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LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (CUATRO TIPOS DE OYENTES)

La “Parábola del Sembrador” es la más famosa de las parábolas que compartió Jesús, y la importancia de esta se debe a dos cosas, uno, que esta es clave, según dijo Jesús mismo, para entender todas las demás, y dos, que esta es transcendental porque se refiere al oír que lleva a la fe para la salvación eterna. Y una cosa más antes de ir al bosquejo, las cuatro actitudes que se tienen al oír la Palabra no solo se presentan en los no creyentes, lamentablemente también en los creyentes, de ahí que también debemos tener oído abierto para recibir lecciones para nuestro provecho en la fe.

La Parábola del Sembrador

¡Nuestro anhelo es llegar a ser tan frutífero como el que dio más: ciento por uno!

EL PODER DE LA DISCULPA

De toda la humanidad uno puede hacer dos sencillos grupos: los que se disculpan y los que no se disculpan.  Seguro que te ha pasado que uno le llama la atención a una persona por algún buen motivo, no fue asunto de que de la nada se le reprendió, la verdad es que hubo una razón justificada y de peso por lo cual se le reprendió.  Pero cuando se le llama la atención la persona da mil argumentos, resiste, y hasta termina reprendiendo al que le reprende, porque cree que es una injusticia hacia él la reprensión, y en lugar de simplemente reconocer su error y disculparse, toma una posición conflictiva nada agradable.

Por supuesto, la próxima vez que debas reprender a la misma persona, eso no va a ser la mejor tarea del día que te toca realizar.

La persona que se disculpa:

  1. Se le abren puertas, porque inspira confianza.
  2. Es muy agradable para crear relaciones que pueden llevar a buena amistad y oportunidades.  Muchas veces, lo que hace el que se disculpa no solo es crear una relación nueva, sino sanar una relación que se había deteriorado.  La disculpa hizo el puente de la restauración.
  3. Le cae bien casi a todo el mundo (porque no siempre le caemos bien a todos).
  4. La persona que se disculpa aprende y mejora.
  5. La persona que se disculpa no hay que reprenderla con fuerza, de hecho, muchas veces se adelanta a la reprensión.
  6. La persona que pide disculpas demuestra fortaleza, no debilidad de carácter.
  7. La persona que pide disculpas camina en el espíritu de humildad, y esta característica eleva a quien se disculpa.  Y en ella se cumplirá la máxima bíblica: “el que se humilla será exaltado”.

Al dedicarme a tratar con gente, y especialmente, en el desarrollo del carácter, veo que todos somos diamantes para ser pulidos, y cada vez que tuve que reprender a alguien y aceptó la reprensión con disculpas sinceras, eso hizo que esa persona brillara más, estaba siendo pulida y se dejó, y por consecuencia reflejo mayor luz.  Pero también he tenido el caso de tener que reprender y obtener una reacción negativa, incomoda, y nada feliz de la persona reprendida, que al final resultó en un diamante no pulido, y cuanto siguen por la vida nunca brillaron, eran diamantes, pero sin la forma correcta para brillar.  ¡Cuando te disculpas… brillas!

¿CÓMO ECHAR A PERDER TU COSECHA?

Estoy saliendo a caminar casi de madrugada los martes y los sábados, con la particularidad de que lo estoy haciendo en una montaña que queda a media hora en auto desde de mi casa.  Y la caminata es como de varios kilómetros, y como es montaña, hay varias rutas que van desde los 8 a los 16 kilómetros.  En la ruta de hoy me llamó la atención un solitario árbol de mandarinas que estaba completamente cargado de fruto. Este árbol está al lado de la propiedad donde hacemos la caminata, por lo tanto, nadie a tomado ese fruto, y el propietario de al lado tampoco.

Uno de los compañeros de caminata es un ingeniero agrónomo, y le pregunté si ese fruto todavía estaba bueno, y la respuesta que me dió fue más allá.

Me dijo que el problema no era que ese fruto ahora se pudiera comer, lo malo es que por no haberse recogido, eso dañaba la siguiente cosecha.  Y cómo nadie recogió el fruto, ese árbol en particular reaccionaba deteniendo la siguiente cosecha.  Pues los árboles dan cosecha cuando la recogen la actual, siguiendo su naturaleza de preservar la especie.  Y como nadie le quitó el fruto, el mensaje que recibía era que no sería necesario dar más, pues no estaba en riesgo la especie, la tenía colgando en sus ramas.

Eso me pareció extraordinario.  Y he aquí algunas lecciones:

1. No hay multiplicación si nos quedamos con el mismo fruto.  Obvio, pero que lamentable.

2. No hay multiplicación si no recogemos el fruto.

3. Recoger el fruto es hacer que generen más fruto.  Las mandarinas traen las semillas que luego sembramos para que hayan más árboles de mandarina.  Si dejamos las mandarinas en el árbol, esas semillas se pierden también.

4. Hablando de personas.  Si no ponemos a producir a los que tenemos, siempre tendremos a los mismos, y los que tenemos se van echando a perder.  Y eso hace que la cosecha que sigue también se eche a perder.

5. Deberíamos poner en práctica la naturaleza del árbol, de que al quitársenos alguna vez algún fruto, reaccionemos dando más fruto para preservar la especie.

6. Dejarse la cosecha hace que la siguiente sea una mala cosecha.  Así hay gente que se aferra “a lo suyo”, y echa a perder cosas mejores por venir.

7. Y una lección más.  Cuando no “arrancas” a alguien de tu dependencia, no podrá crecer como otro árbol, siempre será solo una mandarina solitaria.

Espero que alguna de las lecciones que tomé te sirvan en tu actividad personal.

VALE POR VEINTE Y HASTA POR CIEN

Cuando salí de trabajar de otro ministerio, hace como veinte años, descubrí después que tuvieron que sustituirme con cinco personas para que realizaran lo que yo solo hacía, y esto no es arrogancia, para nada, me enseñó un principio que luego supe no era original de mi parte, ya existía muchos años antes de mi nacimiento.  Sin embargo, sin saberlo, en aquel entonces ya valía por cinco.

Al avanzar los años y ocupar posiciones de liderazgo y dirección de personal me he encontrado con personas que cuando se van o se les despide no hay que sustituirlas por nadie, no valían ni siquiera lo suficiente como para buscar UN sustituto, pero también he vivido otros casos donde el que se fue, por tantas razones que pueden existir, nadie lo ha logrado sustituir, valía POR VARIOS.

Tenemos que reconocer nuestros límites, pero estoy seguro que todos podemos valer por más de uno.  Es decir, nunca te conformes con hacer lo que tu solo puedes hacer, apunta más arriba, que lo que hagas sea como por dos, o tres, o más.  Pero oigan esto, en la Biblia, en el Antiguo Testamento, específicamente en el libro de Levíticos capítulo 28, versículo 8 dice: “cinco de vosotros perseguirán a cien​​, y cien de vosotros perseguirán a diez mil”, eso es, en el primer caso VALER POR VEINTE (porque si cinco echan a ciento, entonces uno echa a viente), y el segundo caso es VALER POR CIEN (porque si ciento echan a diez mil, uno echa a cien).  Esto es VALER.

Creo que hay varias formas de llegar a valer por varios, cuyo mínimo lógico es dos, pero el mínimo bíblico es veinte.Multiply3

1. Actuar apasionadamente.
La pasión te multiplica, es un detonante de tu propio potencial.  Nunca hagas las cosas por la fuerza con que te las pidan, sino por la fuerza de tu pasión por hacerlas bien y en tiempo record.

2. Asumir más responsabilidad responsablemente.
Es decir, no tomes más cargos de los que puedas, pero estoy seguro que para empezar puedes con unas dos cosas más de las que tienes.  Si eres dirigente de un departamento, también puedes ser líder de un grupo pequeño, también puedes ser padre, además buen esposo, y empezar tu negocio.  Aquí vales por cinco, pero por cinco de verdad, no 0.2 que multiplicado por 5 el resultado es 1 (0.2 x 5 = 1).  Es decir, responsabilidad responsable.

3. Forma un equipo y delega supervisando de cerca.
Si eres líder, y formas veinte, el resultado es que partiendo de ti se hace el trabajo de veinte.  Si quieres valer por cien, ya sabes que hacer.

4. Recibe una gracia especial de Dios.
Lo que pasa es que, siendo ordinarios Dios nos hace extraordinarios, nos da una fuerza, una percepción, un entendimiento, una sabiduría, potenciada por su Espíritu para hacernos muy provechosos.  Un ejemplo lo dio el mismo Señor Jesús cuando dijo que unos darían fruto a treina POR UNO, otros a sesenta POR UNO, y otros a ciento POR UNO.

No puedes estar contento siendo solo UNO POR UNO.