuencias, pero salí librado.  Pero te advierto que la mayoría de las veces la historia no termina tan romántica como esa vez.

Aquel consejo de “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” es tan sencillo, pero es increíble cómo SABIENDO que tenemos que hacer algo HOY vamos tomando otras cosas y dejando aquella como si fuera un desperdicio radioactivo que nos destruye si lo tocamos, y la verdad es lo contrario, por no abordar el asunto termina por dañarnos.  Una sencilla manera de vencer el síndrome de postergación es planificar cada día con un número de tareas totalmente razonables.  La clave es poner la noche anterior unas cinco cosas en tu agenda (un pedazo de papel también funciona), que pueden ser más o menos según el tiempo que consideres necesario para realizar cada una.  Al día siguiente, al levantarte, ya sabes lo que debes hacer ese día,  y no te vas a dormir hasta que las hagas.  Evita usar la agenda como una camisa de fuerza, pero si una de las tareas implica llegar a  cierta hora, entonces llega para estar a esa hora, de lo contrario estás alimentando a ese monstruo que terminará devorándote.  Al final, esto es un asunto del desarrollo de tu carácter.  Destruye el postergar o el postergar te destruye.