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LA GENTE QUE MÁS LLEGAS A APRECIAR

Hace tiempo atrás fui con mi familia a almorzar a un restaurante, pero resulta que por ese día se requería hacer reservación, y no la hice.  Sin embargo, el restaurante no estaba lleno, la realidad era que no estaba al 30% de su capacidad, así que había espacio de sobra.  Hice ver mi punto, pero me respondieron que debían dar prioridad a las personas que reservan en los próximos minutos.  Por supuesto nosotros queríamos entrar de inmediato para aprovechar el tiempo, y no hacer una reservación para dentro de media hora.  Les insistí que ya que estábamos presentes nos concedieran prioridad, pero siguieron con el mismo argumento de que debía llamar para reservar.  Se que ustedes estarán pensando como yo, si leyeron uno de mis blogs de la semana pasada: ¡otra regla estúpida!

En fin, en este caso, nos fuimos a otro lugar.

Pero antes de irme pedí que si podía hablar con el gerente.  Me indicaron donde encontrarlo.  Lo esperé unos minutos y luego me atendió.  Le conté mi historia y me fui.  Ahora cuando voy a ese lugar me atienden como rey, todos, hasta los nuevos me llaman por mi nombre, y aquel que no me dejó entrar, es el que con más respeto me atiende.  Cuando he llevado a alguien a ese lugar se quedan admirados de como me conocen, cualquiera creería que voy con frecuencia, pero la verdad es que es por aquella ocasión.  Veo como me aprecian.  El gerente me dijo, sabe don Guido Luis, usted es uno de esos clientes que uno valora, porque vienen a uno le dicen lo que pasó, y eso nos permite mejorar.

Yo pensé que aquel gerente solo me estaba diciendo eso para evitarme y hacerme sentir bien, pero lo cierto es que estaba procediendo con profunda honestidad.  Alguna vez solo he pasado por la puerta del lugar y me saludan por nombre.  Hicieron un cambio, aprovechando mi observación responsable del trato que me dieron una vez.

Esto que les cuento es lo mismo que otros han hecho conmigo, y hoy mismo lo hizo uno con el cual estoy, por un lado profundamente agradecido porque me lo indicó maduramente, pero por otro lado profundamente apenado por lo que le pasó.  Les cuento, fue a la primera reunión de mi iglesia a las 8:00 am, pero llegó tarde por alguna razón.  Cuando quiso entrar, no se lo permitieron y le indicaron que la próxima era a las 10:00 am, pero él no podía quedarse por un compromiso que ya tenía.  Así que se marchó.  Me contó que precisamente recordó otra vez que llegó tarde, y había sido once años atrás, me cuenta que en ese entonces llegó al final de la reunión, pero nadie le impidió entrar, y ese día fue el día de su nuevo nacimiento, y desde entonces ha estado en la iglesia.

Este comentario que me hacen hoy me hizo sentir profundamente apenado, pero a partir de hoy, dentro de la gente que más aprecio, se suma uno más.

SIETE PASOS PARA LOGRAR UNA META

Creo que todos los seres humanos queremos lograr cosas en la vida, es decir, tenemos metas.  Metas que pueden ir desde lograr una carrera hasta bajar de peso.  O desde levantar una empresa hasta ser un líder espiritual.  O desde ser un buen hijo hasta llegar a casarse.  La gama de metas es innumerable, de ahí que debemos seguir siete pasos, de lo contrario, hay tantas cosas que se pueden hacer que nos quedaremos viendo como pasa el tiempo sin hacer nada.  Muy bien cabe aquí el dicho de “mejor una en mano que cien volando”.
Pasos

1. Soñar.
Nada llegar a ser realidad sin primero ser un sueño.  Un sueño no es algo totalmente específico, pero si es una inspiración que te despierta para hacer algo.  Los sueños son como una puerta que te abre un mundo que deseas alcanzar.  Los sueños son un lenguaje, el lenguaje de la fe.  Y con la fe viene la imaginación, que te hace ver por adelantado el futuro.

2. Visionar.
Esto es comprometerte con tus sueños.  Soñar no es suficiente, debes casarte con tus sueños, ahí es donde se vuelve la visión de tu vida hasta que llegas a verla hecha realidad.

3. Planificar.
Te vuelves arquitecto.  Haces los planos y dibujas en tu mente etapa por etapa lo que deseas construir.  Los planes te van a guiar para no salirte del diseño de tu visión, de lo contrario pensando hacer un castillo terminarás haciendo un palomar.  Y como siempre digo: “El que no planifica, planifica para fracasar”.

4. Trabajar.
Soñar-Visionar-Planificar… ACCIÓN.  Es decir, manos a la obra.  Si no trabajamos siguiendo un plan amando una visión nunca veremos la sustancia ningún sueño.  Los millonarios trabajan 80 horas por semana.  Seguro hay un abuso ahí, pero la lección está clara.

5. Supervisar.
Lo que no se supervisa no se hace.  Es una ley.  Probablemente si papá y mamá no supervisan que sus hijos estudien, sencillamente no estudiarían lo suficiente para graduarse alguna vez.  A nivel personal, es la actitud de ser estricto en hacer aquello a lo que nos comprometimos.  A nivel de equipos de trabajo, es medir básicamente el cumplimiento de metas en el tiempo, la cantidad, y la calidad establecidas.  El espíritu de supervisar es que las cosas se hagan.

6. Evaluar.
Lo que no se evalúa no se mejora.  Es una ley.  Evaluar es valorar.  El espíritu de evaluar es cómo se están haciendo las cosas.  Supervisar es sobre quien trabaja.  Evaluar es sobre el rendimiento del que trabaja.  En ambos casos la medida debe ser la excelencia.

7. Innovar.
Lo que no se innova caduca.  Es una ley.  Innovar es lo que siempre nos mantiene al día.  Si una empresa fabricante de televisores se hubiera quedado haciéndolos de “tubos”, hace años que hubiera desaparecido.  Todos los puntos anteriores te llevan a la cumbre, pero la innovación te mantiene en ella.

Toma tiempo para reflexionar en cada punto para aplicarlo a tu vida, y nos veremos en la cumbre.