Category: Pecado

PONIENDO LA VIDA EN ORDEN

Hace unos días les puse un video del ex-guitarrista de Korn, Brian Head.  Pero este otro es su propio testimonio.  Tomen nota del final, cuando dice: “Soy el segundo”.  Eso se refiere a orden.  Primero es Dios, después nosotros.  Si sigues ese orden estás poniendo en orden tu vida.  Disfruta el video.

Si Dios lo hizo con Brian, si te dejas, Él también puede poner en orden tu vida.

¿CÓMO CONTROLAR EL ORGULLO?

Orgullo es una emoción que todos hemos sentido.  Y básicamente se trata de sentirse superior a los demás y hacer sentir a los demás inferiores u oprimiéndolos.  En este sentido decimos que el orgullo es pecado, entendiendo pecado como “errar al blanco” (uno de los significados de “pecado” en griego).  Tomando mi descripción del orgullo, a nadie le calza mejor que al diablo, quién quiso “subir” y ser semejante a Dios, y oprimir a la humanidad.

Y ya que todos hemos sido asaltados por esta clase de emoción, ¿cómo controlar el orgullo?

1. Nunca menospreciando a nadie.
Desde el más pequeño de edad, dinero, estudios, experiencia, o lo que sea, tiene algo que darnos, y de pronto hasta nos sorprende.  Nunca debemos hacer burla de los defectos o deficiencias de los demás.  Cosas cómo: “¿usted quién es?”, son maneras de expresar nuestra arrogancia, altivez y soberbia.  Aquellos que dicen: “usted no es nadie para enseñarme”, puede que se hayan perdido un buen maestro en el camino, que bien no sean maestros en todo, pero pueden ser maestros en algo importante de nuestra vida.  Una de las cosas que he aprendido es a tratar con cariño a toda la gente, no por politiquería, sino por principio de vida.  Ser cariñoso, accesible, educado, respetuoso de todos es un buen ejercicio para mantenerse humilde, libre de orgullo.  Al final todos somos iguales, vinimos sin nada a este mundo, e igual, nos vamos sin nada.  ¿Entonces porqué pavonearnos?  Los pavos terminan asados.

Turkey2

2. Nunca auto-promoviéndose.
Uno puede saber para que es bueno, pero nos podemos pasar si comenzamos a usar palabras y frases que suenan más bien a petulancia.  Mejor sigue este consejo: “que no te alabe tu propia boca, sino la de los demás”.

3. Reconociendo cuando se equivoca.
Al orgulloso le cuesta reconocer que se equivocó, pero si queremos mantener lejos al orgullo, haz lo contrario a lo que te impulsa el orgullo, que generalmente es justificar tus errores con las deficiencias de los demás, mejor humíllate y reconoce que TU hiciste lo incorrecto.

4. Pidiendo perdón.
Si tus acciones no solo fueron equivocadas en procedimientos, sino que afectaste a alguna persona, sin importar que sea inferior en rango, solo por ser persona pídele perdón, sin agregar nada como: “y yo también te perdono”.  Lo echaste a perder.

5. Reconociendo a quien se lo merece.
Si ves que alguien hizo o dijo algo bueno, y el orgullo te quiere atrapar hasta molestándote porque otro fue el que hizo o dijo eso bueno, a propósito búscalo y felicítalo, y si lo puedes hacer en público, muchísimo mejor.

6. Sirviendo a otros.
El orgulloso pretende que los demás sean como sus esclavos, pero qué tal si tu al que menos se lo esperaba llegas y le sirves.  Recogerle el plato de la mesa al más pequeño de todos.  Y de ahí en adelante, hasta donde podamos, pues no hay límites cuando se trata de servir.

7. Dejando de pavonear.
Si lo que tienes es lo que te hace sentir más grande o mejor que los demás, quiere decir que lo que eres no es suficiente grande para sentirte bien.  Ser y tener son cosas muy distintas.  Ser es lo interno, tener es lo externo.  Ser es lo que realmente eres, tener es lo que parece que eres.  Algunos brillan por lo que tienen, pero son opacos por lo que son.  Por eso el orgulloso se vuelve exhibicionista, y se alimenta de los elogios de los demás, su motivación es que lo vean.  Deja de hacer las cosas para que te vean, hazlas porque simplemente ayudas.  Y por supuesto, no tiene nada de malo el elogio, pero no como la motivación de tus acciones, sino cómo el indicio de que lo hecho fue bien hecho.

Al controlar el orgullo disfrutarás de otras más satisfactorias emociones de la vida.  Le pondrás tu pie en la cabeza a Leviatán.

TRES LECCIONES DEL PECADO

La palabra pecado en una de sus acepciones originales del idioma griego es “errar al blanco”.  Cuando en lugar de perdonar te aferras al odio, estás errando al blanco, y las consecuencias son inevitables, en el caso de este ejemplo, hasta enfermedades psicosomáticas, y ni se diga los desórdenes emocionales, pues nadie que se aferra a tales sentimientos vive en paz.

Pero hay otros “pecados” que tienen mayores consecuencias, sobre todo cuando están en relación a una familia, y más aún cuando se está vinculado a un grupo de gente que depende de alguna manera de la persona que “falla”.  Y aunque no son agradables las consecuencias, o el sentimiento que embarga al que falló, hay por lo menos tres lecciones del pecado:

1. Reconocemos que somos débiles.
No somos tan fuertes como nos creemos, y el pecado es una evidencia clara.  Algunos han declarado que “de esa agua no beberé” para verse luego no solo bebiendo sino hundidos en es agua.  Todo lo cual demuestra, como dijo el Salmista: “acuérdate que somos polvo”.  Somos frágiles, tanto que una gripe nos postra en una cama, o como actualmente pasa, la declaramos una pandemia que tiene en su haber centenares de muertos.  Está claro, no somos “Superman” o “Superchica”.

Superman3b

2. Nos volvemos más considerados.
Cuando tu nos has caido ves a los que caen como dignos de las más estrictas disciplinas, hasta el día que uno mismo cae, ahí las cosas tienen otra manera de verse.  La verdad es que absolutamente todos hemos fallado.  Lo que pasa es que algunos parecen ser más justos que Dios, y se les olvidó cuántas veces han sido levantados de sus propias caídas.  Nuestro deber no es ser jueces que condenan, es ser misericordiosos y compresivos que restauran, y aquí viene una de mis frases favoritas: “Si tu caída fue escandalosa, que tu restauración sea más escandalosa”.

3. Valoramos más la misericordia de Dios.
Misericordia es NO recibir lo que merecemos.  Has fallado, lo que merecemos es castigo.  Pero cuando yo reviso el actuar de Dios es muy diferente, y no me refiero a estudios profundos de la Biblia, sino revisar nuestro propio historial.  Dios es un Dios de oportunidades, y muchas de nuestras caídas las usa para prepararnos para responsabilidades mayores.  Esto suena ilógico, pero así es la misericordia de Dios.  Cuando Pedro negó y maldijo a Jesús, hoy en alguna iglesia sería perfecto candidato para aplicarle alguna de las disciplinas que tienen ya pre-establecidas, seguro que para Pedro sería como la disciplina 666, pero Dios tenía un método diferente, lo convirtió en el primero que anunció la salvación por gracia y tres mil respondieron.

Cuando tenemos un Dios así, ¿cómo no venir a Él?