Category: Actitud

TALENTO SIN FIDELIDAD ES COMO CUERPO SIN ALMA

La fidelidad es uno de los atributos más elevados del carácter, de hecho, es requerida por Dios mismo, y si Dios la requiere, eso la pone en la cúspide de las virtudes del carácter.  Por ejemplo, Dios dice que al que es fiel en lo poco, lo pone sobre lo mucho.  Es decir, pretender escalar tiene como fundamento la fidelidad.  También Dios dice que para escoger a hombres que enseñen los principios de Dios deben ser fieles, y lo expresó muy bien el apóstol Pablo a Timoteo.  Y hablando de Pablo, él mismo fue que dijo que Dios lo puso en el ministerio porque lo halló fiel.

He conocido tanta gente talentosa pero con el gran defecto de la infidelidad, y eso me ha hecho lamentar cómo por falta de fidelidad sus talentos son opacados.  La gente infiel no muestra quienes son realmente, te sirven, te ríen, te ayudan, te dan sus talentos, pero siempre con reserva, siempre tienen algo guardado, y te usan hasta que ya no te necesitan.

No se si es el primer caso que vi, pero por lo menos es el primero que recuerdo.  Había un muchacho en la universidad que tocaba tan extraordinariamente la guitarra, que yo que tocaba también la guitarra, me hacía admirarlo, y algunas veces le pedí algunos “tips”.  No recuerdo a nadie que tocara como él.  Pero su talento no sirvió para nada, lo echó a perder su inconstancia, su rebeldía, su independencia, su insujeción, su orgullo, y todo eso es en el fondo mucho de lo que se encuentra en las personas infieles.

Después de ese caso he conocido otros, y es la misma historia.  Gente que uno pensaba que llegarían tan lejos y tan alto, quedaron tan cortos y tan bajo.  De ahí aprendí que el talento no es la clave, es la fidelidad.  Si tu crees que estás escaso en talento compénsalo con fidelidad.  Es más probable que llegues muy alto con poco talento y mucha fidelidad, que con mucho talento y poca fidelidad.  El reto sería entonces que lo que te falte de talento lo suplas con fidelidad.

La gente infiel da algunas señales en el camino, y por eso debemos estar alertas para reconocerlas para que luego no vengan a ser dañinos.  Por ejemplo, judas, antes de ser infiel a Jesús, ya había dado algunas señales como tomar del dinero de la bolsa del mantenimiento del equipo de trabajo, y había expresado que “no le parecían” algunas cosas que Jesús hizo.  Esa gente que dice a tus espaldas, que no está de acuerdo contigo en algunas cosas (por supuesto, operativas, no morales) son gente que debes poner en la lista de los de “mucho cuidado”, y de ninguna forma darles poder o presencia, te lo digo por experiencia.

Si algo debemos valorar en la gente es su fidelidad, por encima de su talento.  Hay gente que prácticamente se ha prostituido, se dan al mejor postor, porque el infiel no piensa en respetar a su autoridad o los demás, o una visión, él piensa en su bienestar.  El bienestar de la empresa o del ministerio está por debajo de sus intereses.  Gente así no puede estar a tu lado, tarde o temprano deciden dejarte.

Cuando encuentres una persona fiel a ti, y lo que haces, has encontrado a alguien digno de invertirte, y muy bien prepararlo para heredar mientras vivas, y para cuando mueras.  Gente así son diamantes que te hacen brillar cuando están contigo.  Los infieles te opacan.

El talento sin fidelidad es muerte, lo mismo que el cuerpo sin alma.

MUERE A TU VISIÓN

Hace unos 14 años estaba en los inicios del ministerio que hemos desarrollado, y desde el principio los jóvenes han sido muy importantes, de ahí que, dirigiendo personalmente la reunión de los jóvenes (en ese entonces unos ochenta en total que no llegaban siempre cada sábado), me alegré cuando llegó prácticamente toda una banda.  Acababan de ganar el primer lugar en un evento llamado “La Guerra de las Bandas”.  Siendo una banda cristiana, era todo un logro lo que ellos celebraban.  Dieciocho años después ya no existe la banda, y algunos de sus miembros no terminaron bien, todo por una sencilla razón: no murieron a su visión.

Les pregunté, teniendo el premio en la mano, que cuánta gente estuvo en el evento realizado una vez al año, me contestaron que la tremenda cantidad de unos quinientos, y en mi caso, eso era grande en comparación a mis inestables ochenta cada sábado.  Sin embargo, con firmeza les dije: “ayúdenme, vuélvanse la banda de los jóvenes, y un día tocarán todos los sábados frente a quinientos jóvenes llenos de la vida de Dios”.  Ellos no lo pensaron dos veces, la repuesta fue rápida y directa: ¡No!

Excepto uno, Oldman, que hoy es el director musical de una de las bandas, y el director asistente de todas las bandas que tenemos.  Está al lado mío.  Aquella banda analizó: ¿quinientos cada año y tocar en otros lugares todas las semanas, o estar aquí cada sábado, sin salir a ningún otro lugar, con un grupito de jóvenes que máximo llegan a ochenta, con alguien que nos promete algo grande y tiene esto pequeño?  Decidieron por lo que parecía más grande.  Yo les hablé claro con estas palabras: “mueran a su visión, únanse a la mía, y juntos la hacemos más grande”.  Esto suena mal para algunos, pero esto es lo que algunos hoy llaman “fusiones estratégicas”.  Y de las más actuales y famosas son las de las aerolíneas, donde una queda absorbida por la otra, al punto de que desaparece hasta su nombre, su logo, su publicidad, y por supuesto, algunos puestos importantes, pero decidieron morir a su visión para construir una más grande “fusionándose” con otro.  En algunos casos estas fusiones han sido la salvación de las partes o la parte más pequeña, y sus decisiones el futuro testificó que fueron las más acertadas.

He visto varios casos de personas que no decidieron morir a su visión, y que en lugar de hacer algo grande juntos, deciden independizarse sin discernir lo grande corporal desequilibrándose por la grandeza individual, sin discernir que el equipo puede lograr más que las individualidades.  De hecho, sin un buen equipo, las individualidades no brillan, que lo diga Messi en la recién pasada copa mundial de fútbol en Sudáfrica.  Acabo de ser testigo de una de esas malas decisiones de una persona, que hasta lamento haber apoyado financieramente.  En ese caso, a mi fue el que me faltó discernimiento.  Puedo recordar a otros que “no murieron a su visión”, que al final, no lograron mucho o nada.

Pero volviendo al principio.  Como les conté, han pasado unos 14 años, y aquel grupo de jóvenes creció, y hace unos cinco años ya eran aquellos quinientos jóvenes que había declarado, pero aquella banda ya no existía, y seguro que alguien los recordaba si les preguntaban, pero la banda que ahora estaba todos los sábados era otra.  Y hoy, aquel grupito jóvenes ha llegado a ser la reunión de jóvenes más grande del país, y cada sábado, la banda que si murió a su visión para tomar una más grande, toca frente a cinco mil jóvenes vibrantes en el Espíritu con sueños de grandeza adquiriendo un carácter brillante para mostrar al mundo una nueva generación.  Mis respetos para la banda Overflow, y mi admiración para los Takers, que tuve el privilegio de verles nacer desde aquellos primeros pasos en que les di la mano para que empezaran a caminar con la visión que Dios me dio.

¡Únete a esta visión!  ¡Vamos para cosas grandes, cada vez más grandes!

¿EMPUJAS O TE EMPUJAN?

Me he encontrado en mi caminar por la vida con gente que hay que empujar para que hagan las cosas, y hay otros que más bien hasta lo empujan a uno.  Me refiero a la buenas cosas, comentar los que lo hacen para lo malo no vale la pena.  Y seguro que tu también puedes recordar a algunos con nombre y apellido a los que tenías que empujar, y también a los que te empujaron para ir a cosas mejores y más grandes.

En forma concisa esto es lo que pienso cuando digo ¿empujas o te empujan?:

1. A los que hay que empujar te restan las fuerzas, los que te empujan te las multiplican.
En mi caso, cuando hay gente que me empuja, me demanda que haga más, que de más, que logre más, y claro, según el potencial que uno tenga, así puede dar, pero cuando te “estimulan” entonces produces más, y al final se multiplicó lo que podías hacer.  Te pueden empujar a hacer un libro, a escribir una carta, a hacer unas llamadas, a visitar a alguna persona, a emprender una empresa, a desarrollar un negocio, a dar un seminario, a prepararte en algo más, ha pretender algo más grande… mil cosas.  Gracias a Dios por esos que te empujan.  En el caso de los que tienes que empujar para que hagan las cosas es como empujar un vehículo atorado en el lodo, no logran salir de ahí, giran y giran sus ruedas pero no llegan a ningún lado, más bien de ensucian, y todos tus esfuerzos se hacen en vano, al punto del agotamiento.  Si no ponen de su parte para salir de ahí, ahí se quedarán, y poco a poco se herrumbrarán hasta ser desechados.  Si por ahora eres de los que te empujan responde bien para que avances.  Y ojalá que aspires a volverte de los que empujan.

2. A los que hay que empujar no tienen visión, a los que empujan les sobra.
Los que empujan tienen sueños de grandeza, para ellos todo es posible, pero saben que solos no lo pueden hacer, así que empujan a otros a creer en sus sueños, y eso hace más grande la base para construir.  Los que empujan tienen sentido de dirección, quieren llegar a alguna parte, no están empujando al azar.  Ellos tienen un puerto donde quieren atracar, en cambio, a los que hay que empujar muchas veces están en medio del océano, y para ellos cualquier viento es bueno, pero para los que empujan no aceptan cualquier viento, solo si va en la dirección que apunta a su destino.

3. A los que hay que empujar nos pueden llegar a ayudar, a los que nos empujan de seguro nos ayudan.
En cierto sentido todos somos las dos cosas, empujamos y nos empujan.  No muy bueno es que solo respondas a cuando te empujan, y lo peor es que te empujen y ni siquiera respondas.  Los que responden solo cuando los empujan no es tan malo, indica que tienen ruedas por lo menos, porque de lo contrario sería arrastrarlos.  Pero los que empujan tienen motor.  Si respondes a que otros “te empujen”, es muy probable que descubras que también tienes motor, solo que faltaba que se estimulara un poquito.  ¡Enhorabuena!

“NO ES LA FLECHA, ES EL INDIO”

Una vez, en una clase de golf que me daba un profesor, le comenté que porqué no avanzaba como yo quería, pues llevaba ya varias de las clases, y se acercaba la última, y no miraba el progreso que me había imaginado.  Buscando en mi mente las posibles razones, pensé que de seguro era la clase de palos que yo usaba, que no eran como los de los profesionales, de materiales especiales, cortados a la medida, personalizados hasta los últimos detalles, que en comparación a los míos, genéricos, seguro que hacían la gran diferencia.  Por supuesto, la clase de palos son un factor, pero mi profesor me echó abajo mi argumento, cuando me dijo: “no es la flecha, es el indio”.

Paso seguido, mi profesor me lo quiso demostrar.  Me quitó los palos y me dijo lo que quería hacer.  Tomó una de las pelotas, que no eran nuevas, eran recicladas, no eran de las mejores marcas, eran de las que se recogían en el campo.  La colocó en el suelo, se posicionó, me dijo que haría que saliera hacia la izquierda, hiciera una curva de tanto hacia la derecha y llegara justo a tantas yardas, y todo a una altura de tantas yardas también.  La golpeó con mis palos, con aquella pelota, y justo hizo lo que me dijo.  Después me dijo, ahora al revés, saldrá a la derecha, la curva a la izquierda, la distancia recorrida tanto y caerá en tal punto.  Se posicionó, la golpeó, ¿y qué creen?  Hizo lo que me dijo que haría.  Me volvió a ver, me dio el palo, mi palo genérico, y me dijo: “no es la flecha, es el indio”.

Muchas veces en la vida andamos diciendo que las cosas no nos salen como queremos, las cosas no dibujan las curvas que queríamos, las cosas no llegan hasta habíamos pensado, y entonces decimos que es por aquella o por aquella otra razón.  Hacemos una lista de los factores que nos echaron a perder nuestros sueños, que desplomaron nuestras aspiraciones, que bloquearon nuestros anhelos, que entorpecieron nuestro camino, y la lista de razones se parece a nuestro manual de excusas que todo mundo debe leer para que nos comprenda, pero saben que… “no es la flecha, es el indio”.

Una vez alguien molesto me dijo: “es que usted no me da la oportunidad”, pensando que a otros les tenía cierto favoritismo.  Y recuerdo que ahí entendí algo muy importante, “las oportunidades no te llegan, se crean”.  Si por ejemplo, quieres un ascenso, pero llegas tarde, respondes irrespetuosamente a tus superiores, haces mal lo que se te pide, tratas mal a los demás, no trabajas bien en equipo, chismeas, eres tan lento para hacer las cosas que haces parecer a una tortuga como si fuera “Flash”, y tras de todo siempre andas pidiendo permisos, y tras de todo, aumentos al salario.  Te digo una cosa, no estás creando las oportunidades para un ascenso, sino para un despido “flash”.  No es que el mundo se ha confabulado contra ti, es que… “no es la flecha, es el indio” el responsable.

Te animo a que creas que con “palos y pelotas” de los comunes y corrientes puedes hacer cosas extraordinarias.  Y cambiando la metáfora, los pinceles pueden ser genéricos, hasta que llegan a las manos de un Pablo Picaso.  La bola de fútbol puede ser de aquellas de “gajos” de cuero hasta que llegan a los pies de un Messi.  Las canciones pueden ser corrientes hasta que llegan a la boca de un Andrea Bocelli.  Las oraciones pueden parecer imposibles hasta que llegan hombres como Elías.  Es que estoy convencido que… “no es la flecha, es el indio”.

LAS PERSONAS ESTRICTAS SON DESAGRADABLES… PARA LOS MEDIOCRES

He sido considerado por algunos como una persona estricta, pero cuando lo han dicho es como si fuera un defecto de carácter, o una manera de ser equivocada.  Tal vez la confusión surja porque las personas estrictas se molestan cuando las cosas no se hacen bien, o cuando no se hacen a tiempo, o cuando la importancia de las cosas parece despreciarse al no responderse como se debe.  No es que la persona estricta es como un ogro, es que las demandas molestan a los que no dan la talla.  Por supuesto, una persona estricta puede cruzar la línea, y exaltado por la ineficiencia, la improductividad, la incompetencia, la pereza, la pérdida de tiempo y dinero, la lentitud, las excusas, y en general, por la mediocridad, muestran su desagrado en forma clara desde su tono de voz hasta sus ademanes.  Y no estoy afirmando que está correcto, pero si tratando de comprender a los estrictos, que merecen también una buena dosis de consideración.

Esta es mi lista de consideración:

Si no hubiese gente estricta no habrían cosas que pudiéramos darles la calificación de “excelente”.

Si no hubiese gente estricta no habrían vuelos (desafíos) exitosos al espacio, probablemente todos hubiesen sido fallidos intentos de fatales explosiones espaciales.

Si no hubiese gente estricta no habrían pasado al siguiente nivel muchas empresas exitosas el día de hoy.

Si no hubiese gente estricta para aferrarse a una visión, los que les atacaron les habrían vencido.

Si no hubiese gente estricta tendríamos las calles atestadas al doble o triple de más delincuentes.

Si no hubiese gente estricta no se hubieran descubierto los talentos de muchos que afloraron por demandarse al potencial que hay en la cuenta de todos.

Si no hubiese gente estricta las cosas nunca hubieran mejorado, y todo hubiera seguido igual, y por ende, lo que no progresa se atrofia.

Las personas estrictas tienen en gran estima la calidad.  De hecho, en control de calidad, lo que se requiere es que se cumplan las normas estrictamente.  Si las empresas que venden hamburguesas descuidan las normas de presentación, sabor, tamaño, peso, limpieza, atención, etc., hace ratos ya les hubiera pasado lo que les ha pasado a los que abrieron en una esquina su venta de hamburguesas y no fueron estrictos con la calidad, tuvieron que cerrar.

Ser estrictos nos ayudará en cualquier área de la vida, y por supuesto en cualquier ocupación que tengamos.  Ser estricto no es malo, es muy bueno.  Lo sentimos por los que no lo ven así, pero no llegaran muy lejos.

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LOS BENEFICIOS DE LA VERGÜENZA

Justamente ayer escribí sobre otro aspecto de la vergüenza, a distinción del enfoqué para el post de hoy.  Y es que algunos comentarios sobre el de ayer me inspiraron para escribir este.   La vergüenza, como vimos ayer, puede producir un efecto negativo, y debemos evitar las consecuencias dañinas que generan, pero hay otra cara de la moneda, la de los efectos positivos que nos pueden remunerar muy provechosamente.

Y para verlos mejor, veamos algo de la etimología de la palabra “vergüenza”.  Esta viene del latín verecundia, que a su vez viene del adjetivo verbal verecundo, que se deriva del verbo vereri, que literalmente significa “temer, no atreverse a hacer algo”, pero no por miedo o terror, sino por respeto o reverencia, palabra que procede de ese mismo verbo.  A su vez, éste es un significado posterior, porque en principio vereri quería decir “guardarse, cuidarse de hacer algo”. La razón estriba en que procede de la raíz indoeuropea var-, que significa “cubrir, proteger, defender”.

Así que cuando una persona tiene vergüenza, eso le frena al “no atreverse a hacer algo”.  ¿Qué pasaría si todos fuéramos sin vergüenza?  No será esto lo que ha pasado en las últimas décadas, y no tantas.  Hace tan solo tres décadas, aquí en Costa Rica, una joven que salía embarazada, sin estar casada, provocaba tal escándalo que en algunas ocasiones la familia, para suavizar un poco la vergüenza, la enviaban a algún lugar lejano de su hogar.  Y eso, ¿no detenía tantos hijos desarrollándose sin los modelos correctos para su correcta formación personal, que luego, siendo víctimas, sufrían de conflictos de identidad y autoridad?  Cuándo los hijos perdieron la vergüenza de gritar a sus padres resultan los maleantes, drogadictos, rebeldes, y en general, familias desintegradas.

Cuando se pierde la vergüenza se quitan todas las barreras, y de ahí aberraciones sexuales, violaciones, robos, abusos, fraudes, vagancia, aprovecharse de los débiles, vestirse en forma indecorosa, exhibicionismo corporal en público y por medios de comunicación, tomar lo ajeno, hablar en forma vulgar, etc., etc.  Como vimos arriba, parte del significado original de vergüenza es “temer por respeto o reverencia”.

Y la otra parte del origen de la palabra es “guardarse, cuidarse de hacer algo”.  Es decir, hay un efecto de protección par el que tiene vergüenza.  La vergüenza nos libra de males consecuencias.  Perder la vergüenza es abrirle la puerta a mil maldiciones.  No podemos aferrarnos a la vergüenza, permitiendo, por un lado, que nos paralice e impida nuestro desarrollo.  Pero por el otro lado, no podemos aflojar tanto la vergüenza, que caigan los muros de protección natural que tenemos por la misma creación.  Vergüenza, en dosis adecuadas, nos harán mucho bien.  Y muy especialmente, “vereri” de Dios.  Si ya no respetas a Dios, ¿respetarás a los demás?  Enhorabuena que la tengamos.

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