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NO INDISPENSABLE, PERO DIFICIL DE SUSTITUIR

Hace unos veinte años salí de un trabajo que desarrollaba en una de las mejores iglesias del país, pero por dirección de Dios, empecé lo que hoy es Kingdomtakers y MANA.  Cuando salí el líder principal delegó lo que yo hacía.  Siempre lo hice con entrega.  Nunca pensé en horarios o salario.  Siempre pensé en hacer las cosas con excelencia, con el mejor de mis esfuerzos, y con lo mejor de mis conocimientos.  Daba todo, no me guardaba absolutamente nada.

Nunca fue mi intención consciente llegar a hacer las cosas de tal manera que me reconocieran algo, ni para mi ego, ni para mi bolsillo.  Era solo mi actitud.  Es que quería hacer las cosas lo mejor posible.  Que nadie dijera que podía hacerse mejor.  Mejor no era posible porque ya lo había hecho.  Así fue como entonces, ahora que estoy yo al frente de personal lo veo claro, me fueron dando más cosas para hacer.  Cada cosa que me daban era de inmediato remodelada, sometida a la innovación y puesta en la sala de la re-ingienería, todo buscando los mejores resultados según el área demandaba.

Llegué a tener cinco departamentos a mi cargo.  Algunos me fueron dados como escombros, y en otras ocasiones ni eso.  Y aun peor, una de las áreas tenía hasta malos antecedentes, sin embargo, llegó a ser una de las mejores, llegó a ser como mi “flor en el ojal”, fue el trabajo con los jóvenes.  Hoy lo que veo con los jóvenes en nuestro ministerio seguro que es una cosecha segura de aquellas semillas de haber hecho una labor apasionada con todo el corazón.

Cuando llegó el día en que tuve que salir para hacer lo que estoy haciendo hoy, no hubo nadie que pudiera hacer lo que yo hacía, escogieron entonces a una persona por cada área, cinco personas tomaron el lugar que ocupaba yo solo.  Esto no es orgullo, es solo el resultado de que siempre quise hacer las cosas bien, creyendo que podía, y con la mente puesta en que no lo hacía para el ojo del hombre, sino para el de Dios, lo logré.  Nunca tuvieron que llamarme para reclamarme por algo que no estaba hecho para el día que debía estar hecho.  Nunca me oyeron reclamar por más trabajo.  Nunca me oyeron quejarme por el salario.  Nunca le falté el respeto a mis superiores.  Nunca hice caras de molestia por cosas delegadas.  Solo tenía un deseo, solo tenía una pasión, solo tenía un pensamiento.  El día que llegue a la presencia de Dios quiero oír de su boca “buen siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor”.

Sé que ninguno es indispensable, ¿pero porqué no intentar volvernos difíciles de ser sustituidos”.  Hay personas que más bien nos darían alegrías si se fueran, y serían fácilmente sustituidos.  Tu decides que cuáles ser.  Y si decides volverte difícil de ser sustituido, empieza por arreglar cualquier relación interpersonal, usar tu imaginación, conocimiento, tiempo y esfuerzo para hacer algo grande con lo que se te da; y todo porque de fondo tu motivación ulterior es servir para el ojo de Dios, de quién al final, son las recompensas verdaderas.

A LOS PREPOTENTES NI DIOS LOS QUIERE

Ayer jugaron México y Argentina su pase a la siguiente fase en la Copa Mundial de Fútbol 2010 en Sudáfrica.  No puede verlo completamente porque estaba con mi hijo Jonathan saliendo del hotel hacia el aeropuerto El Dorado en Bogotá Colombia para dirigirnos a nuestro amado país Costa Rica.  Sin embargo, si vimos el inicio.  Varios de los huéspedes del hotel estaban en el “Lobby” viéndolo.  Pregunté que cuántos iban con México, las caras me dieron la repuesta, y me devolvieron mi pregunta con otra pregunta: ¿de dónde es usted?  Pensé, si digo que de Argentina, les voy a caer muy bien, pero no es verdad.  Si les digo que de México me da la impresión de que no llegaré sano y salvo al aeropuerto, y además tampoco es verdad.  Y si digo que de Costa Rica, tal vez sospechen que en Centroamérica, en general, el sentimiento es que gane Argentina, pero yo sé que el sentimiento general en Sudamérica es que gane México.  Entonces, a la pregunta de ellos: ¿de dónde es usted?  Mejor les hice otra pregunta, no muy inteligente, pero para evadir: ¿Porqué ustedes siendo sudamericanos no van con Argentina?

La respuesta que me dieron es una sencilla pero clara realidad.  La respuesta fue: “Porque los argentinos son unos prepotentes”.  Ahora, si yo preguntara porque el sentimiento general de los centroamericanos era ir con Argentina, la situación es la misma: “Porque los mexicanos son unos prepotentes”.  Recuerden que estamos hablando solo de fútbol, para no malinterpretar.  Los mexicanos en algún momento hasta llegaron a decir que en centroamérica jugamos con un balón cuadrado.  Entonces cuando ayer Argentina anotó el primer gol la satisfacción era más que un gol, era porque era contra México, y cuanto anotó el segundo, ya algunos estaban crujiendo los dientes y con los puños cerrados deciendo: “que rico”.  El placer del segundo gol era orgásmico.  Y cuando vino el tercer gol era un éxtasis celestial.  Y el deseo de algunos era pasar a un nivel más alto, en su interior gemían por más goles contra México, seguro que algunos esperaban cinco contra cero, pero vino la anotación mexicana, y el fuego se enfrió pero todavía ese placer… de ganarle a México.

La clara verdad es: nadie ama a los prepotentes.  Podemos ser buenos en algo, y de seguro que eso atraería a muchos para que nos admiren o quieran aprovechar lo que sabemos.  Solo que cuando le agregamos el aroma, o mejor dicho, el hedor “prepotente”, en lugar de atraer alejamos, la verdad es que echamos a perder aquello tan bueno que tenemos.  Por ejemplo, y para que vean que no es algo de la nación, sino solo del fútbol, Messi, siendo argentino, una de las cosas que gustan de él es su “humildad”, y Ronaldo Cristiano, sin ser ni mexicano ni argentino, una de las cosas que no gustan de él es su prepotencia.

La consecuencia de esa clara verdad sobre la prepotencia tiene consecuencias.  Ya dije antes algo de eso, pero el asunto trasciende hasta las esferas del cielo.  Ni Dios quiere a los prepotentes, o sea, no es algo para pasar desapercibido, miren como lo ve Dios mismo:

“Dios mío,
tú estás en el cielo,
pero cuidas de la gente humilde;
en cambio, a los orgullosos
los mantienes alejados de ti.” (Sal.138:6 Biblia Lenguaje Actual).

Lo que tenemos que hacer no es dejar nuestras habilidades, o reconocer que somos buenos en algo, sencillamente es poner todo eso en una buena envoltura que se llama humildad.  Y esa humildad empieza por reconocer que Dios es Dios, y nosotros sus ovejas, necesitadas de Él.  Si no los ha hecho, empieza por recibir a Jesús en tu corazón para que Él sea quien te conduzca por sus caminos de bien, y no de mal.

¿CÓMO CONTROLAR EL ORGULLO?

Orgullo es una emoción que todos hemos sentido.  Y básicamente se trata de sentirse superior a los demás y hacer sentir a los demás inferiores u oprimiéndolos.  En este sentido decimos que el orgullo es pecado, entendiendo pecado como “errar al blanco” (uno de los significados de “pecado” en griego).  Tomando mi descripción del orgullo, a nadie le calza mejor que al diablo, quién quiso “subir” y ser semejante a Dios, y oprimir a la humanidad.

Y ya que todos hemos sido asaltados por esta clase de emoción, ¿cómo controlar el orgullo?

1. Nunca menospreciando a nadie.
Desde el más pequeño de edad, dinero, estudios, experiencia, o lo que sea, tiene algo que darnos, y de pronto hasta nos sorprende.  Nunca debemos hacer burla de los defectos o deficiencias de los demás.  Cosas cómo: “¿usted quién es?”, son maneras de expresar nuestra arrogancia, altivez y soberbia.  Aquellos que dicen: “usted no es nadie para enseñarme”, puede que se hayan perdido un buen maestro en el camino, que bien no sean maestros en todo, pero pueden ser maestros en algo importante de nuestra vida.  Una de las cosas que he aprendido es a tratar con cariño a toda la gente, no por politiquería, sino por principio de vida.  Ser cariñoso, accesible, educado, respetuoso de todos es un buen ejercicio para mantenerse humilde, libre de orgullo.  Al final todos somos iguales, vinimos sin nada a este mundo, e igual, nos vamos sin nada.  ¿Entonces porqué pavonearnos?  Los pavos terminan asados.

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2. Nunca auto-promoviéndose.
Uno puede saber para que es bueno, pero nos podemos pasar si comenzamos a usar palabras y frases que suenan más bien a petulancia.  Mejor sigue este consejo: “que no te alabe tu propia boca, sino la de los demás”.

3. Reconociendo cuando se equivoca.
Al orgulloso le cuesta reconocer que se equivocó, pero si queremos mantener lejos al orgullo, haz lo contrario a lo que te impulsa el orgullo, que generalmente es justificar tus errores con las deficiencias de los demás, mejor humíllate y reconoce que TU hiciste lo incorrecto.

4. Pidiendo perdón.
Si tus acciones no solo fueron equivocadas en procedimientos, sino que afectaste a alguna persona, sin importar que sea inferior en rango, solo por ser persona pídele perdón, sin agregar nada como: “y yo también te perdono”.  Lo echaste a perder.

5. Reconociendo a quien se lo merece.
Si ves que alguien hizo o dijo algo bueno, y el orgullo te quiere atrapar hasta molestándote porque otro fue el que hizo o dijo eso bueno, a propósito búscalo y felicítalo, y si lo puedes hacer en público, muchísimo mejor.

6. Sirviendo a otros.
El orgulloso pretende que los demás sean como sus esclavos, pero qué tal si tu al que menos se lo esperaba llegas y le sirves.  Recogerle el plato de la mesa al más pequeño de todos.  Y de ahí en adelante, hasta donde podamos, pues no hay límites cuando se trata de servir.

7. Dejando de pavonear.
Si lo que tienes es lo que te hace sentir más grande o mejor que los demás, quiere decir que lo que eres no es suficiente grande para sentirte bien.  Ser y tener son cosas muy distintas.  Ser es lo interno, tener es lo externo.  Ser es lo que realmente eres, tener es lo que parece que eres.  Algunos brillan por lo que tienen, pero son opacos por lo que son.  Por eso el orgulloso se vuelve exhibicionista, y se alimenta de los elogios de los demás, su motivación es que lo vean.  Deja de hacer las cosas para que te vean, hazlas porque simplemente ayudas.  Y por supuesto, no tiene nada de malo el elogio, pero no como la motivación de tus acciones, sino cómo el indicio de que lo hecho fue bien hecho.

Al controlar el orgullo disfrutarás de otras más satisfactorias emociones de la vida.  Le pondrás tu pie en la cabeza a Leviatán.