Category: Wisdom

MUERE A TU VISIÓN

Hace unos 14 años estaba en los inicios del ministerio que hemos desarrollado, y desde el principio los jóvenes han sido muy importantes, de ahí que, dirigiendo personalmente la reunión de los jóvenes (en ese entonces unos ochenta en total que no llegaban siempre cada sábado), me alegré cuando llegó prácticamente toda una banda.  Acababan de ganar el primer lugar en un evento llamado “La Guerra de las Bandas”.  Siendo una banda cristiana, era todo un logro lo que ellos celebraban.  Dieciocho años después ya no existe la banda, y algunos de sus miembros no terminaron bien, todo por una sencilla razón: no murieron a su visión.

Les pregunté, teniendo el premio en la mano, que cuánta gente estuvo en el evento realizado una vez al año, me contestaron que la tremenda cantidad de unos quinientos, y en mi caso, eso era grande en comparación a mis inestables ochenta cada sábado.  Sin embargo, con firmeza les dije: “ayúdenme, vuélvanse la banda de los jóvenes, y un día tocarán todos los sábados frente a quinientos jóvenes llenos de la vida de Dios”.  Ellos no lo pensaron dos veces, la repuesta fue rápida y directa: ¡No!

Excepto uno, Oldman, que hoy es el director musical de una de las bandas, y el director asistente de todas las bandas que tenemos.  Está al lado mío.  Aquella banda analizó: ¿quinientos cada año y tocar en otros lugares todas las semanas, o estar aquí cada sábado, sin salir a ningún otro lugar, con un grupito de jóvenes que máximo llegan a ochenta, con alguien que nos promete algo grande y tiene esto pequeño?  Decidieron por lo que parecía más grande.  Yo les hablé claro con estas palabras: “mueran a su visión, únanse a la mía, y juntos la hacemos más grande”.  Esto suena mal para algunos, pero esto es lo que algunos hoy llaman “fusiones estratégicas”.  Y de las más actuales y famosas son las de las aerolíneas, donde una queda absorbida por la otra, al punto de que desaparece hasta su nombre, su logo, su publicidad, y por supuesto, algunos puestos importantes, pero decidieron morir a su visión para construir una más grande “fusionándose” con otro.  En algunos casos estas fusiones han sido la salvación de las partes o la parte más pequeña, y sus decisiones el futuro testificó que fueron las más acertadas.

He visto varios casos de personas que no decidieron morir a su visión, y que en lugar de hacer algo grande juntos, deciden independizarse sin discernir lo grande corporal desequilibrándose por la grandeza individual, sin discernir que el equipo puede lograr más que las individualidades.  De hecho, sin un buen equipo, las individualidades no brillan, que lo diga Messi en la recién pasada copa mundial de fútbol en Sudáfrica.  Acabo de ser testigo de una de esas malas decisiones de una persona, que hasta lamento haber apoyado financieramente.  En ese caso, a mi fue el que me faltó discernimiento.  Puedo recordar a otros que “no murieron a su visión”, que al final, no lograron mucho o nada.

Pero volviendo al principio.  Como les conté, han pasado unos 14 años, y aquel grupo de jóvenes creció, y hace unos cinco años ya eran aquellos quinientos jóvenes que había declarado, pero aquella banda ya no existía, y seguro que alguien los recordaba si les preguntaban, pero la banda que ahora estaba todos los sábados era otra.  Y hoy, aquel grupito jóvenes ha llegado a ser la reunión de jóvenes más grande del país, y cada sábado, la banda que si murió a su visión para tomar una más grande, toca frente a cinco mil jóvenes vibrantes en el Espíritu con sueños de grandeza adquiriendo un carácter brillante para mostrar al mundo una nueva generación.  Mis respetos para la banda Overflow, y mi admiración para los Takers, que tuve el privilegio de verles nacer desde aquellos primeros pasos en que les di la mano para que empezaran a caminar con la visión que Dios me dio.

¡Únete a esta visión!  ¡Vamos para cosas grandes, cada vez más grandes!

LA MEJOR MANERA DE APRENDER

Hicimos un viaje de quince kilómetros en tres horas.  Eso es lento, y además, por donde hicimos el viaje era un poco peligroso, la carretera en mal estado, oscuro porque lo hicimos en la noche, y desolado.  Ver a una persona era un alivio.  La aventura fue tratando de redimir el tiempo.  Veníamos de la Provincia de Limón, y cuando llegamos a un pueblo llamado Siquirres, decidimos, por el consejo de un amigo, tomar una ruta alternativa, que en teoría nos haría llegar más rápido a nuestras casas, y según estimamos estaríamos llegando a las 8 de la noche, pero llegamos a las 11 de la noche.

Seguro que si fuera de día hubiéramos disfrutado de una exuberante naturaleza, porque en algunos trechos del camino, prácticamente era selva madre, pero no vimos nada por ser ya de noche.  Veníamos cinco vehículos, y unas veinte personas entre todos.  Ahora, como mencioné, el trayecto de 15 kilómetros, que nos dijeron, se volvió toda una aventura de tres horas.  ¿Qué pasó?  Aún a una velocidad de 15 km por hora lo que nos tardaríamos sería una hora, pero tardamos tres horas, y en esas condiciones.

Lo que yo pienso es que simplemente en algún punto nos equivocamos, y en lugar de tomar a la derecha, tomamos a la izquierda, o viceversa, y eso nos complicó el regreso, nos complicó llegar a nuestro destino.

Esto me recordó un negocio donde reparaban relojes de pulsera.  Había en San José centro una solo relojería llamada “X”, pero al tiempo, habían dos más llamadas de la misma manera.  Cuando pregunté, para llevar mi reloj a reparar, si eran tan buenas como la original, me respondieron que idénticas.  El caso era que los hijos del dueño habían abierto tiendas iguales.  Ellos habían aprendido con su padre el oficio al estar con él en la tienda original.  La forma en que habían aprendido era oyendo y viendo a su padre, intentando hacer lo mismo, y siendo corregidos por él cuando se equivocaban.  Este sencillo proceso es la mejor manera de aprender.  Se llama ser “mentoreados”.

Si nuestro amigo nos hubiera acompañado para ver como él haría el trayecto, y nos fuera corrigiendo cada vez que perdiéramos el rumbo, de seguro que habríamos llegado temprano, y además nos hubiéramos librado de cualquier tensión por el hecho de no saber dónde estábamos, a dónde realmente llegaríamos, y cuándo llegaríamos.

Este proceso también se llamado por siglos “discipulado”.  Y lo más valioso que puedas tener como uno de los recursos para el “trayecto de tu vida” es un mentor.  Y esto se vuelve todavía de mayor estima si ese mentor es para tu vida espiritual.  De seguro que necesitas uno.  Si ya lo tienes, un líder espiritual, un pastor, que a la vez sigue las pisadas del más grande de todos los “mentores”, llegarás con seguridad a tu destino, y sin tantos golpes de los que pudiste librarte.  Aprecia a tu mentor, porque tu mentor sabe a donde puedes llegar, y su mentorado no es para mal, es para bien.

Yo lamenté que nuestro “amigo” no viniera con nosotros, eso nos hubiera ayudado mucho.  Pero creo que nadie de nosotros le insistimos para que nos acompañara, creímos que era muy fácil.  Pero es que aun lo fácil, se puede convertir en difícil sin un buen mentorado.  No menosprecies a tu mentor, a veces puedes tenerlo cerca y ya no requerir de sus servicios.  Por supuesto, el mentor se da cuenta de que no le tomaste en cuenta, y parte de su mentorado es dejarte ir sin él, aunque luego aparecerá con sus correcciones para bien.  Pero es mejor tomarle en cuenta, que como extra, fortaleces tu relación con él.

Moisés, el personaje bíblico, apreciaba tanto ese mentorado de Dios mismo, que una vez dio la impresión de desobedecerle, y cuando se le indicó una misión, él respondió que NO IRÍA, SI DIOS MISMO NO LE ACOMPAÑABA, que no aceptaría a otro compañero de camino, sólo a Él.

Aplica el principio del mentorado para tu trabajo, para tu liderazgo, para tu llamado espiritual, y para tu comunión con Dios.

DISFRUTA LO QUE TIENES

Parece obvio, pero no es así, debemos ser conscientes de lo que tenemos y disfrutarlo.  Y cuando digo disfrutarlo pienso de inmediato en ser agradecidos por aquello que tenemos.  La forma en que yo lo hago es apreciar, contemplar, tocar, o apuntar hacia algo que tengo y decir: Dios es bueno.  Y eso lo hago con frecuencia, y de paso se los digo a mis hijos e hija.  Les digo: ¡Verdad que Dios es bueno por darnos esto!

Recuerdo a una madre que decía estar como loca por su niño de dos años.  El llanto, los pañales, los desvelos, el tiempo para cuidarlo, y tener que estar pendiente según ella como una esclava y le privaba de poder hacer lo que ella quisiera le había llevado a renegar por ese hijo que tenía.  Pero en el mismo tiempo conocí a una esposa que lloraba desconsoladamente por no poder tener a un hijo.  Esta joven señora daría un brazo por tener ese bebé que estaba, según la joven mamá, poniéndola como loca.  Estoy seguro que la joven esposa estaría feliz con cambiar el pañal asqueroso y mal oliente del bebé.  Una lamentaba lo que no tenía, y la otra lo que tenía.

Lo correcto era que la joven mamá debía disfrutar a su bebé, al fin y al cabo, los hijos crecen tan rápido que hay que disfrutar cada etapa, y esa es muy especial, es esa cuando uno dice: “me los como”.  Ya cuando crecen, y hay que atravesar otras etapas un poco tensas, uno dice: “¿por qué no me los comí?”  Ja ja ja.

La joven esposa debía disfrutar el tiempo que tenía para dedicarse a otras cosas, y en especial disfrutar a su marido, porque al fin y al cabo, la felicidad de un matrimonio no depende de los hijos, sino del amor de la pareja.

La Biblia misma nos dice: “…el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.” (1Ti.6:17).  No es malo disfrutar lo que Dios te ha dado, siempre y cuando no lo hagamos para sentirnos como superior a los demás, ni creamos que las cosas que tenemos define quienes somos, o que ya no necesitamos a Dios, cosa que sería insensato, pues si tenemos algo es por Él.

Conclusión: Hay tantas personas que pasan tanto quejándose por lo que no tienen que dejan de disfrutar lo que si tienen.

LOS MEJORES TRABAJAN CON LOS MEJORES

Cuando violamos este principio, tenemos problemas, perdemos demasiado tiempo, tanto que a veces tenemos que empezar de nuevo, desde cero, para volver a edificar lo que fue destruido.  Este principio lo han descubierto los que se han vuelto mejores, y saben que si no se rodean de gente como ellos, es decir, los mejores, nunca llegarán a explotar a los niveles que desean, porque los mejores te harán flotar y elevarse, pero los peores te harán bajar y hundirse.

Los mejores necesitan a los mejores, porque los mejores:

  1. Los mejores tienen motivación propia.
    No hay que perder tiempo tratando de motivarlos, y menos frustrándose uno mismo tratando de hacer que ellos hagan las cosas.  Todo lo contrario, ellos hasta se vuelven como combustible para el “mejor” con quien trabajan.
  2. Los mejores ven adelante.
    Los mejores no ven atrás, ven adelante.  Están desarrollando la función en su lugar actual, de la manera actual, pero ya están viendo lo que se necesita para hacer las cosas cuando sean más grandes, para cuando se expandan.  Es como si ellos estuvieran siempre subiendo gradas, ven la que siguen.  No están conformes donde están, siempre ven como mejorar las cosas.
  3. Los mejores hacen de la excelencia su marca.
    Los mejores hacen lo que hacen con la marca de la excelencia bien sellada en la superficie de todo lo que tocan.  Lo que tocan brilla.  Lo que tocan se vuelve hermoso.  Lo que tocan huele a buena calidad.  Hay gente que lo que toca lo destruye, lo echa a perder, lo ensucia, lo degrada, lo mancha, lo aniquila, lo afea.
  4. Los mejores conocen.
    Cuando “el mejor” trabaja con “los mejores”, lo mejores saben de lo que está hablando su líder, porque ellos conocen, y no solo conocen la materia que domina “el mejor”, hasta aportan par que las cosas sigan creciendo.
  5. Los mejores tienen el mismo espíritu.
    Es decir, tienen una conexión especial con la cabeza de la organización, de la oficina, o del proyecto.  Han llegado a pensar de la misma forma, de soñar los mismos sueños, de aspirar a lo mismo, a hablar de la misma manera un lenguaje que para otros hay que traducirles para que entiendan.

Este principio es un principio bíblico.  Una cosa es que Dios escoge hasta lo vil para usarlo, y otra es que Dios usa a lo mejor.  Es verdad que Él escoge lo vil, pero no usa lo vil, lo santifica, lo llena de su sabiduría, lo capacita, lo bendice, lo fortalece, y lo unge, es decir, lo vuelve “lo mejor” a partir de lo vil.  Ya Saulo había dado muestras de un ímpetu fuera de lo común cuando el Señor lo tomó y lo convirtió en el apóstol Pablo.  No usó a Saulo, lo hizo un Pablo.  Y el Señor, “el mejor” trabajó con “los mejores”, y producto de eso tenemos esos escritos extraordinarios de Pablo.

¡Vuélvete de “los mejores”!

LOS TESOROS NO SE SACAN CON PALAS, SE SACAN CON PREGUNTAS.

Todos hemos visto alguna películas de piratas, por lo menos la de “Piratas del Caribe”, y siempre hay de por medio algún tesoro perdido y un mapa que indica con una “equis” el lugar en que se encuentra.  Cuando después de mil aventuras por fin llegan al lugar, sacan las palas para escavar y desenterrar el tesoro.  Pero esos no son los únicos tesoros, ni los más grandes, hay otros tesoros que requieren otra técnica para extraerlos: las preguntas.

Hace años diseñé un modelo de trabajo, y al correr el tiempo conocí personas que venían para conocer lo que estábamos haciendo.  De todos los que han venido los que más me impresionaron fueron los que más nos preguntaron.  Los que no preguntaban nada fueron visitas, pero los que nos preguntaban se convirtieron en amigos, o por lo menos se crearon lazos cercanos.

Uno puede estar al lado de alguien profundamente sabio y no recibir nada de su sabiduría.  Pero si le haces la pregunta correcta saldrán tesoros invaluables cuando comience a contestar.

Muy especialmente deben hacer preguntas los que están bajo la autoridad de otra persona.  Probablemente quien esté como tu superior sabe algunas cosas que con buenas preguntas puedes obtener información clave para que desarrolles mejor tu función.  Y no solo información, sino conocimiento del carácter, pensamiento, sueños, visión, deseos, expectativas, y maneras de ser y hacer las cosas que te harán dar en el blanco cuando se te ha delegado algo.

En lo personal, cuando una persona me pregunta, veo interés de hacer las cosas correctamente, veo dependencia, veo humildad, y veo a alguien enseñable.

Una cosa que he acostumbrado es hacer preguntas para tener acceso a la sabiduría de otros.  Eso me puede ahorrar muchos dolores de cabeza, muchos años de prueba y error, muchos fracasos y pérdidas.  Hacer preguntas es una llave para recibir riquezas que te pueden hacer prosperar, aprender algo clave para tu profesión, atender mejor a una persona, estrechar más una amistad, responder mejor a una autoridad, ser más productivo en cuanto a resultados a tus superiores, y miles de cosas más.  ¡Solo por hacer preguntas!

PONIENDO LA VIDA EN ORDEN

Hace unos días les puse un video del ex-guitarrista de Korn, Brian Head.  Pero este otro es su propio testimonio.  Tomen nota del final, cuando dice: “Soy el segundo”.  Eso se refiere a orden.  Primero es Dios, después nosotros.  Si sigues ese orden estás poniendo en orden tu vida.  Disfruta el video.

Si Dios lo hizo con Brian, si te dejas, Él también puede poner en orden tu vida.