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DIOS COMO PADRE

Este es el bosquejo del tema que compartí el domingo 19 de junio de este año.  Profundizar en cada punto lleva tiempo, por eso me gusta compartirlo para que revises personalmente cita tras cita y disfrutes más del tema.

Dios Como Padre

TODO MUNDO NECESITA RECONOCIMIENTO

El reconocimiento es algo muy sano.  Algunos pueden demandarlo en forma desequilibrada, pero en general, todos lo necesitamos en forma equilibrada.  No hay nada malo en desearlo una vez que hayamos terminado alguna actividad que realizamos bien.  Desde niños nos gustaba enseñar un buen examen a nuestros padres, con el solo objetivo de oír palabras de reconocimiento.  Nos gustaba oír que nos dijeran que éramos muy inteligentes, que éramos muy buenos estudiantes.  Si no lo nuestro era más bien que estábamos en el equipo de fútbol nos gustaba que nos vieran hacer un gol, y si lo hacíamos, buscábamos entre la gente a aquellos que conocíamos buscando reconocimiento.

El reconocimiento es bueno.  Y debería ser algo que demos, no que estemos buscando recibir, y cuando lo recibamos lo disfrutaremos.  Pero lo número uno es que debemos buscar darlo, y para que se vea real, debemos darlo como elogio, no como adulación.  El elogio produce el bien de otro, pero la adulación busca nuestro propio bien.  El reconocimiento es algo que necesitamos, de hecho, si no nos lo dan, uno mismo se dice: “bien hecho”.  Y hasta uno mismo se da una palmadita en el hombro.  O se mira al espejo y hace una señal de aprobación con el dedo pulgar hacia arriba.

Una cosa importante sobre el elogio o reconocimiento.  No hay elogio más importante que aquel que viene de una autoridad.  Me refiero a que muchos pueden elogiarte, pero si no te elogia la persona de autoridad sobre ti, o una persona muy estimada por uno, no hemos recibido los elogios más poderosos.  En mi caso, alguien me puede elogiar, pero si hay un elogio poderoso es el de mi familia empezando por mi esposa.  Y lo mismo es cuando alguien me reprende.  Uno puede hasta pasar por alto el elogio de otros, pero los de las autoridades sobre uno, y las personas importantes para uno, dejan huella para siempre.

Jesús fue un maestro del reconocimiento.  Y hay muchos lugares en la Biblia donde lo usó, pero uno de los mejores ejemplos es cuando se dirige a la iglesia de Efeso en el Libro de Apocalípsis (Ap.2:2-4) que dice:

“2​Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;

3​y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.

4​Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.​”

Si ven con detenimiento, Jesús menciona diez cosas positivas para luego mencionar una negativa.  Era grave la negativa, pero eso no invalidaba las diez positivas.  Hay gente que no puede elogiar a otro porque solo ve lo negativo.  Y muy diferente a Jesús ven diez cosas negativas y con dificultad una positiva.  Debemos seguir esa regla 10:1, elogiar por diez cosas positivas antes de corregir por una negativa.  El ejemplo de Jesús sería excelente que lo siguiéramos.

A LOS PREPOTENTES NI DIOS LOS QUIERE

Ayer jugaron México y Argentina su pase a la siguiente fase en la Copa Mundial de Fútbol 2010 en Sudáfrica.  No puede verlo completamente porque estaba con mi hijo Jonathan saliendo del hotel hacia el aeropuerto El Dorado en Bogotá Colombia para dirigirnos a nuestro amado país Costa Rica.  Sin embargo, si vimos el inicio.  Varios de los huéspedes del hotel estaban en el “Lobby” viéndolo.  Pregunté que cuántos iban con México, las caras me dieron la repuesta, y me devolvieron mi pregunta con otra pregunta: ¿de dónde es usted?  Pensé, si digo que de Argentina, les voy a caer muy bien, pero no es verdad.  Si les digo que de México me da la impresión de que no llegaré sano y salvo al aeropuerto, y además tampoco es verdad.  Y si digo que de Costa Rica, tal vez sospechen que en Centroamérica, en general, el sentimiento es que gane Argentina, pero yo sé que el sentimiento general en Sudamérica es que gane México.  Entonces, a la pregunta de ellos: ¿de dónde es usted?  Mejor les hice otra pregunta, no muy inteligente, pero para evadir: ¿Porqué ustedes siendo sudamericanos no van con Argentina?

La respuesta que me dieron es una sencilla pero clara realidad.  La respuesta fue: “Porque los argentinos son unos prepotentes”.  Ahora, si yo preguntara porque el sentimiento general de los centroamericanos era ir con Argentina, la situación es la misma: “Porque los mexicanos son unos prepotentes”.  Recuerden que estamos hablando solo de fútbol, para no malinterpretar.  Los mexicanos en algún momento hasta llegaron a decir que en centroamérica jugamos con un balón cuadrado.  Entonces cuando ayer Argentina anotó el primer gol la satisfacción era más que un gol, era porque era contra México, y cuanto anotó el segundo, ya algunos estaban crujiendo los dientes y con los puños cerrados deciendo: “que rico”.  El placer del segundo gol era orgásmico.  Y cuando vino el tercer gol era un éxtasis celestial.  Y el deseo de algunos era pasar a un nivel más alto, en su interior gemían por más goles contra México, seguro que algunos esperaban cinco contra cero, pero vino la anotación mexicana, y el fuego se enfrió pero todavía ese placer… de ganarle a México.

La clara verdad es: nadie ama a los prepotentes.  Podemos ser buenos en algo, y de seguro que eso atraería a muchos para que nos admiren o quieran aprovechar lo que sabemos.  Solo que cuando le agregamos el aroma, o mejor dicho, el hedor “prepotente”, en lugar de atraer alejamos, la verdad es que echamos a perder aquello tan bueno que tenemos.  Por ejemplo, y para que vean que no es algo de la nación, sino solo del fútbol, Messi, siendo argentino, una de las cosas que gustan de él es su “humildad”, y Ronaldo Cristiano, sin ser ni mexicano ni argentino, una de las cosas que no gustan de él es su prepotencia.

La consecuencia de esa clara verdad sobre la prepotencia tiene consecuencias.  Ya dije antes algo de eso, pero el asunto trasciende hasta las esferas del cielo.  Ni Dios quiere a los prepotentes, o sea, no es algo para pasar desapercibido, miren como lo ve Dios mismo:

“Dios mío,
tú estás en el cielo,
pero cuidas de la gente humilde;
en cambio, a los orgullosos
los mantienes alejados de ti.” (Sal.138:6 Biblia Lenguaje Actual).

Lo que tenemos que hacer no es dejar nuestras habilidades, o reconocer que somos buenos en algo, sencillamente es poner todo eso en una buena envoltura que se llama humildad.  Y esa humildad empieza por reconocer que Dios es Dios, y nosotros sus ovejas, necesitadas de Él.  Si no los ha hecho, empieza por recibir a Jesús en tu corazón para que Él sea quien te conduzca por sus caminos de bien, y no de mal.

NO EMOCIONA CRISTIANOS EMOCIONALES

No me emocionan los cristianos emocionales.  ¡Pero cómo me animan, me retan, me desafían, me enseñan, me impulsan, me levantan, y me súper inspiran los cristianos espirituales!  Hoy hablé con una esposa después de que su marido fue asesinado por alguien que hizo una ráfaga de balas contra viarias personas en un establecimiento.  Cuando hablé con ella me llené de entusiasmo, alabamos al Señor juntos, expresamos nuestra esperanza eterna, y podía percibir la fortaleza que da el Espíritu Santo derramando la abundante gracia del Señor.  ¡Qué mujer!  ¡Espiritual!  ¡No emocional!  ¡No almática!

Por supuesto, esto no significa que las emociones sean malas por sí mismas.  Pero estas no deben gobernar nuestra conducta.  Deben embellecerla, no malograrla.  Algunos dicen que básicamente se pueden catalogar las emociones en ocho categorías: Temor, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación.  Que luego al combinarse entre ellas resulta todo el abanico emocional, que se hace mayor cuando pensamos en que las emociones se pueden manifestar en diferentes intensidades, lo cual hace más grande la gama emocional, tanto como casi 5 elevado a la 21 potencia (cálculo mío).

Pero sea como sea, imagínese que nos comportáramos de acuerdo a lo que estemos sintiendo.  Algunos si lo hacen, pero el final no es bueno.  Sienten irse con una mujer que no es su esposa, y de ahí surge una familia destruida, con los dolores de un divorcio, y muy probablemente una relación nueva con fundamentos muy endebles para construir la “nueva relación”, por tanto, con un futuro predecible de un nuevo fracaso.

Si nos dejamos gobernar por lo que sentimos de seguro que no iríamos a trabajar el día que amanece lloviendo, con frío, obscuro, y pareciera que más calientitas que nunca las cobijas.  ¿Cuántos están en las cárceles porque se dejaron llevar por las emociones?  ¿Cuántos murieron porque se sentía muy bien ir a altísima velocidad en su automóvil?  ¿Cuántos dañaron relaciones importantes con otros porque en el calor de las emociones dijeron cosas que provocaron distanciamiento y consecuencias irreconciliables?

Una de las cosas que he visto a lo largo de los años de la experiencia tratando con gente es que podemos controlar y cambiar las emociones.  No siempre podremos cambiar las circunstancias, pero siempre podremos cambiar los sentimientos.  Cuando logramos dominar las emociones es un buen indicio de que estamos madurando, y lo contrario, dejarnos llevar por la corriente emocional es indicio de nuestra inmadurez.

Empecé hablando de cristianos emocionales como una objeción a la vida cristiana porque ser cristiano y ser gobernado por las emociones es como si hubiésemos logrado mezclar el agua y el aceite, lo cual en condiciones normales en violentar las leyes físico-químicas, y en la conducta cristiana es violentar leyes espirituales.  Al cristiano le guía el Espíritu Santo, no las circunstancias.

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UNA VERDAD EXTRAORDINARIA: LA GENTE SI PUEDE CAMBIAR

Voy al grano.  Me resisto a marcar a la gente de tal forma que pareciera que nunca van a cambiar.  Yo soy un ejemplo de eso, y creo que cada uno de ustedes mis lectores, también.  Yo no soy el mismo de hace diez años, sin embargo, gente que me conoció hace diez años puede comentar con otros que yo soy de esta y de aquella manera, pero lo que está diciendo no es verdad, eso que dice es lo que yo fui, pero cambie.  En sus mentes yo sigo siendo el mismo, pero en la vida real soy otro.  Exactamente eso le pasa a todos los que han cambiado pero siguen siendo los mismos en la opinión de los que les conocieron tiempo atrás.

De mi parte, yo creo que las personas cambian.  Y aunque fueron de cierta manera, o cometieron errores de diferentes clases, me resisto a marcarlos así para el resto de sus vidas, me resisto a creer que llegarán de la misma forma hasta la tumba.  En el camino cambiarán para bien.  Eso es lo que yo prefiero creer.

Ahora, si no cambian, ellos fueron los que no aprovecharon mi forma de tratarlos.  Porque cuando tu no marcas a alguna persona le darás oportunidades que si no creyeras que cambian no se las darías.  Siempre he dicho que soy un hombre de oportunidades para los demás, y el fundamento de mi proceder es que creo que la gente cambia.

Puedes cometer errores, y hasta graves, pero eso no me autoriza a seguir llamándote de alguna manera por tus fallos.  Hay algunos que les encanta poner apodos según los errores de los demás, como si ellos no los cometieran, pero mejor sigamos llamándoles por sus nombres, y con la esperanza de que si cambiarán.

Yo creo que una de las virtudes de la naturaleza humana es cambiar para mejorar.  Tenemos la llave del cambio.  Desde que nacemos empieza el camino del continuo cambio, pasamos de infantes a niños, luego a jóvenes, y de ahí a la adultez.  Cambiamos de la inmadurez a la madurez.  Y aunque parece que algunos lo hacen a menor velocidad, y otros lo hacen a pasos agigantados, la verdad es que todos cambiamos.  Oigo que alguien dice: “es que fulano es un…” por algo que pasó hace tiempo.  No lo marques, como a ti tampoco te gustaría que te condenen a una forma de ser que ya no tienes porque cambiaste.

Lo peor, de verdad, lo peor, es cuando uno se marca así mismo y dice: “es que yo soy así, y nunca cambiaré”.  Desecha esas palabras.  No es verdad.  No nos condenemos a nosotros mismos. Hasta Dios cree que tu puedes cambiar.  Y si Dios lo cree, ¿quién soy yo para marcarme o marcarte?

LA INÚTIL PSICOLOGÍA

Por supuesto, no estoy desechando a los psicólogos, sino la forma en que se puede hacer psicología.  Hay una psicología inútil, y una que puede de verdad ayudar.  Todo depende del enfoque con que se practique.  Recuerdo que hubo una época muy marcada hace unos quince o veinte años atrás en que muchos colegas míos decidieron ellos mismos estudiar la carrera de psicología, o bien promocionarla entre la gente sobre la cual tienen alguna influencia, sin saber que teniendo una herramienta mejor, la cambiaban por una que solo era “la moda”.  Era algo así como cambiar una sierra eléctrica de acero por una lima de uñas de cartón.

Voy a ilustrar mi punto.

Cuando se habla de que muchas personas lo que atraviesan es un problema de identidad, entonces la psicología, y los que se meten a jugar de psicólogos, como los “motivadores”, o los que escogen un nombre más sofisticado como los “coaching” conferencistas, vienen y les dan una solución que parece maravillosa.

Les dicen cosas como así: tu eres un ganador desde que naciste, porque de entre millones de espermatozoides, tu eres el resultado del espermatozoide que llegó primero.  Tu eres un campeón, eres un ganador, eres un conquistador, eres el que llegó primero, eres maravilloso, venciste a los demás, los demás quedaron atrás pero tu perseveraste y rompiste los obstáculos, por eso estás aquí campeón.  Y claro, dicho con impetu, con emoción, y toda la fuerza del “coaching”, eso hace que saltes de la silla, te pongas de pie, alces los brazos, y digas: Si, ese soy yo, un campeón.  Además te ponen la música de Rocky cuando llega a la cumbre, y te sientes un campeón.

Parece que ahí todo se arregló.  Pero la verdad tu la sabes.  Termina la euforia de la historia del espermatozoide triunfador, y sigues deprimido, te hundes en la angustia, sigue la derrota que solo tu sabes hasta donde te aflige, las fuerzas te faltan y la fuerza que se te ve es simple apariencia, en tu cuarto a solas tu sabes la verdad sobre ti mismo.

¿Es que está mala la historia del espermatozoide que llegó primero?  No.  Es verdad.  ¿Entonces?  El problema, vuelvo a decirlo, es el enfoque.

Si despegas un árbol del la tierra, y lo abonas, lo riegas, lo proteges contra plagas y enfermedades, ¿Sobrevivirá?  No.  ¿Qué deberíamos hacer para que crezca, y llegue a dar fruto?  Devolverlo a la tierra, para que ahí eche raíces y de fruto.  Es decir, volver al origen, a la tierra, ahí está todo lo que necesita.  Pero la psicología le dice: tu eres un árbol.  Di conmigo “yo soy un árbol, y mi destino es dar fruto”.  Si ese árbol no vuelve a la tierra, porque más de diga que es un árbol, eso de nada le va ayudar, porque su problema no es de identidad, es de origen.

Hasta que volvamos a Dios experimentaremos que ahí está todo lo que necesitamos.  Mientras la psicología no nos conduzca a nuestro origen, seguirá siendo inútil.