Category: Perseverancia

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (CUATRO TIPOS DE OYENTES)

La “Parábola del Sembrador” es la más famosa de las parábolas que compartió Jesús, y la importancia de esta se debe a dos cosas, uno, que esta es clave, según dijo Jesús mismo, para entender todas las demás, y dos, que esta es transcendental porque se refiere al oír que lleva a la fe para la salvación eterna. Y una cosa más antes de ir al bosquejo, las cuatro actitudes que se tienen al oír la Palabra no solo se presentan en los no creyentes, lamentablemente también en los creyentes, de ahí que también debemos tener oído abierto para recibir lecciones para nuestro provecho en la fe.

La Parábola del Sembrador

¡Nuestro anhelo es llegar a ser tan frutífero como el que dio más: ciento por uno!

LAS TRES ETAPAS DE LA MOTIVACIÓN

“Etimológicamente, el término motivación procede del vocablo latino motus, tenía que ver con aquello que movilizaba al sujeto para ejecutar una actividad.  Podemos definir la motivación como el proceso psicológico por el cual alguien se plantea un objetivo, emplea los medios adecuados y mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta.”  Es lo que dice el Diccionario de la Real Academia Española.  Esto se le aplicaría muy bien al “Pirata” (nosotros) que tiene un mapa marcado con una equis en el lugar donde se encuentra un tesoro (el objetivo), lo que le motiva a aventurarse con su tripulación y su barco (los medios adecuados) hasta llegar a él (mantener la conducta con el fin de conseguir el tesoro).

Veamos las tres etapas de esa tremenda palabra.

1. “Se plantea un objetivo”.
Los objetivos eso si deben ser capaces de arrancar el motor de la motivación.  Hay objetivos que logran encender el motor, pero otros no.  Generalmente entre más desafiantes, más productivos, más rentables, y más prometedores, más generan la motivación.  Es como la gasolina de los aviones, si queremos volar la gasolina para autos no funciona.  Plantearse objetivos es, en una palabra: “visión”.  Y aunque no lo crean, el 90% de los seres humanos no tienen visión en la vida, solo pasan por el planeta sin haber pensado en grande, sin haber soñado cosas que fueron de impacto para muchos.  Simplemente nacieron, crecieron, se reprodujeron, y murieron.  Recuerda que nada existe sin ser primero un sueño.  Y una vez que tienes ese sueño comienza tu vida a moverse en esa dirección, de lo contrario, para un barco sin destino cualquier viento es bueno, y eso ocurre cuando no hay motivación.

2. “Emplea los medios adecuados”.
Una cosa que es muy frecuente es encontrarse gente con buenas ideas para desarrollar cosas pero se pasan la vida dándole vuelta a esas ideas, pero no las aterrizan, no van a la acción con los medios necesarios para construir según los objetivos planteados.  Si quieres llegar a ser un médico debes empezar por ser buen estudiante en el colegio.  Luego entrar a la Universidad, luego pasar cada curso, así hasta terminar.  Y puede ser que necesites trabajar para financiar la carrera, y eso implicará sacrificios, pero eso es solo parte de los medios hasta lograr el objetivo.  O bien, solicitar un préstamo estudiantil, y trabajar una vez graduado para pagar, y eso tal vez implique no andar en fiestas, no tener mucha vida social, etc., pero todos esas abstinencias son parte de los medios para llegar al final.  Dejemos de dar vueltas y veamos qué debemos hacer para llegar a la cumbre y salir de la planicie, y peor, del valle en que hemos estado.

3. “Mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta”.
Muy latino, y de sobra “costarricense” es sufrir el síndrome de la postergación.  Es aquello de “mañana lo hago”.  Pero la trampa es como aquel cartel que dice: “Hoy no se presta, mañana sí”.  Pero cuando llega mañana no te prestan por que “hoy no se presta…”  No debemos decir “mañana lo hago”, debemos decir el día, la fecha, y el año.  Esto para que quede bien claro que no es algún día en que lo haremos, sino tal día de la semana, del mes y del año.  Mantener la conducta con el fin de conseguir dicha meta, se dice en una palabra: perseverancia.  Aquí viene a mi mente una frase que digo mucho: “La gota de agua no perfora la piedra por su violencia, sino por su frecuencia”.

Ánimo.

EL MATRIMONIO NO ES EL DÍA DE LA BODA

Hace unos días pensé en esa frase.  Y ayer se me confirmó cuando estuve en una boda.  Por supuesto, la novia como siempre, preciosa, vestida de forma inolvidable, radiante como es de esperar, los detalles a su alrededor impecables, desde los bordados de su vestido hasta los adornos que la rodean.  El novio, vestido como todo un caballero, luciendo su mejor pose.  Vestido con un traje que le ayuda a lucir esbelto y en buena forma.  La música fue escogida. La comida también.

Ahhh, ¿y los colores de los adornos, escogidos según el gusto de los novios?

Ahhh, ¿y las acompañantes y los acompañantes, también escogidos, y vestidos con los colores que escogieron los novios?

Ahhh, ¿y el lugar donde se haría la boda y desfilarían las y los acompañantes?

Ahhh, ¿y los invitados especiales que los novios pasaron días definiendo quiénes serían?

Ahhh, ¿y la música de entrada y salida, como si fuera el mejor de los espectáculos de Hollywood?

Ahhh, ¿y la ceremonia misma?, ¿quién la oficiaría, cuánto tardaría, y qué actos simbólicos quisieran, o sería sin ellos?

Ahhh, ¿y los votos nupciales?  ¿Los haría el ministro?  ¿Los harían en forma espontánea los novios?

Ahhh, ¿y los anillos?

Ahhh, ¿Y dónde pasarían la noche de luna de miel?  ¿Y el resto de la luna de miel?

Ahhh, muy importante, ¿a dónde regresarán de la luna de miel para vivir felices por siempre?

Todo eso y mil un detalles más para UN DÍA, el día de la boda.  ¿Y el resto de los días que vivirán juntos hasta que la muerte los separe?  La mayoría planifican el día de la boda, pero no aplican la misma diligencia para el matrimonio.  ¿será por eso que después de cinco años solo un 30% de los matrimonios sobreviven?

Lo que quiero decir es que levantar algo grande e importante no es de un día.  Es algo que requiere de muchos días, y haciendo cada día un aporte deliberado a eso que estamos construyendo.  Y aquí también se aplica muy bien aquello de que un matrimonio de éxito no es el producto de la casualidad, no es un resultado fortuito, sino de una conducta predeterminada.  Me da la impresión que el día de la boda parece más bien como el día de la premiación, donde se celebra a lo grande.  Por supuesto no hay nada de malo de hacer todo eso el día de la boda.  Lo malo es que se empieza así, y en el 70% de los casos, a partir del día de la boda también empiezan un descenso hasta el colapso.  Debería ser lo contrario con todo lo que emprendamos, donde por más sencillos que sean los inicios, no menospreciamos esos sencillos inicios, pues a partir de ahí el camino es continuo ascenso.  En mi caso ya tengo 25 años de casado, y hoy que andaba con mi esposa haciendo algunas compras en el supermercado, tengo bien claro que “el matrimonio no es el día de la boda”.

SIETE VIRTUDES GENERADORAS DE OPORTUNIDADES (3)

De una u otra forma he tocado estas siete virtudes en otros post, solo que esta vez el enfoque es sumamente importante, y además, que son parte de estas piedras fundamentales para construir la cuna de las oportunidades.  Y digo que he tocado estas virtudes en otros post porque recuerdo que recientemente abordé el tema que compete a la quinta virtud: La perseverancia.  Esa virtud que te hace seguir corriendo en medio de las más densas tinieblas, porque sabes que saldrás a la luz.  Así que nunca, nunca, nunca te rindes, aunque ya estés corriendo solo o sola.


Perseverancia es diferente a paciencia.  La paciencia da la impresión de pasividad.  La perseverancia es dinámica.  La paciencia da la sensación de estar sentado.  La perseverancia es estar de pie, es seguir caminando, es seguir marchando hasta llegar al final.

La perseverancia es la forma de aprender cualquier cosa.  Desde que nacemos empezamos a usarla, así fue como aprendimos a caminar.  No es algo que desconocemos, solo que debemos seguir usándola durante toda la vida.  Benjamín Franklin empezó  a estudiar idiomas a los 63 años y llegó a dominar el francés, el italiano, el latín y el español.

Lo que está detrás de la perseverancia son básicamente dos cosas: tus principios y tu visión.  Esto es lo que le da razón de ser a la perseverancia.

Hoy en la reunión familiar comentaba Jonathan que un instructor del gimnasio donde va le comentó que viera como llegaban muchos nuevos miembros, que motivados por las metas de bajar de peso al inicio de año se matriculaban por montones, pero que al mes, cosa que ven todos los años, el 85% ya no volvería.  Es una buena estadística de cuánta gente realmente es perseverante.  Lo que le falta al 85% que desertan son esas dos cosas; principios y visión.  Principios como la disciplina.  Principios como el compromiso de que lo que empiezan lo terminan, sea como sea.  Y visión.  Que enciende el deseo y provoca actuar por algo que realmente uno quiere que se vuelva una realidad.  La visión es algo que te ánima por encima de todas las cosas.  Si realmente no estás interesado en verte delgado, y te da lo mismo verte con memos o más kilos, de seguro que unas rutinas de ejercicios no te mueven a actuar.  Porque no son las rutinas lo que te interesa, eso es tan solo un medio para lograr una visión.  La visión hace que cualquier esfuerzo valga la pena.  De ahí surge la perseverancia.  Un hombre que se perdió en desierto contó que lo que le mantuvo vivo fue su ardiente deseo de volver a ver a su esposa e hijas.  La visión le hizo perseverante.

La gota de agua penetra la piedra, no por su violencia, sino por su frecuencia.

LA LEY DE LA OPORTUNIDAD

Una de las verdades más curiosas que aprendí fue esta: La ley de la oportunidad.  Un discípulo me dijo: “Usted nunca me da la oportunidad”.  A lo que le respondí: “Las oportunidades nunca llegan, tu vas a ellas”.  Pero la verdad es que yo mismo nunca lo había visto así.  En forma práctica se era una realidad en mi, pero la forma de decirlo era nueva.

Opportunity1

Las oportunidades algunos las están esperando como si fuera algún tipo de lotería, en la que se anuncia el número, yo digo que lo tengo, y voy por mi premio.  Las oportunidades no son así.  No llegan así.  No tocan a la puerta así.  Las oportunidades “le llegan” a dos clases de personas:

1. Las personas que se preparan.
Por ejemplo, admiras a esos conferencistas que dan sus disertaciones espectaculares frente a cientos y miles de personas, lo hacen con propiedad, con elocuencia, con dinamismo, persuadiendo para poner por obra algún principio, motivando para emprender algún proyecto, y todo lo hacen parecer tan fácil.  Lo cierto es que esa oportunidad de hablarle a cientos y miles en un amplio auditorio es la punta del “iceberg”, porque en el fondo hay años de preparación, años de perseverancia para dominar sus temas y demostrarlos en la vida propia.  No a cualquiera ponen de conferencista principal en un gran evento.  Realmente la oportunidad no le llegó, él fue caminando día tras día, mes tras mes, año tras año, y tal vez hasta decenio tras decenio hasta que llegó a su oportunidad.  Y lo mismo es para futbolistas, guitarristas, predicadores, doctores, artesanos, fabricantes de algo, vendedores, y cualesquiera otra ocupación y profesión.

Mientras algunos duermen, ellos se preparan.  Mientras otros están jugando, ellos se preparan.  Mientras otros pierden el tiempo, ellos e preparan.  ¿Quién recibirá las oportunidades en la vida?   Cuando veamos a los que disfrutan de las oportunidades es porque ellos estuvieron ahí, donde llegan las oportunidades, y nosotros estábamos en otro lado.

2. Las personas que trabajan.
Los diez bancos más grandes del mundo se levantaron en Japón.  ¿Recuerda?  Donde dos bombas atómicas destruyeron dos grandes ciudades e hicieron que colapsara esa nación, empezando por su rendición frente a los aliados.  Y en esa nación ahora están los diez bancos más grandes del mundo.  ¿Por qué?  Porque son gente trabajadora.  Occidente ha tomado prácticas como “justo a tiempo”, “Calidad total”, “Las cinco S”, “trabajo en equipo”, y muchas más de la experiencia japonesa en cuanto a su forma de trabajar.  Hasta las huelgas son diferentes.  Nosotros los latinos tenemos “sindicatos”, “huelguistas”, etc.  que reclaman más días de vacaciones, más horas libres, más beneficios, más días festivos, más fines de semana largos, y más monopolio para no tener que trabajar contra la competencia.  A un perezoso le llega una oportunidad, y por pura pereza no la aprovecha.  Pero lo cierto, es que ni le va a llegar.

Las oportunidades se mueven solamente en el ambiente de la preparación y el trabajo, fuera de ahí, no existen.  Es una ley.  La oportunidad es selectiva, no a todos les toca la puerta.