Category: Prosperity

DIEZ LEYES PARA SER UN PAÍS PRÓSPERO

Una de las características de las diez naciones más prósperas de la Tierra es que respetan las leyes.  Si damos una rápida ojeada a esas naciones vemos eso, por ejemplo, Inglaterra.  He estado en esa nación y se ve desde que uno anda en la carretera en auto, o cuando uno camina por sus calles.  Por supuesto, no las cumplen perfectamente, pero tienden a cumplirlos.  Nuestras naciones latinas tienden a transgredirlas, por ejemplo, si no evadiéramos el pago de los impuestos, no habría necesidad de inventar nuevos impuestos, lo que hay que hacer es mejorar la recolección de los tributos para inducir a cumplir ese pago.

Cuando examino cuáles serían las mejores leyes que al obedecerlas generarían prosperidad para las naciones concuerdo con el autor de las diez leyes que harían posible eso.  En forma muy agradable y visual las pongo en esta animación.  Solo medita, y definitivamente llegarías a la misma conclusión, si las ponemos por obra a la humanidad le iría muy bien, y extirparíamos tantos flagelos que tienen enferma a las sociedades del mundo.

Aquí están.

Cuando volvamos a reconocer al Legislador de estas diez leyes, no necesitaríamos tantísimas leyes que solo demuestran que cuando dejamos las leyes mayores y de fondo, las menores y superfluas, no llegan a equipararse.  Es más, queda en evidencia el fracaso cuando las criaturas tratan de administrarse a sí mismos sin tomar en cuenta al Creador.  Sería bueno que oigamos a nivel personal y nacional lo que sigue diciéndonos Dios mismo: “volveos a Mi, y Yo me volveré a vosotros”.

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EL REQUISITO BÁSICO PARA QUE PROSPERE UNA NACIÓN, UNA CIUDAD, O UNA FAMILIA

Nadie duda de que es mejor la prosperidad que cualquier otra condición social. Creo que nadie ve la pobreza como una bendición. Algunos usan mal la palabra humildad cuando se refieren a “gente humilde” como sinónimo de gente de bajos recursos. Si fuera correcto, entonces diríamos que en África, o Centroamérica, hay gente muriendo de pura “humildad”. Y la gente no muere de humildad.

La prosperidad de una nación, de una ciudad, y de una familia es en gran manera deseable.

Si la nación es próspera de inmediato se reduciría el índice de criminalidad, y de seguro que hasta el índice de divorcios se reduciría, porque muchos de estos son consecuencia de problemas financieros. Una nación próspera sería una nación con alto índice de desarrollo. Sería atractiva a la inversión extranjera, y habría trabajo de sobra, lo cual haría bajar el desempleo, y los salarios mínimos serían buenos. En general, la atmósfera de la sociedad en una nación próspera sería de paz y gozo. Sueno a utopía, pero si cumpliéramos el requisito básico de la prosperidad, sería posible.

Si una ciudad es próspera, la ciudad sería marcada por la belleza, el orden, las buenas carreteras, la apertura de nuevos negocios, mejores servicios a los ciudadanos, y muy importante, la seguridad ciudadana tendría una gran mejoría. En general, los ciudadanos se sentirían contentos en vivir en una ciudad así, siempre y cuando se practicara el requisito básico de la prosperidad.

Si una familia es próspera, empieza por un matrimonio que se llevan bien y disfrutan como pareja, y cuando vienen los hijos ellos logran cosas que sus padres no lograron, y nunca dejan de avanzar en todo, desde lo material hasta lo espiritual. En general hay satisfacción y alegrías al ser una familia próspera porque están practicando el requisito básico para esa prosperidad.

¿Y cuál es ese requisito básico? La respuesta es NO ESTAR DIVIDIDOS CONTRA SI MISMOS. Simple, pero efectivo. Si todos las fuerzas claves de un país se unieran, en lugar de estorbarse unos a otros, mejores leyes, mejores proyectos, y más rápidas decisiones para pasar a las acciones harían mejores naciones. Y lo mismo es cierto para una ciudad y para una familia. Si los miembros de esa familia estuvieran “unánimes”, todos yendo en la misma dirección, aportando para la misma visión, hablando lo mismo y sintiendo lo mismo, sería una familia con altísimas probabilidades de ser una familia próspera. Este principio de no estar divididos contra sí mismos lo aprendí de Jesús (Mt.12:25). Noten que Él es quien menciona estas tres cosas tan importantes para la prosperidad de nuestra sociedad.

LA LEY DE LA OPORTUNIDAD

Una de las verdades más curiosas que aprendí fue esta: La ley de la oportunidad.  Un discípulo me dijo: “Usted nunca me da la oportunidad”.  A lo que le respondí: “Las oportunidades nunca llegan, tu vas a ellas”.  Pero la verdad es que yo mismo nunca lo había visto así.  En forma práctica se era una realidad en mi, pero la forma de decirlo era nueva.

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Las oportunidades algunos las están esperando como si fuera algún tipo de lotería, en la que se anuncia el número, yo digo que lo tengo, y voy por mi premio.  Las oportunidades no son así.  No llegan así.  No tocan a la puerta así.  Las oportunidades “le llegan” a dos clases de personas:

1. Las personas que se preparan.
Por ejemplo, admiras a esos conferencistas que dan sus disertaciones espectaculares frente a cientos y miles de personas, lo hacen con propiedad, con elocuencia, con dinamismo, persuadiendo para poner por obra algún principio, motivando para emprender algún proyecto, y todo lo hacen parecer tan fácil.  Lo cierto es que esa oportunidad de hablarle a cientos y miles en un amplio auditorio es la punta del “iceberg”, porque en el fondo hay años de preparación, años de perseverancia para dominar sus temas y demostrarlos en la vida propia.  No a cualquiera ponen de conferencista principal en un gran evento.  Realmente la oportunidad no le llegó, él fue caminando día tras día, mes tras mes, año tras año, y tal vez hasta decenio tras decenio hasta que llegó a su oportunidad.  Y lo mismo es para futbolistas, guitarristas, predicadores, doctores, artesanos, fabricantes de algo, vendedores, y cualesquiera otra ocupación y profesión.

Mientras algunos duermen, ellos se preparan.  Mientras otros están jugando, ellos se preparan.  Mientras otros pierden el tiempo, ellos e preparan.  ¿Quién recibirá las oportunidades en la vida?   Cuando veamos a los que disfrutan de las oportunidades es porque ellos estuvieron ahí, donde llegan las oportunidades, y nosotros estábamos en otro lado.

2. Las personas que trabajan.
Los diez bancos más grandes del mundo se levantaron en Japón.  ¿Recuerda?  Donde dos bombas atómicas destruyeron dos grandes ciudades e hicieron que colapsara esa nación, empezando por su rendición frente a los aliados.  Y en esa nación ahora están los diez bancos más grandes del mundo.  ¿Por qué?  Porque son gente trabajadora.  Occidente ha tomado prácticas como “justo a tiempo”, “Calidad total”, “Las cinco S”, “trabajo en equipo”, y muchas más de la experiencia japonesa en cuanto a su forma de trabajar.  Hasta las huelgas son diferentes.  Nosotros los latinos tenemos “sindicatos”, “huelguistas”, etc.  que reclaman más días de vacaciones, más horas libres, más beneficios, más días festivos, más fines de semana largos, y más monopolio para no tener que trabajar contra la competencia.  A un perezoso le llega una oportunidad, y por pura pereza no la aprovecha.  Pero lo cierto, es que ni le va a llegar.

Las oportunidades se mueven solamente en el ambiente de la preparación y el trabajo, fuera de ahí, no existen.  Es una ley.  La oportunidad es selectiva, no a todos les toca la puerta.

EL PODER DEL ORDEN

Intento dar una definición de “orden”, que espero, podamos coincidir.  Orden es… ubicar inteligentemente en pro de la funcionalidad y por ende, la productividad.  Si miro mi escritorio veo que tengo cosas a la derecha y a la izquierda de mi laptop, y lo que que está a un lado y a otro debe estar ahí.  Por ejemplo, mi impresora no puede ir a la derecha, mi disco duro externo no puede ir a la derecha.  Sería un desorden si ubico esas dos cosas en otro lugar.

¿Te ha pasado que no encontrar las llaves te ha echado a perder el día?  ¿Dónde estarán?  Hay una razón inteligente, no solo de ornato, belleza o agrado visual para poner las cosas en su lugar.  Vamos a ver siete.

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1. Somos más productivos.

Si cada mañana llegas tarde al trabajo porque no encuentras las llaves del automovil, la camisa que querías, los zapatos que combinan con la ropa, los libros del curso que estás tomando, etc., etc., etc., eso afecta tu desarrollo profesional, laboral, y estudiantil.  Además de enojos, estrés, disgustos y discusiones que echan a perder las buenas relaciones.

2. Tenemos más posibilidades de prosperar.
Mucha gente tiene problemas económicos serios, no porque no le alcanza.  La razón número uno es mala administración, y la mala administración es por falta de orden en el uso de las finanzas.  Si “ubicas inteligentemente” tu dinero, no lo vas a usar para comprar lo que no debes comprar, no vas a adquirir una deuda que luego no vas a poder pagar, etc.  Orden y prosperidad van de la mano.

3. Hay mayor seguridad.
Muchos accidentes son producto del desorden.  Si no hubiese líneas que dividan los carriles de las carreteras, ¿qué pasaría?, o más bien, ¿qué no pasaría?  ¿A cuántos de los que trabajan en las pistas de los portaaviones (como vimos ayer), los despegues o aterrizajes les cortarían la cabeza?  Si no hubiera un árbitro que ponga orden en la cancha de fútbol, ¿cómo terminaría el encuentro?

4. Se aprovecha mejor el tiempo.
Solo pensemos cuando el tránsito en la carretera se desordena, y cada quien se va por su lado, esos desórdenes te consumen tiempo valioso.  Si cada vez que vas a ver tele hay que andar buscando el control debajo de todos los muebles en toda la casa, ¿cuánto tiempo perdiste? (si no es que todo el tiempo dependiendo de lo que se ve).

5. Se trabaja en un mejor ambiente.
Un ambiente desordenado desanima.  El desorden va contra la productividad.  Aunque algunos dicen que trabajan bien en el desorden.  Puede ser cierto relativamente, pero lo que si es cierto absolutamente, es para un grupo trabajando juntos, el mejor ambiente es el orden.  La comunicación, la búsqueda de lo que se ocupa, el movimiento en el espacio de trabajo, y la atención a las visitas es mejor donde reina el orden.

6. Se entienden mejor las cosas.
Un profesor, que cuando enseña, solo dice cosas sin ningún orden, ni el mejor estudiante sale bien cuando le hagan los exámenes.  Si un pastor enseña a sus ovejas en la iglesia, pero no tiene ni pies ni cabeza el discurso, ¿de qué les aprovechará para la fe si no entienden?  Si uno desea arreglar un problema, uno de los principios es entender el problema, y para entender, hay que ordenar todos los elementos.  En realidad, la mitad del problema está resuelto cuando se entiende el problema.

7. Todo fluye con más naturalidad.
Cuando todo está ordenado todo parece muy fácil.  Los choques interpersonales en un equipo, los choques de vehículos en la carretera, los choques en los matrimonios, los atrasos de entrega de una empresa, los atrasos en las salidas de los vuelos en un aeropuerto, el incumplimiento de horarios en reuniones, etc., tienen mucho que ver con el desorden, y se nota porque las cosas no fluyen con naturalidad, sino con tensiones innecesarias.

El proverbio popular que dice: “Donde hay orden, está Dios”, no está lejos de la verdad, pues en el primer capítulo de la Biblia vemos a Dios poniendo orden primero, para luego seguir con lo mayor, la creación del hombre.

LO QUE DEVORA EL DEVORADOR

Este post tiene que ver con una verdad conocida, pero deseo ampliar para nuestro provecho un aspecto clave que de seguro nos animará por el impacto intrínseco y nos dará un mejor conocimiento para valor esta verdad, y de paso, para alabar a Dios mucho mejor.

Me refiero al pasaje famoso de los diezmos y las ofrendas de Mal.3:11, específicamente la parte que dice: “Reprenderé también por vosotros al devorador…” Mi pregunta es: ¿qué DEVORA el devorador? La palabra hebrea en Mal.3:11 para “devorador” viene del hebreo “ekal”, y esta se usa en todos los casos que voy a mencionar que nos da una muy buena idea de lo que devora el devorador, QUE ES UNA CLARA ADVERTENCIA DE FALTA DE PROTECCIÓN DIVINA CUANDO ACOSTUMBRAMOS A NO DAR NUESTROS DIEZMOS Y OFRENDAS. Por lo menos veo cinco cosas. Veámoslas:

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1. Devora tus cosechas (Dt.28:39).
Trabajas, negocias, te esfuerzas pero no avanzas.  Las cosas se descomponen en tu casa.  Y una cosa más que se descomponga y ya no hay como repararla o sustituirla.  Tus cosechas se están yendo sin poder disfrutarlas.

2. Devora tus semillas (Mr.4:4).
Las aves del cielo son figura de demonios según el pasaje.  Ahora, si es malo que cosechas devoradas es peor semillas devoradas, porque si esto sucede no hay esperanza de cosecha alguna.  ¿Hace cuánto que no das semillas por las usas para otras cosas?  Y peor aún, ¿hace cuánto que no tienes semillas para sembrar en la obra de Dios?

3. Devora tus años (Jl.2:25).
En la misma medida que pasan los años debemos ir prosperando en todo, carácter, amor, sabiduría, conocimiento de Dios, fe, ministerio, servicio, dones, fruto, realización, finanzas, proyectos, etc.  Qué tremendo que mis diezmos y ofrendas me protegen hasta en la productividad al pasar el tiempo; tiempo productivo en mi propia vida.

4. Devora tu alma (1Pe.5:8).
Si con algo ataca el diablo es con depresiones, angustias, afanes, temores, etc.  Todo devorando mi alma.  Y lo más importante, minando mi vida espiritual, devorando mi fe, mi confianza en Dios, mi santidad, mi fidelidad, mis buenas costumbres de congregarme y alabar a Dios en compañía de otros redimidos.

5. Devora tus sueños (Gn.37:20).
Ya no soñamos lo que hace tiempo eran nuestros sueños más importantes, hoy han sido sustituidos por otros intrascendentes.  Antes eran liderazgo espiritual, empresas para soporte ministerial, ministerio a tiempo completo.

Les recuerdo que todo esto es falta de protección divina al fallar en nuestros diezmos y ofrendas.

¿Saben dónde dice la Biblia “volveos a mí y yo me volveré a vosotros”?  En el mismo libro de Malaquías (Mal.3:7).  ¡Nada extraño!

¿PARA QUÉ SIRVE EL TALENTO?

Ayer el tema fue TALENTO SIN CARÁCTER.  Y hoy deseo tratar un tema relacionado para valorar en forma correcta el talento.  El talento tiene básicamente dos funciones:

1. Es un recurso para nuestro propio sostenimiento.
Qué importante es explotar nuestro talento.  El problema no es tanto saberlo, creo que la mayoría lo saben, solo pregúntate qué te gusta, qué te satisface hacer, qué llena de gozo tu alma cuando piensas a qué dedicarte, qué inclina tu corazón entre todas las cosas que sabes y haces.  El gran problema es no explotar tu talento.  Tu talento está tan ligado tanto a tu auto realización como a tu supervivencia.  El que tenga talento para la música de seguro que hay algo que puede hacer auto realizándose y generando para sus necesidades.  Al que le gusta escribir debe explotar ese talento.  Al que le gusta dibujar, diseñar, cocinar, pintar, hablar, hacer costura, construir, vender, un deporte o la moda, sembrar o curar enfermedades, etc., etc., debe buscar cómo explotar su talento, porque es una manera de producir riqueza.  Mi motivación es que reconozcas tu talento, y luego enfócate para buscar las actividades donde ese talento se vuelva productivo.  Haz una lista de cosas que puedes hacer basado en tu talento que generen finanzas, y de pronto nos damos cuenta de que nuestro talento, siendo un tremendo recurso, lo hemos tenido adormecido.  Y es hora de despertarlo.

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2. Es un recurso para servir.
Aquí no me refiero a ver el don con signo de dólares, sino con signo de manos extendidas.  Pero si se trata de servir, a quién más que al mismo
Dios que me dio el talento.  Hazlo en su casa aquí en la Tierra: La Iglesia.  Si sabes pintar, te aseguro que hay mucho trabajo en su casa.  Si la música es tu talento, ni se diga.  No hay talento que no sea de gran provecho para la casa de Dios.  Enfócate en tu talento y piensa qué puedes hacer para servir al que te lo dio.  ¿Cuántas veces vamos a la casa de Dios solo con la intención de recibir sin pensar en todo lo que nosotros podemos hacer como muestra de nuestra agradecimiento por todo lo que nos ha dado?  ¿Qué talento tienes?  Una vez que lo reconozcas, manos a la acción, no sea que el Señor nos reprenda por no usarlo para Él, y cuidado que tampoco para nosotros.  Empieza este mismo día.

Talents

Explota tu talento.  Sirve con tu talento.