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LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (CUATRO TIPOS DE OYENTES)

La “Parábola del Sembrador” es la más famosa de las parábolas que compartió Jesús, y la importancia de esta se debe a dos cosas, uno, que esta es clave, según dijo Jesús mismo, para entender todas las demás, y dos, que esta es transcendental porque se refiere al oír que lleva a la fe para la salvación eterna. Y una cosa más antes de ir al bosquejo, las cuatro actitudes que se tienen al oír la Palabra no solo se presentan en los no creyentes, lamentablemente también en los creyentes, de ahí que también debemos tener oído abierto para recibir lecciones para nuestro provecho en la fe.

La Parábola del Sembrador

¡Nuestro anhelo es llegar a ser tan frutífero como el que dio más: ciento por uno!

LAS CINCO DIRECCIONES DE UN LÍDER… (PARTE 2)

En el post anterior empecé este tema inspirado en lo que le escuché a mi amigo Daniel Park, un coreano inusual.  Compartía con mi equipo de trabajo a nivel nacional esta enseñanza, propicia a quienes estamos en esta gran vocación del liderazgo.  Devidió el tema en cinco “as”.  Ayer vivimos que el líder número uno debe mirar (primera A) “arriba”, segundo, “adelante” (segunda A).  Ahora les daré la tercera, cuarta y quinta “A”.  Como les dije ayer, es la receta de Daniel, pero ahora con mi sabor, y seguramente tu también puedes tomar la receta y darle tu “toque” personal, pero el fin es el mismo, que el liderazgo, que de una u otra manera todos tenemos en diferentes niveles, sea ejercido de la mejor manera.

3. Tercera A: ATRÁS.
Mirar atrás puede ser malo.  Pero si vemos atrás para recordar de dónde hemos venido nos puede ayudar mucho a mantenernos agradecidos, inspirados y humildes.  Agradecidos porque vemos como hemos avanzado, como hemos crecido, y logrado lo que hasta el presente tenemos.  Inspirados porque hemos visto los obstáculos que vencimos, y de cómo confiando en Dios pasamos los ríos y nos ahogamos, los muros de fuego y nos quemamos.  Así que si hemos llegado hasta aquí con bien, también lo haremos hacia el futuro.  Y nos mantendremos humildes, porque saber de donde venimos, aquellos pequeños inicios donde nadie creía en nosotros, donde pasamos tiempos de escasez, donde no teníamos la preparación y experiencias de hoy, nos hacen considerar a los demás por su potencial, porque nosotros sabemos que eso era todo lo que teníamos.

4. Cuarta A: ALREDEDOR.
Debemos mirar alrededor y ver a otros que nos rodean, con los que tenemos algo en común, de lo contrario no estarían a nuestro alrededor.  Son gente valiosa, pueden ser amigos claves para el destino a que Dios nos llamó, pueden ser parte del equipo que formaremos para lograr sueños que fueron implantados en nuestro corazón.  Son gente fiel en los que podemos confiar.  Estas relaciones son claves y debemos cuidarlas.

5. Quinta A: ADENTRO.
Un día de estos hablaba a un grupo de hombres en liderazgo, y les decía que ser valientes es una de las cualidades que debemos tener, y que valentía no es carecer de miedo por las cosas que nos lo pueden provocar afuera, sino que valentía es la forma en que decido responder desde mi interior.  Puedo sentir miedo y ser valiente porque decido hacer lo que debo hacer.  El temor te ata, la valentía te libera.  Tu decides que tener, y tus actos demuestran tu decisión.  Y empieza adentro, en tu interior.  Compórtate valiente.  Y esto es muy propio de los que desean ser buenos líderes.  El apóstol Pablo hablaba de como su hombre interior se renovaba de día en día, aunque el exterior se iba desgastando (2Co.4:16).  Sin embargo, lo que yo he visto es gente que por fuera parecían gigantes, pero en la hora de la hora, por dentro eran tan pequeños que sucumbieron frente a los desafíos del liderazgo y de la vida.  Los grandes retos requiere que seamos grandes… por dentro.  El carisma nos puede engañar porque da la impresión de ser muy grande, pero lo que de verdad determina tu grandeza viene de adentro, tu carácter.

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A LOS PREPOTENTES NI DIOS LOS QUIERE

Ayer jugaron México y Argentina su pase a la siguiente fase en la Copa Mundial de Fútbol 2010 en Sudáfrica.  No puede verlo completamente porque estaba con mi hijo Jonathan saliendo del hotel hacia el aeropuerto El Dorado en Bogotá Colombia para dirigirnos a nuestro amado país Costa Rica.  Sin embargo, si vimos el inicio.  Varios de los huéspedes del hotel estaban en el “Lobby” viéndolo.  Pregunté que cuántos iban con México, las caras me dieron la repuesta, y me devolvieron mi pregunta con otra pregunta: ¿de dónde es usted?  Pensé, si digo que de Argentina, les voy a caer muy bien, pero no es verdad.  Si les digo que de México me da la impresión de que no llegaré sano y salvo al aeropuerto, y además tampoco es verdad.  Y si digo que de Costa Rica, tal vez sospechen que en Centroamérica, en general, el sentimiento es que gane Argentina, pero yo sé que el sentimiento general en Sudamérica es que gane México.  Entonces, a la pregunta de ellos: ¿de dónde es usted?  Mejor les hice otra pregunta, no muy inteligente, pero para evadir: ¿Porqué ustedes siendo sudamericanos no van con Argentina?

La respuesta que me dieron es una sencilla pero clara realidad.  La respuesta fue: “Porque los argentinos son unos prepotentes”.  Ahora, si yo preguntara porque el sentimiento general de los centroamericanos era ir con Argentina, la situación es la misma: “Porque los mexicanos son unos prepotentes”.  Recuerden que estamos hablando solo de fútbol, para no malinterpretar.  Los mexicanos en algún momento hasta llegaron a decir que en centroamérica jugamos con un balón cuadrado.  Entonces cuando ayer Argentina anotó el primer gol la satisfacción era más que un gol, era porque era contra México, y cuanto anotó el segundo, ya algunos estaban crujiendo los dientes y con los puños cerrados deciendo: “que rico”.  El placer del segundo gol era orgásmico.  Y cuando vino el tercer gol era un éxtasis celestial.  Y el deseo de algunos era pasar a un nivel más alto, en su interior gemían por más goles contra México, seguro que algunos esperaban cinco contra cero, pero vino la anotación mexicana, y el fuego se enfrió pero todavía ese placer… de ganarle a México.

La clara verdad es: nadie ama a los prepotentes.  Podemos ser buenos en algo, y de seguro que eso atraería a muchos para que nos admiren o quieran aprovechar lo que sabemos.  Solo que cuando le agregamos el aroma, o mejor dicho, el hedor “prepotente”, en lugar de atraer alejamos, la verdad es que echamos a perder aquello tan bueno que tenemos.  Por ejemplo, y para que vean que no es algo de la nación, sino solo del fútbol, Messi, siendo argentino, una de las cosas que gustan de él es su “humildad”, y Ronaldo Cristiano, sin ser ni mexicano ni argentino, una de las cosas que no gustan de él es su prepotencia.

La consecuencia de esa clara verdad sobre la prepotencia tiene consecuencias.  Ya dije antes algo de eso, pero el asunto trasciende hasta las esferas del cielo.  Ni Dios quiere a los prepotentes, o sea, no es algo para pasar desapercibido, miren como lo ve Dios mismo:

“Dios mío,
tú estás en el cielo,
pero cuidas de la gente humilde;
en cambio, a los orgullosos
los mantienes alejados de ti.” (Sal.138:6 Biblia Lenguaje Actual).

Lo que tenemos que hacer no es dejar nuestras habilidades, o reconocer que somos buenos en algo, sencillamente es poner todo eso en una buena envoltura que se llama humildad.  Y esa humildad empieza por reconocer que Dios es Dios, y nosotros sus ovejas, necesitadas de Él.  Si no los ha hecho, empieza por recibir a Jesús en tu corazón para que Él sea quien te conduzca por sus caminos de bien, y no de mal.

UNA VERDAD EXTRAORDINARIA: LA GENTE SI PUEDE CAMBIAR

Voy al grano.  Me resisto a marcar a la gente de tal forma que pareciera que nunca van a cambiar.  Yo soy un ejemplo de eso, y creo que cada uno de ustedes mis lectores, también.  Yo no soy el mismo de hace diez años, sin embargo, gente que me conoció hace diez años puede comentar con otros que yo soy de esta y de aquella manera, pero lo que está diciendo no es verdad, eso que dice es lo que yo fui, pero cambie.  En sus mentes yo sigo siendo el mismo, pero en la vida real soy otro.  Exactamente eso le pasa a todos los que han cambiado pero siguen siendo los mismos en la opinión de los que les conocieron tiempo atrás.

De mi parte, yo creo que las personas cambian.  Y aunque fueron de cierta manera, o cometieron errores de diferentes clases, me resisto a marcarlos así para el resto de sus vidas, me resisto a creer que llegarán de la misma forma hasta la tumba.  En el camino cambiarán para bien.  Eso es lo que yo prefiero creer.

Ahora, si no cambian, ellos fueron los que no aprovecharon mi forma de tratarlos.  Porque cuando tu no marcas a alguna persona le darás oportunidades que si no creyeras que cambian no se las darías.  Siempre he dicho que soy un hombre de oportunidades para los demás, y el fundamento de mi proceder es que creo que la gente cambia.

Puedes cometer errores, y hasta graves, pero eso no me autoriza a seguir llamándote de alguna manera por tus fallos.  Hay algunos que les encanta poner apodos según los errores de los demás, como si ellos no los cometieran, pero mejor sigamos llamándoles por sus nombres, y con la esperanza de que si cambiarán.

Yo creo que una de las virtudes de la naturaleza humana es cambiar para mejorar.  Tenemos la llave del cambio.  Desde que nacemos empieza el camino del continuo cambio, pasamos de infantes a niños, luego a jóvenes, y de ahí a la adultez.  Cambiamos de la inmadurez a la madurez.  Y aunque parece que algunos lo hacen a menor velocidad, y otros lo hacen a pasos agigantados, la verdad es que todos cambiamos.  Oigo que alguien dice: “es que fulano es un…” por algo que pasó hace tiempo.  No lo marques, como a ti tampoco te gustaría que te condenen a una forma de ser que ya no tienes porque cambiaste.

Lo peor, de verdad, lo peor, es cuando uno se marca así mismo y dice: “es que yo soy así, y nunca cambiaré”.  Desecha esas palabras.  No es verdad.  No nos condenemos a nosotros mismos. Hasta Dios cree que tu puedes cambiar.  Y si Dios lo cree, ¿quién soy yo para marcarme o marcarte?

LA INÚTIL PSICOLOGÍA

Por supuesto, no estoy desechando a los psicólogos, sino la forma en que se puede hacer psicología.  Hay una psicología inútil, y una que puede de verdad ayudar.  Todo depende del enfoque con que se practique.  Recuerdo que hubo una época muy marcada hace unos quince o veinte años atrás en que muchos colegas míos decidieron ellos mismos estudiar la carrera de psicología, o bien promocionarla entre la gente sobre la cual tienen alguna influencia, sin saber que teniendo una herramienta mejor, la cambiaban por una que solo era “la moda”.  Era algo así como cambiar una sierra eléctrica de acero por una lima de uñas de cartón.

Voy a ilustrar mi punto.

Cuando se habla de que muchas personas lo que atraviesan es un problema de identidad, entonces la psicología, y los que se meten a jugar de psicólogos, como los “motivadores”, o los que escogen un nombre más sofisticado como los “coaching” conferencistas, vienen y les dan una solución que parece maravillosa.

Les dicen cosas como así: tu eres un ganador desde que naciste, porque de entre millones de espermatozoides, tu eres el resultado del espermatozoide que llegó primero.  Tu eres un campeón, eres un ganador, eres un conquistador, eres el que llegó primero, eres maravilloso, venciste a los demás, los demás quedaron atrás pero tu perseveraste y rompiste los obstáculos, por eso estás aquí campeón.  Y claro, dicho con impetu, con emoción, y toda la fuerza del “coaching”, eso hace que saltes de la silla, te pongas de pie, alces los brazos, y digas: Si, ese soy yo, un campeón.  Además te ponen la música de Rocky cuando llega a la cumbre, y te sientes un campeón.

Parece que ahí todo se arregló.  Pero la verdad tu la sabes.  Termina la euforia de la historia del espermatozoide triunfador, y sigues deprimido, te hundes en la angustia, sigue la derrota que solo tu sabes hasta donde te aflige, las fuerzas te faltan y la fuerza que se te ve es simple apariencia, en tu cuarto a solas tu sabes la verdad sobre ti mismo.

¿Es que está mala la historia del espermatozoide que llegó primero?  No.  Es verdad.  ¿Entonces?  El problema, vuelvo a decirlo, es el enfoque.

Si despegas un árbol del la tierra, y lo abonas, lo riegas, lo proteges contra plagas y enfermedades, ¿Sobrevivirá?  No.  ¿Qué deberíamos hacer para que crezca, y llegue a dar fruto?  Devolverlo a la tierra, para que ahí eche raíces y de fruto.  Es decir, volver al origen, a la tierra, ahí está todo lo que necesita.  Pero la psicología le dice: tu eres un árbol.  Di conmigo “yo soy un árbol, y mi destino es dar fruto”.  Si ese árbol no vuelve a la tierra, porque más de diga que es un árbol, eso de nada le va ayudar, porque su problema no es de identidad, es de origen.

Hasta que volvamos a Dios experimentaremos que ahí está todo lo que necesitamos.  Mientras la psicología no nos conduzca a nuestro origen, seguirá siendo inútil.

LAS VERDADERAS MENTIRAS

He estado varias veces en un simulador.  Es un aparato en el que entras, algo parecido a un vehículo totalmente cerrado con varios asientos para los que experimentarán la simulación.  Una vez lo hice con un vuelo estilo “Star Trek”, y otra con una viaje especial de la NASA.  Fue impresionante, parecía de verdad, pero era mentira.  Parecía verdad pero era mentira, era una verdadera mentira.  Era verdad la experiencia, pero era mentira en el fondo todo lo que pasaba.

De la misma manera que existen aparatos simuladores, hay gente “simuladora”.

1. Los “simuladores”…
lo primero que intentan es disimular la verdad proyectando una verdadera mentira.  Por ejemplo, un esposo le dice a una esposa que la ama, pero disimula que la rechaza proyectando un cariño de mentira.  Las caricias de cariño están ahí, le acarició el cabello de verdad, le pasó su dedos por entre sus cabellos, ella lo sintió, pero esa experiencia verdadera era un disimulo de la verdadera mentira: no la ama, pero parece que si.

2. Los “simuladores”…
usan mucho la expresión “yo no fui”.  Por ejemplo, estás con varias personas, se te sale un gas que no pudiste contener, el olor se expande, los demás lo huelen, nadie disimula, pero tu simulas que no fuiste, y dices: “alguien está podrido”, pero ese alguien eres tu.  Así que los “simuladores” son expertos mentirosos.

3. Los “simuladores”…
nunca llegarán a ningún lugar.  Cuando terminó mi viaje sideral, abrieron la puerta y el aparato estaba más adherido al piso que una roca, nunca despegó, nunca voló, nunca hubo un viaje, ni un aterrizaje.  Siempre estuvo en el mismo lugar.  Igual le pasa a los simuladores, nunca llegarán de verdad a lo que pretenden con su simulación.

4. Los “simuladores”…
son presa fácil de las depresiones, porque saben que al terminar el día, o despedirse de ti, la realidad los envuelve, y eso es una carga muy pesada, que día tras día tienen que llevar.

5. Los “simuladores”…
son como vendedores fraudulentos, te ofrecen un producto que en verdad es una mentira.  Y todos alguna vez ya fuimos o seremos sus víctimas.  Por ejemplo, te cuentan una historia terrible que les está pasando, y que necesitan un dinero urgente, y tu tomas el dinero de varios pagos que debes hacer, y se lo das.

6. Los “simuladores”…
son expertos cuenta cuentos.  Tienen una habilidad para decir las cosas de tal forma que parece que es verdad pero es mentira.  Y tienen una forma de contarte sus historias que si no te cuidas terminas sintiéndote culpable si no les ayudas.

7. Los “simuladores”…
son como los ilusionistas, porque parece que algo es real, pero es solo efectos especiales.  Prácticamente cualquier cosa se puede simular, aun la fe.  Por eso la Biblia dice que debemos tener una “fe no fingida”.  Es decir, parece que creen en lo que dice la Biblia, pero practican otras cosas. Dicen que aman a Dios, pero con los hechos lo niegan.  Te dicen que te aman a ti, pero por detrás te denigran.  Ahhh, ¿y qué de aquellos que son una cosa en la casa y otra en la reunión de la iglesia?

No hay forma más descansada de vivir que ser uno mismo tanto cuando está frente a una persona como cuando ya no lo está.  Comienza a ser de una sola cara siempre.  Si algo te desagrada de alguien díselo con respeto buscando aportar para su vida, pero no simules que te cae bien cuando en verdad te cae mal.  Arregla eso, y vive en paz.