Category: Reconocimiento

DIEZ LEYES PARA SER UN PAÍS PRÓSPERO

Una de las características de las diez naciones más prósperas de la Tierra es que respetan las leyes.  Si damos una rápida ojeada a esas naciones vemos eso, por ejemplo, Inglaterra.  He estado en esa nación y se ve desde que uno anda en la carretera en auto, o cuando uno camina por sus calles.  Por supuesto, no las cumplen perfectamente, pero tienden a cumplirlos.  Nuestras naciones latinas tienden a transgredirlas, por ejemplo, si no evadiéramos el pago de los impuestos, no habría necesidad de inventar nuevos impuestos, lo que hay que hacer es mejorar la recolección de los tributos para inducir a cumplir ese pago.

Cuando examino cuáles serían las mejores leyes que al obedecerlas generarían prosperidad para las naciones concuerdo con el autor de las diez leyes que harían posible eso.  En forma muy agradable y visual las pongo en esta animación.  Solo medita, y definitivamente llegarías a la misma conclusión, si las ponemos por obra a la humanidad le iría muy bien, y extirparíamos tantos flagelos que tienen enferma a las sociedades del mundo.

Aquí están.

Cuando volvamos a reconocer al Legislador de estas diez leyes, no necesitaríamos tantísimas leyes que solo demuestran que cuando dejamos las leyes mayores y de fondo, las menores y superfluas, no llegan a equipararse.  Es más, queda en evidencia el fracaso cuando las criaturas tratan de administrarse a sí mismos sin tomar en cuenta al Creador.  Sería bueno que oigamos a nivel personal y nacional lo que sigue diciéndonos Dios mismo: “volveos a Mi, y Yo me volveré a vosotros”.

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ÉCHALE LA CULPA A TODOS LOS DEMÁS

Hoy me pasó algo gracioso que me recordó algo muy serio.  Estaba en una cabina de radio, ya estaba sentado en un cómodo sofá cuando me trajeron el micrófono inalámbrico que iba a utilizar.  Pero se dieron cuenta que el micrófono que me trajeron no tenía bien la batería, y por tanto, no funcionaba bien.  Vino mi amigo de cabina y me dijo, “no funciona porque se trajo el que no está bien”.  Y no no me había levantado del sofá, me lo trajeron.  Yo no sabía nada de como estaba la carga de la batería ni nada, pero de pronto me vi como el culpable de lo que le había pasado a otro.

El acontecimiento fue para ponernos a reír, pero en realidad cuánto pasa.

Cuántos le echan la culpa a los demás de lo que les pasa, sin sin honestos consigo mismos para reconocer que el que está mal no son los demás, sino ellos mismos.  Hablando de mi experiencia como pastor de una gran iglesia, he visto a varios que emigran a otra iglesia, y cuando lo hacen es porque todo anda mal en la iglesia, hay muchas cosas deficientes según ellos, las cosas malas que hay superan lo que pueden soportar, no hay amor, no hay la música correcta, no hay sonido suficiente, no me gusta esto, no me gusta aquello, y un sin fin de factores que están mal según ellos.  Lo único que se les olvidó en la lista fue mencionarse a ellos mismos.  Le echan la culpa de lo que viven a todo lo demás, sin percatarse que probablemente el cambio que anhelan no está fuera de ellos, sino dentro de ellos.  Y solo cuando salgan de ese engaño podrán ver cambios reales.

Échale la culpa a todos los demás si quieres seguir siendo hipócrita diciendo que por tal cosa o persona no avanzas.  Porque si aun fuera cierto lo que dices, excusarse ocultándose detrás de un hipócrita no hace pensemos muy bien de ti.

Échale la culpa a todos los demás si quieres seguir justificando tu fracaso, pero la verdad es que tu puedes salir adelante si reconoces tus errores, aprendes, enmiendas y perseveras.

Échale la culpa a todos los demás si quieres seguir siendo arrogante, en lugar de humilde, aceptando que como todos, podemos equivocarnos, pero que equivocarnos no es el fin del camino.

Échale la culpa a todos los demás si quieres seguir siendo un discapacitado emocional, y por eso mismo, condenarte a nunca madurar.  Los maduros pueden pedir perdón sin sentir que es humillante y auto-destructivo, sino forjador de paz y buenas relaciones.  No quiere decir que reconocer nuestra culpa es agradable, pero el resultado vale la pena.

Échale la culpa a todos los demás si quieres seguir dando lástima, creyendo que con esto serás el centro de atención, lo cual puede ocurrir una vez, pero no más.  Porque a nadie le agrada estar escuchando a alguien contando una y otra vez todo lo malo que le ha pasado producto de los demás, porque poco a poco nos iremos dando cuenta que el problema no son los demás, es él, o ella.

Reconozcamos que nos equivocamos, y sigamos creciendo en el plan maravilloso que Dios tiene para cada uno de nosotros.  Reconozcamos que los culpables hemos sido nosotros, liberemos a los demás de la imposición injusta que les adjudiqué, y tratemos honestamente con las áreas de nuestra vida que deben ser corregidas para no perdernos nada de lo que Dios quiere para cada uno de nosotros.

La próxima vez que sientas el arranque de culpar a alguien… busca un espejo.

¡MIRA HACIA ARRIBA!

Mirar hacia arriba es una muy buena costumbre si queremos prosperar, avanzar, y desarrollarnos mucho más.  Cada uno tiene un propósito en la vida, y según sea este, así nos desenvolvemos.  Si lo tuyo es la agricultura, y tu pasión son las tierras y ciertos productos, de seguro que otros en otras partes del mundo tienen la misma pasión, y han logrado algunos conocimientos y técnicas que los han llevado a desarrollar su área de formas extraordinarias, más efectivas, más productivas, más rentales, y hasta más rápido.  Entonces, si quieres prosperar, avanzar y desarrollarte mucho más, bueno sería mirar hacia arriba y ver lo que están haciendo para tomar esos modelos.

Siempre hay alguien más arriba sobre la posición que ocupamos hoy, y eso no es malo.  No es para hacernos sentir menos que otros, para menospreciarnos y descalificarnos.  Eso no sería justo.  La gente que está más arriba tuvieron algunos “secretos” sobre uno, que les llevó a estar arriba.  Eso no debe provocar que los odiemos, los tratemos de minimizar, criticar, hablar mal de ellos por pura envidia.  Y por lo que he caminado en la vida me parece que es una de las primeras reacciones que toman muchos.  Sin embargo, lo mejor sería ver cómo fue que llegaron a estar arriba, y en forma honesta y humilde, tener un espíritu enseñable para aprender de ellos.

Los que hablan mal de los que han llegado arriba es por tratar de justificar el ser unos fracasados.  Porque un exitoso cuando ve a otro exitoso produce que ambos se sienten felices el uno del otro.  Pero siempre un fracasado se siente mal cuando ve que otro ha llegado arriba, y trata de alguna manera de hacerle caer, de que otros vean que no es tan bueno como parece, y arden de descosntento por su éxito.  Esa no es la actitud ni inteligente ni menos espiritual.  Es una actitud torpe y satánica.  La mejor actitud es tomar nota y ver que nos puede ayudar a llegar arriba como ellos lo hicieron.  Porque si ellos lo hicieron es señal de que nosotros también podemos.

Si el caso es que no hay nada nuevo que aprender de los que han llegado arriba, por lo menos, el mirar hacia arriba nos dará una poderosa inspiración para lograr lo mismo.

Cuando lleguemos arriba recordemos eso, que por lo menos seamos de inspiración a los que vienen abajo, y que no olvidemos que una vez fuimos de los de abajo, y que nos hubiera gustado mucho que nos trataran como los que íbamos para arriba.  Por eso, viendo a muchos llegar arriba es que siempre digo: VAMOS PARA COSAS GRANDES.

Mira hacia arriba, y que no te consuma la envidia, que te consuma una poderosa inspiración para llegar también arriba.  ¡Nos vemos en la cumbre!

¿DE QUIÉNES DEBES DESCONFIAR?

Es lógico que debemos desconfiar de ciertas personas.  Por ejemplo, de un ladrón debemos desconfiar.  Yo, por lo menos, no loe voy a dar las llaves de mi casa sabiendo que es un ladrǿn.  Tampoco le vas a confiar a tus hijos a una persona que se sabe los roba y los viola.  Tampoco debes confiarle tu vehículo a un conductor que tiene un historial de “carro que conduce carro que choca”.  En fin, por puro sentido común, no podemos confiar en ciertas personas.

Sin embargo, parece que el sentido común no nos alcanza en un caso específico, que les comento a continuación.

Si una persona está en relación contigo y comete algún error, es muy probable que procedas como yo.  Le damos otra oportunidad.  Y puede ser que algún tiempo después vuelva a cometer el mismo error.  ¿Qué hacemos?  Si eres como yo, probablemente le damos otra oportunidad.  Y esto pasa en casi todas las relaciones humanas.  Pasa en el matrimonio.  Pasa en una empresa.  Pasa en un equipo de trabajo donde hay un director y unos colaboradores a su cargo.  Pasa con una maestra y sus estudiantes.  Pasa con un padre y sus hijos.  Pasa en todas las relaciones.

Ahora, todos cometemos errores.  Todos le hemos fallado a una autoridad, a un superior, o a un ser querido.  El que no ha fallado que tire la primera piedra.  Así que cometer errores en las relaciones interpersonales NO ES EL PUNTO.

El punto es este:  si una persona tiene una relación importante contigo, o está bajo tu autoridad, y comete un error, pero al cometer este error, cosa que a todas luces, y bajo toda prueba apunta a que si lo es, y no lo reconoce, y menos pide disculpas; este es el caso del que hablo.  No debemos confiar en gente que comete errores y no los reconoce.  En lugar de tener una actitud humilde y propensa a la formación, manifiesta dureza, al punto que ni se da por enterada de sus errores.  Confiar en tales es un error.  Desconfía de los que no piden perdón.  ¡Qué diferente son aquellos que cometen un error y te buscan apenados profundamente para pedir disculpas!  Estos son materia prima para grandes cosas.

Quiénes no saben pedir perdón, no son dignos de tu confianza.  Desconfía de tales personas.

EL BURRO SONRIENTE

Llegaba Tiger Woods al hoyo 18, después de una ronda no muy buena, pero de todas formas es el número uno del golf mundial.  La gente, toda la gente en las tribunas improvisadas alrededor del green del hoyo dieciocho ovacionaron a Tiger, gritando su nombre mientras aplaudían efusivamente.  A todo esto, Tiger caminaba lento pero seguro, con su manos en las bolsas, con su mirada fija, casi hacia abajo, pero de vez en cuando miraba al público siempre serio pero con buen ánimo.

Tiger_Woods

TigerWoods

Lo que me llamó la atención y me hizo reír mucho fue su compañero de ronda, que me reservo todos sus datos por razones obvias, pero me pareció tan tonto.  Cuando la gente aplaudía, más bien, ovacionaba, se quitaba su gorra para saludar al público (en su defensa tengo que decir que era la primera vez que jugaba el abierto de… uuuyyyyy que lo digo), bueno era su primera vez, pero la cosa es que la gente estaba eufórica por ver a Tiger, gritaba y aplaudía y silbaba y arengaba, pero era por Tiger, era por el Tigre no por el burro, él seguro pensó: “wow, me conocen, gracias, gracias”.

Eso me hizo pensar inmediatamente en una historia de la Biblia, aquella cuando Jesús entraba a Jerusalem y la multitud gritaba alabanzas en un desfile digno de un rey.  Se imagina al burro diciendo:  “Wow, me conocen, no sabía que yo era tan famoso, gracias, gracias”.  Yo creo que eso nos ha pasado a otros (me incluyo) muchas veces.  Nos adjudicamos glorias que no son nuestras, son del mentor que invirtió su tiempo, sabiduría y vida en nosotros.  Nos adjudicamos triunfos que son del equipo que trabaja con nosotros.  Nos creemos los arquitectos de nuestra vida cuando ha sido el que iba sobre el burro de la historia el que nos ha diseñado un buen destino, y no le damos gracias.

¡Qué burros!