Category: Disciplina

EL TRUCO DE COMER POR LOS OÍDOS

Digo el truco en el sentido de algo que se hace fuera de lo común, que parece que son secretos, pero no, son pasos que se dominan tan bien dominados (valga la redundancia) que salen bien una y otra vez.  En este caso, ¿cómo es el truco de comer por los oídos?  ¿Será que pones comida en los oídos y te la vas introduciendo poco a poco empujándola con un hisopo?  No, no es eso.  A lo que me refiero es una comida que produce fe en los que se la comen.  Fe, una palabra tan pequeña, pero qué poderosa.  Para quien tenga fe, todo es posible.  Poderosa, ¿verdad?

El truco tiene tres pasos en total.  En la Biblia, específicamente, en el libro de Romanos capítulo 10 versículo 17 (Ro.10:17) dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”  Y aquí están los tres pasos, si es que los deseas:

1. El fruto.
El resultado es la fe.  Eso es lo que queremos.  Es el paso final, aunque se menciona como el primer paso.  Los pasos que siguen nos dicen cómo es que llegamos a ver la fe, y de ahí, lo que sigue es la realidad de las cosas que creamos.

2. La dinámica.
Este versículo se lee mal en la iglesias, yo diría que todas las iglesias, aún la mía, pero con frecuencia les digo como es que se lee.  Noten que, por lo menos en la traducción Reina-Valera 1960, hay dos comas, y aún sin comas, dos veces aparece la frase “el oír”.  Esto significa que no es “oír” nada más, es “el oír, y el oír” lo que produce la fe.

3. El agente.
La Palabra de Dios es el agente catalizador de la fe.  La Biblia está llena, está cargada de fe.  Ese es el cargamento de la Biblia.  Un arma, si no está cargada con las balas, no tiene poder.  La carga de la Biblia es la fe.  Sin la Palabra no hay fe.

Ahora veamos los tres pasos de atrás para adelante, es parte del truco.

Tienes que leer la Palabra para conocerla, tienes que prestar atención cuando la predican para conocerla, pero de ahí tienes que, no oírla, sino “oírla y oírla”.  Oírla no es suficiente, sino “oírla y oírla”, y para eso hay que confesarla, y confesarla.  Y cuando lo hagas “la oyes y la oyes”.  Y cuando la oigas y la oigas, esa dinámica entonces activa la carga de la Palabra en tu corazón, ahí es donde surge la fe, y cuando llegas a tener fe, para el que cree todo es posible.

Si por ejemplo, estás enfermo, pero lees la Palabra de Dios en Is.53:4,5 que dice:  “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores;​​ y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.​  ​Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.  Y luego la dices una y otra vez para oírla y oírla, esa dinámica de “comer con los oídos” la Palabra que es comparada al “pan que sale de la boca de Dios”, eso alimentará la fe, y para el que cree todo es posible.  Yo me quiero alimentar de la Palabra para que surja la fe.  El truco es practicar los tres pasos estudiados.

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VIVE SENCILLAMENTE SENCILLO

Muchos pueden vivir en forma complicada porque sencillamente no viven sencillo.  Este pensamiento lo tuve cuando minutos después de despegar mi vuelo a Miami, USA, comencé a completar mi fórmula de visa de entrada, y mi fórmula de aduana.  Tomé mi lapicero, desplegué mi mesa del asiento, leí lo que me pedían que completara, tomé mi pasaporte, y comencé a completar cada espacio.  Fueron unos cinco minutos o más, y listo, todo con buena letra.

¿Qué hubiera pasado si no hago mi tarea de completar mis debidas fórmulas?

Imagínense que llegue al puesto del oficial de migración sin llenar las fórmulas.  Me devuelven para que lo haga.  Con las filas que se hacen para entrar a Estados Unidos, tendría una gran demora.  ¿Y qué tal si mi destino no fuera ese puerto de entrada?  Perdería el vuelo, con ello, por nuevas leyes, mi tiquete de cientos de dólares.  ¿Y si no tuviera dinero en efectivo para comprar otro?  Bueno, llamaría a alguien que me hiciera una transferencia a mi tarjeta.  Ahhhh, pero por las carreras de ir a llenar las fórmulas, se me perdió el celular.  Pero de todas formas mi celular, por no prever, no tiene “roaming” internacional, y no funciona.  Pero bueno, ahora era entrar, y luego a ver qué.

Bueno, de alguna manera, por fin ingresé al país, pero cuando llegué frustrado por mi equipaje, el único que quedaba por tanto tiempo en carreras era el mío, pero me di cuenta de que no era el mío, era similar, pero alguien se había llevado el mío.  Mis notas de las conferencias iban ahí, mis trajes iban ahí, mis libros, mis zapatos, mis objetos personales, todo… se fue a otro destino.  Y cuando abrí la maleta que se parecía a la mía, en busca de algo que me sirviera como compensación, me di cuenta de que seguro era de alguna pervertida sexual porque iban cosas muy extrañas en esa maleta.  ¡Dios!  ¡Todo se me complicó!

¿Y la razón?  No haber vivido sencillamente sencillo.

LAS TRES ETAPAS DE LA MOTIVACIÓN

“Etimológicamente, el término motivación procede del vocablo latino motus, tenía que ver con aquello que movilizaba al sujeto para ejecutar una actividad.  Podemos definir la motivación como el proceso psicológico por el cual alguien se plantea un objetivo, emplea los medios adecuados y mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta.”  Es lo que dice el Diccionario de la Real Academia Española.  Esto se le aplicaría muy bien al “Pirata” (nosotros) que tiene un mapa marcado con una equis en el lugar donde se encuentra un tesoro (el objetivo), lo que le motiva a aventurarse con su tripulación y su barco (los medios adecuados) hasta llegar a él (mantener la conducta con el fin de conseguir el tesoro).

Veamos las tres etapas de esa tremenda palabra.

1. “Se plantea un objetivo”.
Los objetivos eso si deben ser capaces de arrancar el motor de la motivación.  Hay objetivos que logran encender el motor, pero otros no.  Generalmente entre más desafiantes, más productivos, más rentables, y más prometedores, más generan la motivación.  Es como la gasolina de los aviones, si queremos volar la gasolina para autos no funciona.  Plantearse objetivos es, en una palabra: “visión”.  Y aunque no lo crean, el 90% de los seres humanos no tienen visión en la vida, solo pasan por el planeta sin haber pensado en grande, sin haber soñado cosas que fueron de impacto para muchos.  Simplemente nacieron, crecieron, se reprodujeron, y murieron.  Recuerda que nada existe sin ser primero un sueño.  Y una vez que tienes ese sueño comienza tu vida a moverse en esa dirección, de lo contrario, para un barco sin destino cualquier viento es bueno, y eso ocurre cuando no hay motivación.

2. “Emplea los medios adecuados”.
Una cosa que es muy frecuente es encontrarse gente con buenas ideas para desarrollar cosas pero se pasan la vida dándole vuelta a esas ideas, pero no las aterrizan, no van a la acción con los medios necesarios para construir según los objetivos planteados.  Si quieres llegar a ser un médico debes empezar por ser buen estudiante en el colegio.  Luego entrar a la Universidad, luego pasar cada curso, así hasta terminar.  Y puede ser que necesites trabajar para financiar la carrera, y eso implicará sacrificios, pero eso es solo parte de los medios hasta lograr el objetivo.  O bien, solicitar un préstamo estudiantil, y trabajar una vez graduado para pagar, y eso tal vez implique no andar en fiestas, no tener mucha vida social, etc., pero todos esas abstinencias son parte de los medios para llegar al final.  Dejemos de dar vueltas y veamos qué debemos hacer para llegar a la cumbre y salir de la planicie, y peor, del valle en que hemos estado.

3. “Mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta”.
Muy latino, y de sobra “costarricense” es sufrir el síndrome de la postergación.  Es aquello de “mañana lo hago”.  Pero la trampa es como aquel cartel que dice: “Hoy no se presta, mañana sí”.  Pero cuando llega mañana no te prestan por que “hoy no se presta…”  No debemos decir “mañana lo hago”, debemos decir el día, la fecha, y el año.  Esto para que quede bien claro que no es algún día en que lo haremos, sino tal día de la semana, del mes y del año.  Mantener la conducta con el fin de conseguir dicha meta, se dice en una palabra: perseverancia.  Aquí viene a mi mente una frase que digo mucho: “La gota de agua no perfora la piedra por su violencia, sino por su frecuencia”.

Ánimo.

SENTÍ VERGUENZA

Después de la tremenda reunión de avivamiento y milagros que tuvimos hoy en Kingdomtakers, uno de mis hijos sugirió un lugar cerca de la iglesia para ir y comer algo.  Ahí estábamos todos, Jonathan y Tere, Joel, Priscilla, mi esposa Ligia, y Abraham, que llegó unos minutos después.  No se cómo pero la reunión informal de la familia comenzó a tomar una dirección un poco curiosa.  Y fue que comenzaron ha recordar anécdotas de cuando yo les castigaba cuando hacían algo malo.

Una tras otra venían a la mente de Jonathan, Abraham y Joel anécdotas de cuándo les castigaba.  Priscilla decía que ella no tenía anécdotás porque era muy bien portada.  Algunas de las anécdotas eran como de la más pura verde esmeralda kriptonita, que irradiaba su letal energía contra mi corazón.

La forma en que contaban las anécdotas era tan vívida, tan llena de detalles, que realmente era casi imposible no recordarlas, y si no las recordaba, daba toda la impresión de ser verdad en sus últimos detalles como para dudarlo.  Y más que mi esposa Ligia asentía con la cabeza, como tratando de decirme: ¿no te acordás?  Y peor todavía cuando en algún momento decía: “Yo me iba a orar y le decía al Señor que diera paz a Guido Luis”.  Eso me confirmaba más que realmente cada detalle contado si había pasado.  Seguro no recordaba todo como una medida de defensa para no sentirme mal por haber procedido incorrectamente en aquellos momentos de “disciplina” a mis hijos.

Seguro que esa frase que he dicho algunas veces de que hay papás que cuando disciplinan a sus hijos lo que realmente hacen no es disciplinar a sus hijos, sino descargar su cólera, tenía de fondo una experiencia basada en una caso de la vida real.  Y no vayan a creer que era un papá abusador, solo que pensar en que actué en algún momento como oí a mis hijos hoy, me hacía sentir vergüenza.  No todas las anécdotas me hicieron sentir vergüenza, muchas nos causaron reírnos a carcajadas a todos.

Pero el punto es este: ¿has sentido vergüenza por haber actuado de cierta manera en tu pasado, o recientemente?  Si es así, qué bueno, señal de que has cambiado, señal de que has madurado, señal de que todavía eres sensible, señal de que lamentas tus errores, y solo estos califican para no volverlos a cometer, sobre todo cuando en tu vida das lugar a Jesús, fuente de todo poder y sabiduría.