Category: Discipulado

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (CUATRO TIPOS DE OYENTES)

La “Parábola del Sembrador” es la más famosa de las parábolas que compartió Jesús, y la importancia de esta se debe a dos cosas, uno, que esta es clave, según dijo Jesús mismo, para entender todas las demás, y dos, que esta es transcendental porque se refiere al oír que lleva a la fe para la salvación eterna. Y una cosa más antes de ir al bosquejo, las cuatro actitudes que se tienen al oír la Palabra no solo se presentan en los no creyentes, lamentablemente también en los creyentes, de ahí que también debemos tener oído abierto para recibir lecciones para nuestro provecho en la fe.

La Parábola del Sembrador

¡Nuestro anhelo es llegar a ser tan frutífero como el que dio más: ciento por uno!

LA MEJOR MANERA DE APRENDER

Hicimos un viaje de quince kilómetros en tres horas.  Eso es lento, y además, por donde hicimos el viaje era un poco peligroso, la carretera en mal estado, oscuro porque lo hicimos en la noche, y desolado.  Ver a una persona era un alivio.  La aventura fue tratando de redimir el tiempo.  Veníamos de la Provincia de Limón, y cuando llegamos a un pueblo llamado Siquirres, decidimos, por el consejo de un amigo, tomar una ruta alternativa, que en teoría nos haría llegar más rápido a nuestras casas, y según estimamos estaríamos llegando a las 8 de la noche, pero llegamos a las 11 de la noche.

Seguro que si fuera de día hubiéramos disfrutado de una exuberante naturaleza, porque en algunos trechos del camino, prácticamente era selva madre, pero no vimos nada por ser ya de noche.  Veníamos cinco vehículos, y unas veinte personas entre todos.  Ahora, como mencioné, el trayecto de 15 kilómetros, que nos dijeron, se volvió toda una aventura de tres horas.  ¿Qué pasó?  Aún a una velocidad de 15 km por hora lo que nos tardaríamos sería una hora, pero tardamos tres horas, y en esas condiciones.

Lo que yo pienso es que simplemente en algún punto nos equivocamos, y en lugar de tomar a la derecha, tomamos a la izquierda, o viceversa, y eso nos complicó el regreso, nos complicó llegar a nuestro destino.

Esto me recordó un negocio donde reparaban relojes de pulsera.  Había en San José centro una solo relojería llamada “X”, pero al tiempo, habían dos más llamadas de la misma manera.  Cuando pregunté, para llevar mi reloj a reparar, si eran tan buenas como la original, me respondieron que idénticas.  El caso era que los hijos del dueño habían abierto tiendas iguales.  Ellos habían aprendido con su padre el oficio al estar con él en la tienda original.  La forma en que habían aprendido era oyendo y viendo a su padre, intentando hacer lo mismo, y siendo corregidos por él cuando se equivocaban.  Este sencillo proceso es la mejor manera de aprender.  Se llama ser “mentoreados”.

Si nuestro amigo nos hubiera acompañado para ver como él haría el trayecto, y nos fuera corrigiendo cada vez que perdiéramos el rumbo, de seguro que habríamos llegado temprano, y además nos hubiéramos librado de cualquier tensión por el hecho de no saber dónde estábamos, a dónde realmente llegaríamos, y cuándo llegaríamos.

Este proceso también se llamado por siglos “discipulado”.  Y lo más valioso que puedas tener como uno de los recursos para el “trayecto de tu vida” es un mentor.  Y esto se vuelve todavía de mayor estima si ese mentor es para tu vida espiritual.  De seguro que necesitas uno.  Si ya lo tienes, un líder espiritual, un pastor, que a la vez sigue las pisadas del más grande de todos los “mentores”, llegarás con seguridad a tu destino, y sin tantos golpes de los que pudiste librarte.  Aprecia a tu mentor, porque tu mentor sabe a donde puedes llegar, y su mentorado no es para mal, es para bien.

Yo lamenté que nuestro “amigo” no viniera con nosotros, eso nos hubiera ayudado mucho.  Pero creo que nadie de nosotros le insistimos para que nos acompañara, creímos que era muy fácil.  Pero es que aun lo fácil, se puede convertir en difícil sin un buen mentorado.  No menosprecies a tu mentor, a veces puedes tenerlo cerca y ya no requerir de sus servicios.  Por supuesto, el mentor se da cuenta de que no le tomaste en cuenta, y parte de su mentorado es dejarte ir sin él, aunque luego aparecerá con sus correcciones para bien.  Pero es mejor tomarle en cuenta, que como extra, fortaleces tu relación con él.

Moisés, el personaje bíblico, apreciaba tanto ese mentorado de Dios mismo, que una vez dio la impresión de desobedecerle, y cuando se le indicó una misión, él respondió que NO IRÍA, SI DIOS MISMO NO LE ACOMPAÑABA, que no aceptaría a otro compañero de camino, sólo a Él.

Aplica el principio del mentorado para tu trabajo, para tu liderazgo, para tu llamado espiritual, y para tu comunión con Dios.

EL PODER DE LA DISCULPA

De toda la humanidad uno puede hacer dos sencillos grupos: los que se disculpan y los que no se disculpan.  Seguro que te ha pasado que uno le llama la atención a una persona por algún buen motivo, no fue asunto de que de la nada se le reprendió, la verdad es que hubo una razón justificada y de peso por lo cual se le reprendió.  Pero cuando se le llama la atención la persona da mil argumentos, resiste, y hasta termina reprendiendo al que le reprende, porque cree que es una injusticia hacia él la reprensión, y en lugar de simplemente reconocer su error y disculparse, toma una posición conflictiva nada agradable.

Por supuesto, la próxima vez que debas reprender a la misma persona, eso no va a ser la mejor tarea del día que te toca realizar.

La persona que se disculpa:

  1. Se le abren puertas, porque inspira confianza.
  2. Es muy agradable para crear relaciones que pueden llevar a buena amistad y oportunidades.  Muchas veces, lo que hace el que se disculpa no solo es crear una relación nueva, sino sanar una relación que se había deteriorado.  La disculpa hizo el puente de la restauración.
  3. Le cae bien casi a todo el mundo (porque no siempre le caemos bien a todos).
  4. La persona que se disculpa aprende y mejora.
  5. La persona que se disculpa no hay que reprenderla con fuerza, de hecho, muchas veces se adelanta a la reprensión.
  6. La persona que pide disculpas demuestra fortaleza, no debilidad de carácter.
  7. La persona que pide disculpas camina en el espíritu de humildad, y esta característica eleva a quien se disculpa.  Y en ella se cumplirá la máxima bíblica: “el que se humilla será exaltado”.

Al dedicarme a tratar con gente, y especialmente, en el desarrollo del carácter, veo que todos somos diamantes para ser pulidos, y cada vez que tuve que reprender a alguien y aceptó la reprensión con disculpas sinceras, eso hizo que esa persona brillara más, estaba siendo pulida y se dejó, y por consecuencia reflejo mayor luz.  Pero también he tenido el caso de tener que reprender y obtener una reacción negativa, incomoda, y nada feliz de la persona reprendida, que al final resultó en un diamante no pulido, y cuanto siguen por la vida nunca brillaron, eran diamantes, pero sin la forma correcta para brillar.  ¡Cuando te disculpas… brillas!

INSTINTO DE OVEJA Y PRUDENCIA DE SERPIENTE

Estaba almorzando con varios colegas, hablamos de nuestras labores, muy ameno.  Cuando terminamos teníamos que dirigirnos al salón de reuniones donde trataríamos asuntos oficiales.  Salimos del salón comedor rumbo al salón de reuniones, uno del grupo tomó la delantera, comenzó a subir hacia un segundo piso y todos comenzamos a subir por las escaleras, todos hablando, compartiendo, disfrutando.  Cuando él llegó al segundo piso y comenzó a caminar, todos también ya casi llegábamos al segundo piso, estábamos en las últimas gradas pisándole los talones al que “nos guiaba”.

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Pero todos fuimos sorprendidos cuando desde el primer piso uno de los colegas que trabaja en la institución donde estábamos nos llamó la atención diciéndonos que no era por ahí, qué bajáramos y tomáramos la dirección correcta.  Todos nos devolvimos riéndonos, el que “nos guiaba” dijo: “ven, eso pasa cuando siguen a alguien que no sabe para dónde va”.

Si tu estás siguiendo a alguien, si te has sumado a un grupo que está siguiendo a alguien, ¿estás seguro de que al que sigues sabe para dónde va?  ¿Saben los demás hacía dónde va aquel a quien siguen?  ¿O sólo es instinto de oveja?  No es que esté criticando ese instinto de oveja de seguir al pastor, es reflexionar honestamente acerca de aquellos que dirigimos “ovejas” sobre el rumbo en qué estamos guiando.  ¡Qué trágico que después de haber escalado al segundo piso tengamos que decirles que se devuelvan, qué el tiempo invertido fue perdido, que lo enseñando fue errado, que lo vivido fue en vano, que lo sufrido fue sin causa!

A quién seguimos los colegas es de nuestro respeto, confiamos en él, le creemos, solo que no sabía hacia dónde iba, y todos le seguimos.  Igual nos puede pasar a nosotros los que guiamos a otros, que por la confianza que nos tienen seamos descuidados al ya no importarnos tanto hacia dónde vamos, porque lo que ahora nos importa es que simplemente nos sigan.  ¿Me explico?  Podemos caer en ya no guiar hacia el lugar a donde se debe llegar, lo que nos importa es que me sigan.  El ego tomó el lugar de la causa.  Esto es peligroso e irresponsable de nuestra parte.  Si eres líder, lo primero que tienes que saber es hacia dónde guías a los que te siguen.

Aquí es donde los líderes debemos desarrollar prudencia de serpiente.  La serpiente no es por naturaleza un animal que guste como mascota, más bien se busca matarla, por lo cual no puede ser tan incauta, no se vaya a dormir porque sería fácil matarla.  No podemos ser incautos y dormirnos al descuidar la visión de hacia dónde vamos.  Recuerden, como lo digo siempre, LA TENDENCIA ES SALIRNOS DE LA VISIÓN.

¿Quiénes son Discípulos?

Un profesor puede tener estudiantes.

Un político puede tener votantes.

Un músico puede tener fans.

Una actriz puede tener admiradores y admiradores.

Un científico puede tener colaboradores.

Un deportista puede tener seguidores.

Un pastor puede tener miembros en la iglesia.

Pero, ¿quiénes son sus discípulos?

¿Qué es lo que hace que alguien se convierta en discípulo de otra persona?  ¿Qué es lo que lo diferencia a un discípulo entre fan, seguidor, estudiante o miembro?  Sencillo: su deseo de imitar.  Nadie es discípulo si no está dispuesto a imitar.  Un profesor puede enseñar, dar información, nutrir intelectualmente, y así tener muchos estudiantes, pero discípulo es el que comience a imitarle, a soñar con lo mismo que él sueña, a pensar como él piensa, a actuar como él actúa, y a vivir como él vive.  Ahí hay un discípulo.

Un pastor puede tener miles de miembros en su iglesia, pero discípulos son los que ven a un mentor en él, cuyo ejemplo se vuelve motivación en su vida para querer llegar a parecerse a él.

Un general puede tener subordinados, pero aquellos soldados que anhelan ser como el general esos son los discípulos de verdad.

El discipulado verdadero puede ocurrir sin ni siquiera conocer en persona al mentor.  Un ejemplo:  mi hijo Jonathan admira a un músico, ha aprendido de su estilo, de su género, de su forma de proyectar la música, de las guitarras y demás instrumentos que usa, de los efectos y aparatos para lograr el sonido particular, etc., etc., etc.  En otras palabras, se convirtió en un discípulo.  Sin embargo, otro que pueda estar al lado físicamente, viviendo en el mismo lugar, asistiendo al mismo lugar, no se convierte en discípulo, ¿porqué?, porque no lo imita.

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En la Biblia, el apóstol Pablo habló de está actitud de discipulado, y dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1Co.11:1).  El gran desafío es para aquellos que deseen tener discípulos, pues deben convertirse en ejemplo de los demás.  Si hay algo digno de imitar en ti, prepárate para tener discípulos, aun desconocidos.

La verdad es que todos debemos tener de las dos cosas, mentores por un lado, y discípulos por el otro, pero todo comienza siendo discípulo de verdad.

Se discípulo.  De los de verdad.