Category: Pasividad

LOS MEJORES TRABAJAN CON LOS MEJORES

Cuando violamos este principio, tenemos problemas, perdemos demasiado tiempo, tanto que a veces tenemos que empezar de nuevo, desde cero, para volver a edificar lo que fue destruido.  Este principio lo han descubierto los que se han vuelto mejores, y saben que si no se rodean de gente como ellos, es decir, los mejores, nunca llegarán a explotar a los niveles que desean, porque los mejores te harán flotar y elevarse, pero los peores te harán bajar y hundirse.

Los mejores necesitan a los mejores, porque los mejores:

  1. Los mejores tienen motivación propia.
    No hay que perder tiempo tratando de motivarlos, y menos frustrándose uno mismo tratando de hacer que ellos hagan las cosas.  Todo lo contrario, ellos hasta se vuelven como combustible para el “mejor” con quien trabajan.
  2. Los mejores ven adelante.
    Los mejores no ven atrás, ven adelante.  Están desarrollando la función en su lugar actual, de la manera actual, pero ya están viendo lo que se necesita para hacer las cosas cuando sean más grandes, para cuando se expandan.  Es como si ellos estuvieran siempre subiendo gradas, ven la que siguen.  No están conformes donde están, siempre ven como mejorar las cosas.
  3. Los mejores hacen de la excelencia su marca.
    Los mejores hacen lo que hacen con la marca de la excelencia bien sellada en la superficie de todo lo que tocan.  Lo que tocan brilla.  Lo que tocan se vuelve hermoso.  Lo que tocan huele a buena calidad.  Hay gente que lo que toca lo destruye, lo echa a perder, lo ensucia, lo degrada, lo mancha, lo aniquila, lo afea.
  4. Los mejores conocen.
    Cuando “el mejor” trabaja con “los mejores”, lo mejores saben de lo que está hablando su líder, porque ellos conocen, y no solo conocen la materia que domina “el mejor”, hasta aportan par que las cosas sigan creciendo.
  5. Los mejores tienen el mismo espíritu.
    Es decir, tienen una conexión especial con la cabeza de la organización, de la oficina, o del proyecto.  Han llegado a pensar de la misma forma, de soñar los mismos sueños, de aspirar a lo mismo, a hablar de la misma manera un lenguaje que para otros hay que traducirles para que entiendan.

Este principio es un principio bíblico.  Una cosa es que Dios escoge hasta lo vil para usarlo, y otra es que Dios usa a lo mejor.  Es verdad que Él escoge lo vil, pero no usa lo vil, lo santifica, lo llena de su sabiduría, lo capacita, lo bendice, lo fortalece, y lo unge, es decir, lo vuelve “lo mejor” a partir de lo vil.  Ya Saulo había dado muestras de un ímpetu fuera de lo común cuando el Señor lo tomó y lo convirtió en el apóstol Pablo.  No usó a Saulo, lo hizo un Pablo.  Y el Señor, “el mejor” trabajó con “los mejores”, y producto de eso tenemos esos escritos extraordinarios de Pablo.

¡Vuélvete de “los mejores”!

DOS CLAVES PARA UN PRÓSPERO AÑO 2010

Pensando en el año 2010 tenía la convicción de dos cosas que serán claves para que este año sea próspero.  Escuchaba a un amigo confirmando estas dos claves que les comparto cuando mencionaba un proverbio que dice: “El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada.” (Pr.13:4).

Estas son las dos claves:

1. Trabajo.
El deseo no es suficiente.  Con solo el deseo no se alcanza nada.  Se debe ser diligente, es decir, trabajar.  Este año es año de trabajo, no para perder tiempo viendo televisión por horas y horas.  No es tiempo para andar socializando con amigos y descuidando los estudios.  No es tiempo para trasnochar y llegar tarde a las labores.  No es tiempo para andar navegando por internet curioseando sin algún enfoque particular que pueda contribuir más bien a tu desempeño, y por andar navegando así puedes naufragar peligrosamente y hasta fatalmente.  Trabaja con dedicación, con pasión, y responsabilidad.  Cuando digo trabajo, no me refiero a trabajo duro, sino a trabajo inteligente, que bien puede implicar trabajo duro, en el sentido de diligencia, pero sobre todo con inteligencia.

2. Formación.
Esta es la segunda palabra para estas doce claves para tener un próspero 2010.  Concéntrate este año en tu formación personal.  Que este año te desarrolles y venzas defectos que todavía estuvieron presentes en el año pasado.  Que se acabe la mentira en tu personalidad.  Que se acaben los temores y las depresiones.  Que se acaben las faltas de educación y defectos de carácter.  Si nos dedicamos a crecer personalmente, seremos como árboles que no importa los vientos que soplen, ya no somos como cañas que dobla el viento, sino como robles que lo parten.

Por supuesto, este blog no es un estudio sobre estos aspectos, sino una motivación que cada uno debemos aplicar de la mejor manera.  Hazlo, y te aseguro, que si te dedicas a este aspecto externo del trabajo, y al interno de tu personalidad, el año 2010 será no solo un deseo de que sea próspero, sino una realidad.

LA LEY DE LA OPORTUNIDAD

Una de las verdades más curiosas que aprendí fue esta: La ley de la oportunidad.  Un discípulo me dijo: “Usted nunca me da la oportunidad”.  A lo que le respondí: “Las oportunidades nunca llegan, tu vas a ellas”.  Pero la verdad es que yo mismo nunca lo había visto así.  En forma práctica se era una realidad en mi, pero la forma de decirlo era nueva.

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Las oportunidades algunos las están esperando como si fuera algún tipo de lotería, en la que se anuncia el número, yo digo que lo tengo, y voy por mi premio.  Las oportunidades no son así.  No llegan así.  No tocan a la puerta así.  Las oportunidades “le llegan” a dos clases de personas:

1. Las personas que se preparan.
Por ejemplo, admiras a esos conferencistas que dan sus disertaciones espectaculares frente a cientos y miles de personas, lo hacen con propiedad, con elocuencia, con dinamismo, persuadiendo para poner por obra algún principio, motivando para emprender algún proyecto, y todo lo hacen parecer tan fácil.  Lo cierto es que esa oportunidad de hablarle a cientos y miles en un amplio auditorio es la punta del “iceberg”, porque en el fondo hay años de preparación, años de perseverancia para dominar sus temas y demostrarlos en la vida propia.  No a cualquiera ponen de conferencista principal en un gran evento.  Realmente la oportunidad no le llegó, él fue caminando día tras día, mes tras mes, año tras año, y tal vez hasta decenio tras decenio hasta que llegó a su oportunidad.  Y lo mismo es para futbolistas, guitarristas, predicadores, doctores, artesanos, fabricantes de algo, vendedores, y cualesquiera otra ocupación y profesión.

Mientras algunos duermen, ellos se preparan.  Mientras otros están jugando, ellos se preparan.  Mientras otros pierden el tiempo, ellos e preparan.  ¿Quién recibirá las oportunidades en la vida?   Cuando veamos a los que disfrutan de las oportunidades es porque ellos estuvieron ahí, donde llegan las oportunidades, y nosotros estábamos en otro lado.

2. Las personas que trabajan.
Los diez bancos más grandes del mundo se levantaron en Japón.  ¿Recuerda?  Donde dos bombas atómicas destruyeron dos grandes ciudades e hicieron que colapsara esa nación, empezando por su rendición frente a los aliados.  Y en esa nación ahora están los diez bancos más grandes del mundo.  ¿Por qué?  Porque son gente trabajadora.  Occidente ha tomado prácticas como “justo a tiempo”, “Calidad total”, “Las cinco S”, “trabajo en equipo”, y muchas más de la experiencia japonesa en cuanto a su forma de trabajar.  Hasta las huelgas son diferentes.  Nosotros los latinos tenemos “sindicatos”, “huelguistas”, etc.  que reclaman más días de vacaciones, más horas libres, más beneficios, más días festivos, más fines de semana largos, y más monopolio para no tener que trabajar contra la competencia.  A un perezoso le llega una oportunidad, y por pura pereza no la aprovecha.  Pero lo cierto, es que ni le va a llegar.

Las oportunidades se mueven solamente en el ambiente de la preparación y el trabajo, fuera de ahí, no existen.  Es una ley.  La oportunidad es selectiva, no a todos les toca la puerta.

La Excelencia no Funciona en Piloto Automático

La Excelencia es una búsqueda que nunca termina.  Por eso, cuando haces algo excelente, la misma excelencia que empuja a superar lo excelente de antes, por lo cual, lo excelente de hoy es lo obsoleto de mañana, y siempre será así.

La gente que anda en el espíritu de la excelencia, no anda en piloto automático.  Andar en piloto automático es esfuerzo nulo, es cuando todo está tranquilo, cuando no hay ninguna turbulencia, es cuando no hay ninguna amenaza, es cuando  te puedes desligar de tu ocupación e irte a tomar una taza de café.

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Cuando la gente anda en piloto automático no ve detalles que se deben arreglar, no se reta a una maniobra nueva, anda… tomando café.  Cuando la gente anda en piloto automático no tiene el desafío de dar más, ni siquiera preocuparse de que se le derrame algo de su taza de café.  Cuando la gente anda en piloto automático es entrar en un estado de pasividad donde se pierde el estado de alerta, estado donde no se ve todo lo que se puede aprender y mejorar.

La excelencia es un estado de conciencia más bien activo, donde los detalles que los demás pasan por alto, para el de espíritu de excelencia, son las claves de lo que hará la diferencia entre lo que fue excelente y la nueva medida de lo que será excelente.

Lamentablemente, parece que tantos andan en piloto automático, en estado de conciencia de pasividad, que simplemente las cosas siguen su curso, y nada más, aunque existen tantas cosas que mejorar, desde mi apariencia, mi relación con Dios, mi trabajo, mi familia y hasta mi nación.

Despierta.  Desactiva el piloto automático y retoma la excelencia.

Se excelente.